Libertad de culto

Cataluña acaba de aprobar una ley pionera en España y en Europa. Se trata de una Ley de Centros de Culto, que garantizará el ejercicio real y efectivo del derecho a la libertad de culto. Esta ley es fruto del desarrollo del principio de libertad de conciencia que ampara, a su vez, la libertad religiosa y de culto.

Se trata, pues, de una regulación que ha sido posible gracias al laicismo, y que ha contado con el apoyo de todos los grupos políticos con excepción, como no, del Partido Popular. Con esta ley, Cataluña da una lección de modernidad, avance, y de respeto a las libertades personales y a la igualdad.

Una vez más, el PP se manifestó contra los principios laicos, que son los que fomentan el “respeto a todas las opciones religiosas y de pensamiento, así como a sus valores, como principio integrados y marco común de convivencia”. Así, el PP criticó esta ley por innecesaria y porque el término laicidad va “contra la libertad religiosa”, ignorando que es precisamente la laicidad lo que garantiza el pluralismo y la diversidad de creencias.

Esta ley viene a regular los requisitos que deben cumplir los centros de culto en Cataluña. Se trata de una regulación que no afectará, obviamente, a los centros que ya están incluidos en el Patrimonio Cultural de Cataluña. Eso sí, aquellos centros de culto o reunión con fines religiosos que ya estén funcionando tendrán un plazo para comunicar si cumplen con los requisitos que marca la nueva normativa. Y es que, a partir de ahora, los Centros de Culto deberán reunir unas condiciones tanto técnicas como materiales mínimas: seguridad, accesos, aforo, evacuación, sanitarias, medioambientales… y todas estas condiciones se recogerán en un reglamento que estará terminado en el plazo de un año. Con esta nueva ley se da respuesta, además, a la cada día más diversa realidad religiosa en Cataluña, y se pretende con ella garantizar la aplicación efectiva del derecho de las distintas iglesias, comunidades y confesiones religiosas a establecer centros para el ejercicio de su culto.

En fin, parece que el PP no asume aún que vivimos en un Estado aconfesional, donde el laicismo como movimiento y la laicidad como resultado y como principio constitucional, es fundamento de la libertad de conciencia, pensamiento y creencia de cada cual.

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