Los excesos rocieros de Canal Sur y otros

Acabado el telediario de mediodía del domingo “rociero”, siguió una plegaria mariana con toques poéticos sobre atractivas imágenes que contemplé entre agrado estético e indignación cívica.

La verdad es que Canal Sur, la televisión pública de Andalucía, se pasa siete pueblos en cuanto a la información y la cultura que debiera ofrecer al conjunto de toda la ciudadanía. Me sirve de poco que otras cadenas públicas incurran en lo mismo o que las privadas vivan del sagrado mercado. Se espera que la información sea tal (veraz y rigurosa) y no tendenciosa, y que al igual que la cultura esté al servicio de la convivencia integradora de una sociedad plural y racional. El video-plegaria citado es un ejemplo descarado de manipulación informativa y cultural. Lo triste es que la misma pareciara la culminación de una planificada promoción mediática de cierta e interesada religiosidad.

            Sí. Digo planificada porque ya llueve sobre muy mojado y los hehos lo demuestran.Ahora, más de una semana antes, los telediarios alojan un tiempo creciente dedicado al camino de los romeros. En los últimos días el “problema” de lluvia y las obras son noticias de portada. Por si no nos habíamos enterado, gran parte de la programación se vuelve rociera: La Copla, una película, el famoseo y otros espacios no se escapan sin una cita o conexión más o menos extensa a la aldea almonteña. En tal trasiego, pudiera haber una tergiversación del concepto, o más bien de intención, al popularizar o al usar interesadamente de las distintas acepciones de pueblo o popular. Veamos.

            Está claro que se pretende hacer popular (conocida por la mayoría) la romería. Puede que a la vez se pretenda hacer popular (propia del pueblo menos instruido o de las clases sociales que menos tienen en contraposición a las más pudientes). Atendiendo a todas las posibilidades (de famosa,o apopiada para los poco instruid@s o para los pobres) la información debiera ser rigurosa para que cada cual la pudiera tomar acorde con su propia realidad y necesidades. Cabe preguntarse si la fiesta es y ha sido siempre así de campechana y sensible. Por lo que observo y conozco, creo que aquí hay un nuevo sesgo tendencioso, de desinformación clasista o de claro proselitismo.

            Se nos ofrece preferentemente la visión idílica de una sociedad que dispone de días y medios para divertirse compartiendo su respetable fervor y fe, sin rastro de las miserias de la crisis que agranda la brecha entre ricos y pobres. Parece el momento de rezar y pedir a la Blanca Paloma, como hiciera la ministra Báñez o dirigentes de otra tenedencia, para que ella resuelva los males. A la par, parece que se cuida la naturaleza con los animales que portan personas y enseres o los parajes por donde se transita. Lástima quede muy en segundo plano una realidad muy distinta de la fiesta.

            Aparte de los cuantiosos gastos (unos seis mil efectivos de policías/guardias movilizados..) que la romería ocasiona, hay que escudriñar para acceder al reguero de muerte y maltrato animal o del ambiente que queda en el camino. Sólo la esforzada denuncia del PACMA nos habla de los cinco caballos muertos hasta el sábado de los 107 fenecidos entre 2.007 y 2.014 o del suplicio infligido a caballos, burros o bueyes mientras los romeros comen o son trasladados.Ha denunciado tales abusos el responsable del Plan Romero diciendo: Se paran a comer tres o más horas y no procuran descanso al caballo librándolos de la silla. Ésta y otras observaciones llevan a pensar “los animales no tienen fe porque la tienen en las personas que mira cómo la ejercen con ellos”. Otro aspecto que denuncia la supuesta campechanía entre romeros del camino es la competencia desaforada para saltar la berja para acercarse a la Virgen. Pese a este forcejeo, tan poco edificante para cualquier persona sensible (más si es menor), dudo de la romería popular (de pueblo sencillo).

            Se trata de popularizar o hacer de clase media algo que en origen no lo era. La romería del Rocío tiene, según informes, una cuna cuna elitista. A ella acudían las clases pudientes a caballo que tenían medios e iban acompañados con su servidumbre. Todo ello lo refleja Alfonso Grosso el escritor sevillano en Con flores a María, novela sobre un hecho real en el que se explican algunos de los abusos citados arriba y otros. Uno muy concreto era el sometimiento de las mozas pobres para el placer del señorito.

            Hoy los papeles del señorito y de la criada no están nítidamente marcados, sin embargo el de pobre y rico cada día más. ¿Puede el pueblo que sufre ignorar su realidad y rezar a la par que la ministra y personas similares? Veamos bien esas romerías y el abuso e imagen que de ellas se saca.

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