Lluvia de estrellas

En la noche del próximo 12/8 se producirá la lluvia de estrellas conocida como lágrimas de san Lorenzo. Es el momento mágico de pedir que se cumplan los deseos.

           Para los astrónomos, sin embargo, se trata de meteoros llamados ‘perseidas’ por su génesis aparente en la constelación de Perseo. Cada año por la misma fecha la órbita terrestre cruza la estela de partículas que desprende el cometa Swift Tuttle cuando éste se halla próximo al perihelio. Las ‘estrellas’ que vemos caer son fragmentos de la ‘cola’ atraídos por la gravedad terrestre que rozan con la atmósfera y se hacen incandescentes. Fin del misterio.

Pero en la antigüedad este fenómeno pudo tener tanta importancia que bien podría estar influyendo hasta nuestros días en las creencias religiosas occidentales.

La religión que practicaban en Asia Menor hacia el siglo II a. C. era el mitraísmo con base en Tarso, capital de Cilicia. San Pablo, natural de allí, con toda probabilidad conocía bien esa religión antes de hacerse cristiano, lo que hace más verosímil las tesis de este articulo.

 En el 73 a. C., Roma conquistó y se anexó la región, momento en que sus ejércitos tomaron  contacto con la religión local, la adoptaron y difundieron por los confines de lo que luego sería el Imperio Romano.

Para los creyentes, Mitra y Perseo eran una misma entidad divina que tenía entre otras facultades la de enviar almas a la Tierra para morar en el cuerpo de cada ser humano desde su concepción hasta la muerte, momento en que el alma volvía a su origen celestial. El filósofo Porfirio, que como otros neoplatónicos influyó tanto en san Agustín, narra en ‘La cueva de las ninfas’ el viaje de las almas a la Tierra, lo que denomina ‘génesis’ y a Perseo ‘Señor del génesis’.

Por ese relato uno puede imaginarse la admiración que sentirían los fieles de Mitra al ver la confirmación del mito del alma cuando observaban la lluvia de estrellas procedente de Perseo. ¡Qué otra cosa podía ser sino la llegada de nuevas almas inmortales, brillantes, puras y perfectas, para morar en los niños recién engendrados!

Los fieles de Mitra, además de creer en el alma, observaban otros dogmas y liturgias como la muerte y resurrección de dios, el bautismo con agua, comulgaban con pan y vino y celebraban la Natividad el 25 de diciembre.

Tanta similitud con el cristianismo que aparece siglos más tarde no es casual. La mayoría de las religiones contienen préstamos doctrinales o rituales de otras creencias, es lo que llamamos sincretismo. El cristianismo, consideradosucesor del paganismo por el propio san Pablo, es fuertemente sincrético. A mayor abundamiento baste con visitar el museo de Cádiz para contemplar figuras de la ‘virgen con el niño’ talladas siglos antes de Cristo. La veneración de la virgen es una incorporación tardía, procede de Alejandría, el último reducto de la antigua religión egipcia que rendía culto a la sagrada familia de Isis, ´la reina de los cielos’, a su hijo Horus y al padre putativo de éste, Osiris, torturado, muerto y resucitado.

Creer hoy en la antigua dualidad cuerpo/alma es un derecho constitucional como lo es no creer en ese mito ni en ningún dogma religioso, ni verse condicionado por ellos. Pero la línea divisoria se hace difusa debido a que hay políticos que ocultan el origen religioso de sus acciones públicas, presentándolas como si fuesen principios éticos universales para imponerlos a toda la sociedad. Un caso actual es la prohibición de producir e investigar con embriones humanos fertilizados in vitro con el fin de obtener células totipotenciales destinadas a curar una amplia gama de enfermedades graves como alzheimer, infarto de miocardio, etc.

Quienes se oponen a estas  investigaciones, argumentan que un embrión es un ser humano con todo su  potencial, acreedor de un trato digno, no susceptible de experimentación.

Cuando la experiencia y todos los sentidos nos dicen que un huevo no es una gallina, de pura lógica es admitir que un embrión no es un ser humano… a menos que creamos que posee alguna cualidad sobrenatural.

Esta es la clave de la cuestión: creer que en el momento de la fecundación el embrión recibe un ente espiritual que le confiere carácter humano. Es la creencia que mueve a dirigentes políticos y religiosos a oponerse a estas investigaciones, sólo que lo hacen ocultando maliciosamente el elemento doctrinal. De esta forma eluden el mandato de laicidad constitucional que de aplicarse invalidaría el efecto público de sus decisiones basadas en la fe.

    Para desenmascarar el carácter religioso de sus argumentos bastaría que contesten en público una simple pregunta ¿cree usted que el embrión tiene alma? …Silencio.

La lluvia de meteoros de las perseidas del próximo 12/8 no influirá en que se cumplan los deseos de nadie pero será una buena ocasión para recordar cómo las creencias irracionales crean falsas ilusiones y llegan incluso a coartar el progreso científico.

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