La violación de la Mezquita de Córdoba por la iglesia católica

La Mezquita de Córdoba (me vais a perdonar, pero me niego a llamarla catedral) fue de titularidad pública hasta hace 12 años, cuando en la famosa campaña de apropiación de bienes terrenales por parte de la Santa Iglesia Católica, ésta cambió la propiedad a su favor. Desde entonces ya es esa cosa híbrida convertida en espléndida fuente de beneficios.

Es conveniente recordar que el obispo de Córdoba celebró el «espectacular» vuelco electoral en Andalucía en favor de PP, Ciudadanos y VOX, explicándolo desde el argumento de que: «No se puede atacar a la libertad religiosa». Y sentenció que: «Andalucía se sitúa como pionera de un cambio social que esperamos en la sociedad española».

Entiéndase libertad religiosa como el arzobispado lo entiende: yo hago lo me sale en gana, los demás lo que puedan.

El mismo obispo que ha declarado que no quiere mezquita, sino sólo “catedral”, pidiendo que se suprima el nombre de «mezquita» al popular templo cordobés para que pase a ser sólo el que se supone que le corresponde por gracia divina.

Mientras, expertos piden que se impugne la propiedad ante el Tribunal Constitucional, que se anule la inmatriculación de la Mezquita. Pero el gobierno que es pero no está, que está pero que no se le espera, que dice ser y es todo lo contrario, etc., no hace nada porque, claro, con la Iglesia hemos topado.

Todo este preámbulo para contar mi indignación como persona laica que vive en un estado aconfesional y que exige un respeto a la historia y a las demás confesiones del Estado.

Acabo de pasar por Córdoba y mi intención era volver a disfrutar de la Mezquita. Se me quitaron las ganas cuando me arrebaté como aquel Jesús rebelde que destrozó los puestos mercaderes en la puerta del templo, ante los precios y las colas, el fastuoso negocio.

¡Y menos mal que no entré!
Es cierto que en la página oficial ya lo advertían: “La Mezquita-Catedral acoge hasta el domingo 22 de septiembre la exposición «Por tu cruz redimiste al mundo». El Cabildo Catedral comunica que la visita turística sufrirá modificaciones tanto en sus recorridos como en los horarios preestablecidos”.

A la noche, gozando del jolgorio en el Patio de los Naranjos, pude hacer la foto que acompaña este relato. Y me volví a indignar con esa iglesia católica irrespetuosa, comerciante, beligerante, falsificadora, fanática…

Se ha llenado la Mezquita de pasos de Semana Santa. La muestra, organizada por este obispo modelo, incluye 43 pasos procesionales de gran porte y ocupa la práctica totalidad del extraordinario bosque de columnas característico del oratorio omeya, lo que dificulta enormemente la contemplación del espacio y “desvirtúa su narrativa histórica”.

Esta singular exposición es, sencillamente, una nueva canallada miserable. Una falta de respeto imperdonable al culto musulmán y al arte y la cultura omeya. Una muestra más del orgullo combatiente de la Santa Madre Iglesia, que sigue acompañándose de la espada de fuego y que se sirve de poner palios a los gobernantes que la protegen. Afortunadamente no entré y así sigo conservando la bellísima imagen que guardo de aquella Mezquita maravillosa, cuyas perspectivas se han cargado para hacer una demostración de fuerza santa.

La Plataforma Mezquita Catedral, Patrimonio de Todxs ha sido la única en levantar la voz (por lo que yo sé) frente a este atentado, denunciando que el Cabildo catedralicio no ha hecho sino intensificar la organización de muestras y exposiciones de iconografía católica, en “clara vulneración de los principios y valores reconocidos por la Unesco y en perjuicio de los millones de turistas”, que viajan a Córdoba cada año para conocer la joya andalusí. Y eso desde que la Plataforma, con el respaldo de 400.000 firmas, denunciara en 2014 la inmatriculación del monumento por el obispo, sin aportar documentos de propiedad. Y cuando La Mezquita de Córdoba fue incluida por la Unesco en 1984 en el listado de monumentos del Patrimonio Mundial como “testimonio irreemplazable de la civilización del Califato de Córdoba” y “uno de los mejores ejemplares de la arquitectura del islam”.

La Plataforma Mezquita Catedral critica la “desnaturalización” del monumento andalusí impulsada por el Cabildo, como, por ejemplo, la colocación de una escultura de San Juan de Ávila y un facistol junto al Mihrab de Abderramán III, el elemento central del oratorio islámico; la construcción de un baño en la Quibla; la ubicación de carteles publicitarios en los muros milenarios de la Mezquita… Inaudito.

“Es estéril abrir una nueva polémica. La mezquita-catedral está funcionando desde el punto de vista turístico y social y hasta ahora no habido ningún tipo de problema. Una vez más, por motivos ideológicos, se quiere crear un problema donde no lo había”. Con estas palabras defendía el presidente del PP de Andalucía, Juanma Moreno, el status quo que permite que la Iglesia -el Obispado de Córdoba- gestione el templo, monumento nacional y patrimonio de la humanidad, como su Dios le da a entender.

¿Qué tiene que pasar para que se respete la Constitución en el punto de la fe y se trate a la Iglesia Católica como una más? ¿Qué tiene que pasar para parar los pies a ese poder fáctico tan y tan poderoso, despojándola de los privilegios que mantiene?

Víctor Claudín

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