Legislación sin la Iglesia

El proyecto que busca acabar con las causales de despenalización del aborto determinadas por la Corte Constitucional en 2006 y con algunos métodos anticonceptivos, muestra el atraso conceptual del Partido Conservador y cómo el movimiento político se está prestando para ser vocero de posiciones de la Iglesia Católica que no tienen vigencia ni actualidad.

Los planteamientos jurídicos, sociales y científicos que muestra el proyecto de Acto Legislativo 06 de 2011 no corresponden a la realidad, y manifiestan una doble moral del entendimiento del partido azul, y de la Iglesia, en donde, de manera machista, un sector de congresistas quiere decidir y actuar sobre temas que afectan eminentemente a la mujer.

Las pruebas que han presentado los voceros del proyecto, son intentos ruines de manipulación de la evidencia científica. Y lo preocupante es que hasta ahora no se han presentado protestas por parte de los afectados, como los jóvenes, los libre pensantes, los laicos, los progresistas jurídicos, los que apoyan el control natal, pero sobre todo las mujeres.

Si no se producen manifestaciones y representaciones en contra de este proyecto, es porque la sociedad no se ha convencido completamente de la separación que hay entre Iglesia y Estado.

Y entender eso es un imperativo.

La Iglesia Católica a la fe, y los congresistas a la legislación para hacer de Colombia un país más moderno y progresista. Mezclar eso solo produce atraso y exclusión. Esta iniciativa quiere imponer a la totalidad de los colombianos un aspecto de la moral católica a través de una reforma constitucional, que solo siguen unos pocos.

Detener esta iniciativa requiere de la decisión de los que creen en el futuro del país, y no en los que ven una nostalgia de las leyes del pasado.

Hasta ahora la discusión ha estado mal argumentada ya que la fe y la moral católicas no pueden hacer parte de las líneas de discusión. Por eso la sociedad, sobre todo las mujeres, deberían mostrar su rechazo al Partido Conservador por pretender criminalizar de nuevo el aborto, querer penalizar métodos de control de la natalidad y trabajar por prohibir el libre expendio de anticonceptivos.

El mejor escenario para mostrar ese rechazo es en las elecciones próximas. Un partido político, en definición, aglomera una forma de pensamiento y visión de la sociedad. Si esto es así, ningún conservador debería ser digno de dirigir los rumbos de la sociedad, por mostrar una visión de retroceso frente a los derechos de las mujeres, y querer mezclar de nuevo la Iglesia y el Estado.

Aquellos candidatos del partido azul que no secunden este proyecto legislativo o esta forma de pensamiento, deberían declararlo públicamente, ya que, de lo contrario, su silencio otorgará.

Es contradictorio tener que recordar esto a algunos legisladores pero la Constitución estableció que somos un Estado laico. Por eso esto no se puede seguir argumentando, y menos en el Congreso, con los lineamientos y la moral de la Iglesia.

Las religiones están en su derecho de aleccionar moralmente a sus fieles. Pero solo a sus fieles. El Estado es aconfesional, por lo tanto este tema debe estar estudiado, únicamente, desde la perspectiva jurídica y no moral.

Colombia es un país pluralista, y por tanto extraña que las juventudes no se estén manifestando, como los universitarios han hecho en Chile, guiando el destino, exigiendo esa pluralidad y mostrando cuáles son las necesidades de las mujeres y las juventudes frente al Congreso del país.

El aborto no es sólo un tema del aspecto íntimo de las mujeres. Es un aspecto de salud pública que afecta la libertad individual de todos y al derecho de decidir sobre la maternidad y la natalidad. Por eso los jóvenes se deben hacer sentir en esto, ya que la aprobación de ese proyecto obligaría a los colombianos a construir sus proyectos de vida de acuerdo a la fe católica, a pesar de que no todos la profesan.

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