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Los americanos pierden la fe

La afiliación religiosa en EE.UU. cae 20 puntos desde que empezó el milenio.

A Dan Barker no le hace falta ver las encuestas para constatar que más y más estadounidenses se están alejando de la religión: él mismo abandonó la Iglesia después de 19 años como pastor evangélico, dos de ellos misionero en México, para declararse finalmente ateo. “Yo era uno de esos que te paraban por la calle para hablarte de Jesucristo y la Biblia”, contó en el programa de Oprah Winfrey en 1994.

Tampoco para Ryan Burge ha sido ninguna sorpresa. Además de demógrafo en la Universidad de Eastern Illinois, es pastor metodista y cada domingo puede ver con sus propios ojos lo que está ocurriendo. En los años sesenta su iglesia tenía alrededor de 500 miembros. En los setenta eran unos 300. En los noventa, un centenar… “Ahora tenemos 12 o 15 un buen domingo”. Sus feligreses, sencillamente, se mueren sin que nadie los reemplace. “No tenemos mucha esperanza en cambiar las cosas. Asumimos quienes somos. Lo que nos pase será lo que Dios ha querido para nosotros”.

Se puede discutir la forma en que se hace las preguntas, la sinceridad de los encuestados o los conceptos que se examinan, pero la tendencia histórica es innegable: aunque están lejos de los niveles de secularización de Europa occidental, la religión tienen un papel cada vez ­menor en la vida de los estadounidenses. El fenómeno se ha acelerado de forma drástica.

Por primera vez desde que en 1937 Gallup comenzó a preguntar sobre la afiliación religiosa en EE.UU., menos de la mitad de los encuestados afirma ahora ser miembro de una iglesia, mezquita o sinagoga, de acuerdo con el último informe bianual publicado por la casa de sondeos. En aquel año, el 73% declaraba pertenecer a alguna iglesia, 26 puntos más que ahora.

ACEPTABILIDAD SOCIAL
“En los años sesenta, si eras ateo en Alabama, podías morirte sin haber conocido a otro”

El declive comenzó en los años noventa y se aceleró con fuerza con la llegada del nuevo milenio. En el 2010, solo el 61% decía ser miembro de alguna iglesia, mezquita o sinagoga. En el 2020 el porcentaje cayó al 47%, convirtiendo por primera vez en mayoría a los estadounidenses que no pertenecen a ninguna.

No es solo que cada vez acudan menos a los templos religiosos. El dato está indisolublemente ligado al aumento del porcentaje de personas que se declaran “ateas, agnósticas o sin ninguna afiliación religiosa” (conocidos en inglés como nones ) que ha pasado en 20 años del 8% al 21%, lo que les convierte en el segundo grupo religioso actualmente en EE.UU, por detrás de los cristianos. En el caso de los millennials (25-40 años) se eleva hasta el 31%, y a un 33% entre los miembros de la llamada generación Z (menores de 24 años).

Aunque la tendencia se observa con especial fuerza en los jóvenes, el relevo demográfico no justifica por sí solo la magnitud del cambio, según los investigadores de Gallup. Los expertos consultados por este diario apuntan diferentes factores para explicar qué está ocurriendo en términos religiosos en EE.UU., por ejemplo, el rechazo a la radicalización de la derecha, internet y los cambios en las costumbres sociales.

“Conforme las sociedades se hacen más prósperas y educadas, de forma natural se hacen menos religiosas y la ciencia ocupa el papel de dios. La prueba de esta teoría es Euro­pa occidental, que se secularizó rápidamente tras la Segunda Guerra Mundial. Era solo cuestión de tiempo que llegara a EE.UU.”, explica Burge, el profesor y pastor de Illinois, autor de un reciente libre sobre el auge de los nones.

BRUSCO GIRO SECULAR
La evolución hacia una sociedad más secular se ha acelerado en las últimas dos décadas

La aparición de internet y las redes sociales también han contribuido al declive de la pertenencia a instituciones religiosas, ya que hace más fácil “descartar las verdades exclusivas que defienden las religiones”, afirma por su parte Roy Speckhardt, director de la Asociación Humanista Americana. El estudio de Gallup señala los sermones como la principal razón de la gente que va a la iglesia. Pero “ahora, con las charlas TED y los seminarios on-line, ir a la iglesia es cada vez una forma menos cómoda de acceder a ese tipo de inspiración”. Y, en general, los americanos cada vez participan en menos actividades sociales.

