Los conflictos del Valle de los Caídos

Si vas a verlo no puedes entrar. Si vas a rezar sí. O si vas a dormir, o comer a la hospedería situada tras la basílica. Está prohibida la entrada para ver el Valle, pero no para entrar en la basílica (¿?). A cambio, ahora es gratis, ya no te cobran cinco euros. Partiendo de estas premisas todo lo que rodea desde hace meses, años, al Valle de los Caídos entra dentro de lo surrealista. O de la incapacidad de los gobiernos de derechas o de izquierda que ha tenido España desde la muerte de Franco para resolver el problema que les creó el propio Francisco Franco al construir un mausoleo en una de las zonas más bellas de la Sierra de Guadarrama.

Ahora incluso algunos han entrado en el debate histórico de por qué Franco está enterrado en Cuelgamuros, el otro nombre por el que se conoce al Valle. Fue el propio Rey Juan Carlos el que decidió que el dictador reposara para siempre en ese lugar y firmó un decreto que envió al propio Abad que se llamaba Luis María de Lojendio. Mientras, otros afirman que fue Arias Navarro el que se empeñó en que el general fuera enterrado en la basílica. Lo que parece seguro es que la familia tuvo poco que opinar sobre el lugar en el que debían reposar los restos mortales de Franco.

Una página digital reproducía hace algunas semanas la carta de el Rey Juan Carlos envió al Abad y que decía: "habiéndose Dios servido llevarse para sí a su excelencia y generalísimo de los ejércitos, el Jefe de Estado, he decidido que os entreguen los restos mortales y los coloquéis en el sepulcro destinado al efecto".

En Moscú se visita la tumba de Lenin. En Pekín la de Mao. En los dos sitios se paga. Y en el Valle también se pagaba hasta la crisis del año pasado cuando Patrimonio Nacional impidió la entrada al recinto debido a los desprendimientos que se estaban produciendo.

Desprendimientos que habían comenzado mucho antes, pero que no merecieron la atención de Patrimonio Nacional que mentía sistemáticamente en todo lo relacionado con el Valle de los Caídos. Había carteles en los que se podía leer que el funicular estaba en reparación, cuando realmente está fuera de servicio desde hace muchos años.

Se da la curiosa paradoja que el año pasado mientras la Guardia Civil impedía a los ciudadanos españoles que querían entrar en la basílica oír misa, autorizaba, para el asombro de los presentes, subir a autobuses repletos de japoneses. Los católicos presentes no podían entender esas órdenes, que un mando de la Guardia Civil intentaba justificar, pero que tampoco entendía.

Otro incidente curioso se produjo hace un año cuando un grupo de expertos, por mandato de los benedictinos, estudiaba el interior de las tripas de la basílica para ver si como decía el Gobierno corría peligro de derrumbarse. Era una expedición técnica con tres ingenieros y un arquitecto. A las pocas horas de estar estudiando las estructuras aparecieron unos guardias civiles de paisano pues habían saltado los sensores de alarma que controlaban la presencia de personas en las galerías.

"¿Qué hacen ustedes aquí?", les preguntó el oficial de la Guardia Civil. El responsable del grupo le contestó: «¿El que nos tiene que explicar lo que hace aquí es usted? Está en un recinto religioso y no puede entrar a estas horas sin el permiso del Abad, algo que nosotros sí tenemos». Los agentes abandonaron las galerías.

Desde la crisis del año pasado cuando el Gobierno decidió que era peligroso entrar en el recinto se calcula que Patrimonio Nacional ha dejado de ingresar un millón de euros.

El Valle era, junto con el Palacio de Oriente y el Monasterio de El Escorial, uno de los monumentos más visitados de España. Todas las excursiones organizadas por touroperadores extranjeros incluyen el Valle de los Caídos, como las de Pekín la tumba de Mao o en Moscú la de Lenin. Y pagaban. Ahora cobran la entrada en el paquete, pero no la pagan porque Patrimonio ha dejado barra libre. Se puede pasar a rezar, pero no a mirar, pero no hay que pagar como cuando sólo se iba a ver. La crisis del Valle no comenzó cuando los técnicos y políticos se dieron cuenta de que se habían despendido, de forma peligrosa, trozos de la escultura de San Juan Evangelista. Se produjo cuando se reparó la cúpula de la basílica. Había quedado negra tras un atentado del Grapo y había tapado un mural con unas banderas falangistas y carlistas sobre un tanque. Al hacer la limpieza aparecieron los dibujos imperiales.

Se llegaron a estudiar juegos de luces para tapar las banderas. Fracasaron. Incluso una comisión de expertos del Ministerio de Cultura visitó el mosaico debido a que podía chocar con la Ley de la Memoria Histórica. La Ley dice que no se pueden exhibir en lugares públicos "los símbolos y monumentos de exaltación personal o colectiva de la sublevación militar, protagonistas de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura".

Sin embargo, el auténtico peligro está en la montaña y las esculturas que rodean la cruz. La piedra está enferma y los cambios de temperatura han provocado desprendimientos, que son necesarios reparar si no se quiere que se produzca un día una desgracia. Porque un trozo de dedo de San Juan (como el que se desprendió) pesa muchos kilos, pero una mano pesa cientos y su caída sobre la explanada podría provocar alguna tragedia.

El hijo de Juan de Avalos, autor del conjunto escultórico, presentó un programa para reparar las esculturas e incluso pagándolo de su bolsillo con un grupo de empresarios. La propuesta duerme en algún cajón de Patrimonio Nacional. Debe ser el mismo cajón que tuvo retenido durante años la rehabilitación del Hipódromo de la Zarzuela que estuvo abandonado después de que el empresario Sarasola fuera el gestor de las instalaciones.

Un cuidado especial para la montaña

Personas que conocen el complejo dicen que lo que realmente precisa un cuidado especial es la propia montaña sobre la que está la basílica. La iglesia se construyó sin una cámara intermedia por lo que las filtraciones son constantes y peligrosas para el futuro de la iglesia. Había que actuar sobre las zonas en las que se acumula el agua, pero eso también exige dinero. Sin embargo, el estudio que realizaron los técnicos por encargo de los benedictinos descarta todo peligro.

Pero el colmo de la situación llegó en una de las reuniones cuando el entonces subsecretario de Presidencia llegó a amenazar a los monjes con cerrar la iglesia «porque España ha dejado de ir a misa». Los monjes callaron, pero el grupo de laicos que les apoya montaron una misa en la carretera de Guadarrama a la que asistieron mil personas, la semana siguiente, a dos bajo cero, fueron tres mil, y el gobierno autorizó finalmente la entrada en la basílica cuando amenazaban las peregrinaciones de toda España en vísperas de un viaje del Papa a España. Tuvo que intervenir la entonces delegada del Gobierno de Madrid, Amparo Valcarce, para reconducir la situación.

Hay quienes incluso han sacado tajada de esta situación. San Lorenzo de El Escorial tiene desde hace unos meses un concejal llamado Carlos Zarco, de Agrupación Municipal Española. En realidad es un falangista que con el reclamo de que quieren sacar del Valle de los Caídos a José Antonio y a Franco logró 450 votos en las municipales y hacerse con un puesto de concejal.

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