Los derechos de Dios

La corrupción es el tema de los medios, las tertulias, las reuniones del momento. Corrupción referida a dinero, sólo a dinero. Me resulta un empeño raquítico, estéril, hipócrita. Porque existe una corrupción que va mucho más allá de las cuentas corrientes de Matas, Bárcenas, Bigotes o Correa.

Con ocasión del uno de abril, un cura, Julián Melero, ha profanado la eucaristía proclamando que “hemos venido a celebrar el 71 aniversario del triunfo sobre los enemigos de Dios. Como sacerdote, les invito a celebrar esta acción de gracias por la vuelta hace 71 años de los derechos de Dios a nuestra patria” Recordemos los mártires evocando 1.937 como el memento en que en “la zona nacional liberada durante la contienda se iba produciendo la derrota de los enemigos del cristianismo. Eso sí es memoria histórica de la buena”

Rouco Varela calla. Martínez Camino, excomulgador oficial, calla. La Conferencia Episcopal española calla. La Curia romana calla. Nadie condena a este corruptor mental, a este inquisidor, a este colaborador entusiasta de la matanza franquista, a este incitador necesario de una guerra civil que aplastó a media España, y sigue pisoteando a los muertos, merecidamente muertos, por la sacrosanta causa de Dios. Dios convertido en tiro de gracia para su mayor gloria, compartida con su hijo predilecto Francisco Franco.

Y esto en nombre de los “derechos de Dios” “Esto sí que es memoria histórica de la buena” ¿No es más bien aberrante corrupción? ¿No es prevaricación evangélica? Condenemos al Juez Garzón mientras respetamos a un cura que azuza los instintos matones de los vivos. ¿Cómo hay que calificar el silencio cómplice de la Jerarquía con respecto al cura Melero? Cuarenta años de connivencia hacen costumbre y su ruptura crea añoranzas. Pero no se concibe, evangélicamente hablando, una Iglesia que no condena a sacerdotes que promueven odios antifraternales, que ensalzan la muerte como herramienta de glorificación divina, mientras se condena a teólogos de liberación, se subestima a la mujer y se obsesionan fabricando infiernos para amores homosexuales. La extraordinaria placidez en que vivía Mayor Oreja con Franco no puede ser nunca el mensaje de libertad viva y creadora de Jesús de Nazaret. Franco aguanta hoy un palio de granito que la historia se encarga de hundir en el tiempo.

La afloración de corrupción de menores (por otra parte sobradamente conocida) “es una campaña contra el Papa y hay que encajarla como un “chismorreo” al que no se le debe dar otra categoría” dice el Cardenal Somalo. “El laicismo actual no es más que una forma más civilizada y refinada de la vieja persecución religiosa que alcanzó su más salvaje expresión en la España del Frente Popular, pero que se extendió por media Europa durante decenios” Lo dice GEES inspirado por Aznar-profeta-de-cristianismos-trasnochados. El islamismo y el progresismo “erosionan la imagen de la Iglesia y le arrebatan espacios públicos” Es la visión estrábica de los que confunden cristianismo y cristiandad no distinguiendo a Cristo de Constantino.
La Iglesia padece históricamente un complejo de persecución que lo resuelve mediante un complejo de superioridad. Para ella sólo existen sus mártires con un desprecio absoluto para los simplemente muertos. Sobre esos miles y miles de muertos se levantan los derechos de Dios. Lo dice el cura Melero mientras asienten los Obispos con un silencio obsceno.

FAES, GEES, Episcopado necrofágicos. La resurrección la lleva a hombros la arboleda con primaveras en la sangre.

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