Laicismo militante

El pasado 5 de septiembre IDEAL publicó un artículo de José M. Castillo, titulado “Iglesias militantes y laicismo militante”, que comienza aludiendo a un “alegato desenfadado contra la beatificación de Fray Leopoldo en la Base Celestial de Armilla”, del que soy autor.

Castillo, que aprecia mi pertenencia (“militancia”) a Europa Laica, opina que “esa gente no se limita a defender la separación efectiva Iglesia-Estado. Además de eso, ataca y ridiculiza sin piedad todo cuanto son creencias y tradiciones religiosas”.

Invito a los lectores de Ideal a visitar la página de Europa Laica, www.laicismo.org, para leer mi artículo y comprobar si lo que dice Castillo se ajusta a la realidad. Podrán ver que Europa Laica defiende el laicismo, que en absoluto es antirreligiosidad: esta es la caricatura interesada que proclaman quienes pretenden seguir contando con prerrogativas del Estado. El laicismo es defensa de la libertad de conciencia de todas las personas –sean católicas, ateas o de libre configuración-, una defensa que exige del Estado neutralidad con todas las convicciones y creencias, sean religiosas o no. Demandar el fin de los formidables privilegios económicos y educativos que el Estado concede a las iglesias, que las autoridades públicas no participen como tales en ceremonias religiosas o maoístas… todo esto es laicismo, y por ahí va buena parte de mi crítica al acto de beatificación de Fray Leopoldo. Confieso que Europa Laica no defiende la “laicidad” que Castillo preconiza, al parecer, para el conjunto de la sociedad: “la religiosidad vivida como la vivió Jesús”. ¡Estamos buenos si lo que se quiere es obligarnos a todos a esto! Es muy alarmante que este mensaje de tono integrista venga de uno de los teólogos más progres de España.

Yo, además de laicista, soy, entre otras cosas, ateo (pero, por supuesto, otros laicistas son creyentes religiosos), y califico –¡ya no como laicista!- el acto de beatificación de Fray Leopoldo de “festival de la superstición…”. Permítaseme, en un Estado democrático (y, por tanto, laico), expresar mi opinión argumentada, que está lejos de ser un insulto gratuito.

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Iglesias militantes y laicismo militante

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