Internet también ha hecho más aceptable decir que no se cree en Dios, observa Burge. “Ahora es más fácil encontrar gente que piensa como tú. En los años sesenta, si eras un ateo en Alabama, podías morirte sin haber conocido a ningún otro ateo en persona en tu vida. Hoy en día si vas a internet, verás que hay grupos como Ateos de Alabama , ir a sus reuniones para sentirte menos solo…”.

La polarización política es otra de las razones más citadas para explicar el alejamiento de los americanos de la religión. Diversas investigaciones académicas apuntan en este sentido. “La mejor explicación a este giro secular es el rechazo a la derecha religiosa”, sostiene David Campbell, profesor de la Universidad de Notre Dame (Indiana).

“Cuando los votantes perciben que la religión es una extensión del Partido Republicano, se alejan de esta”, afirma Campbell, coautor de un libro sobre la brecha religiosa en la política estadounidense. “Dar la vuelta a esta tendencia depende más de los políticos que de los pastores. Si los políticos y en particular los republicanos separaran la religión de la política, menos gente tendría una reacción alérgica”, opina.

CAMBIO DEMOGRÁFICO
El 31% de los ‘millennials’ de EE.UU. no tiene ninguna afiliación religiosa

“En términos religiosos, el espacio del centro se está evaporando”, señala Speckhardt. “Al tiempo que EE.UU. se hace menos religioso y más ateo, los cristianos más conservadores están exacerbando su fundamentalismo y agarrándose a prejuicios anticuados sobre la raza, el género y la sexualidad”, lamenta. Los nombramientos de jueces ultraconservadores durante la presidencia de Donald Trump harán que durante los próximos años haya “más favoritismo religioso”, precisamente cuando menos religiosos son los ciudadanos. “Esto no puede durar. En algún momento la mayoría demandará soluciones para resolver esa discordancia”.

A Burge le preocupan las consecuencias sociales a medio plazo del declive de la religión. “Si las iglesias se mueren, ¿quién va a llenar ese vacío? Porque no veo a muchas organizaciones ateas ofreciendo servicios sociales como ayudar a los pobres o visitar presos, por ejemplo. Tendrá que ser el gobierno quien asuma esas funciones, pero a la mayoría de los americanos no les gusta la idea de un gobierno grande”.

Aunque ahora hay una mentalidad más favorable a esta idea –ahí están Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez–, “es algo que pasará”, dice. Lo que no cambiará, sostiene Burge, es la idea de que los americanos son “genéricamente” religiosos, aunque sea al margen de la iglesia. “No olvidemos que el 90% de los americanos, de una manera u otra, cree en Dios”. En EE.UU., hay una identificación entre civismo y religión, una “religión cívica americana” que la guerra fría reforzó, como contraposición a los soviéticos, comunistas y ateos. Ser americano, sostiene, “es ser religioso. Lo tenemos grabado en nuestra mente”.

Dan Barker, el pastor evangelista que se convirtió en adalid del ateísmo, es ahora el copresidente de la Fundación para la Libertad de la Religión y reclama “respeto” para el creciente porcentaje de americanos que, como él, no cree en Dios (el 5% se declaran ateos) y ve con optimismo los cambios. “Espero que en unas décadas alcancemos a Europa. Me avergüenzo de mi país”.

Solo un 47% son miembros
Por primera vez, menos de la mitad de la población de EE.UU. pertenece a una iglesia

“Perdí la fe en la fe” por razones intelectuales, explica. “Fue horrible descubrir que estaba predicando algo que no era cierto. Luego vi que no lo necesitaba. Pero para muchos de nosotros, nuestra falta de religiosidad es tan preciosa como la religión para los creyentes”, afirma. Pero Barker sabe bien del éxito de la religión en EE.UU.: aún cobra royalties por la música cristiana que grabó en su anterior vida.

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