Libre expresión

LOS partidos islamistas, las masas de creyentes fanáticos y lo que Bush ha llamado las "élites de clérigos" han amenazado al mundo occidental con represalias por publicar la famosa caricatura de Mahoma. Algunos periódicos europeos han respondido a las intimidaciones reproduciendo las caricaturas como demostración explícita de su firme defensa de la libertad de expresión (orgullo del Primer Mundo frente a todos los demás), una libertad que, en el plano religioso, nos ha costado a nosotros cientos de años de lucha contra la teocracia católica y de soportar anatemas, excomuniones y palinodias. Estoy de acuerdo. La de expresión es una de las libertades fundamentales, quizá la principal porque, cuando falta, pone en evidencia la falsedad de las otras.

Podemos sentirnos orgullosos e incluso mirar con desdén a esos fundamentalistas que han enarbolado pancartas con la expresiva leyenda de "libertad de expresión al infierno". El nuestro es un mundo fundamentado justo en lo contrario, en la posibilidad decir lo que se quiera y de quien queramos, por altos que sean sus poderes, los divinos incluidos. Otra cosa, claro, es cómo se use, la oportunidad y las consecuencias. Yo estoy dispuesto a cualquier sacrificio para defender tal conquista. Ahora bien, una cosa es la libertad de expresión y otra la concreta libertad de caricaturizar a Mahoma en estos momentos, en un mundo dividido en categorías donde los imperios se han atribuido el derecho a intervenir para enmendar lo que no les place en otras naciones.

Por cierto, ¿y la nuestra? ¿Cómo administramos nuestra libertad de expresión al margen de los grandes debates? En términos generales bien, aunque siempre surge algún pequeño 'savonarola' que reclama un recorte. Mientras escribo este artículo me llegan algunos ecos de esas menudas intransigencias: una asociación ultraderechista ha pedido la retirada de una obra de teatro del cómico Leo Bassi y, ya entre nosotros, un individuo ha iniciado una colecta de firmas para retirar unas esculturas gigantescas de desnudos del entorno de la basílica de la Virgen de las Angustias. El pene y la devoción son conceptos asimétricos.

Cuesta más trabajo digerir la postura de la Asociación de Mujeres Periodistas de Granada, que ha exigido a la dirección de TVE la retirada de una comedieta intrascendente que caricaturiza (otra vez la caricatura, la representación exagerada de ciertos rasgos distintivos) a los periodistas y, en concreto, a las mujeres que ejercen esta profesión. ¿En qué defecto incurre la serie? En el del machismo. Los informadores no somos una excepción a las consecuencias de transgredir las normas de comportamiento socialmente correcto. Pero aquí la contradicción se nota más. Unas personas cuya profesión consiste en el uso de la libertad de expresión reclaman la retirada de un legítimo producto de ese mismo derecho. Si la reputación del gremio está degradada no es por una comedia. Hay colegas voluntariosos, cuyo nombre no es necesario recordar, que la deshonran a diario desde sus púlpitos poderosos.

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