La vida después de la muerte y las religiones, explicadas por la economía de mercado

¿Y si las religiones ofreciesen una serie de productos y la salvación eterna del alma fuese su servicio estrella? Ese es el polémico punto de partida de un nuevo libro

Las simonías, el alivio de la penitencia a través del pago de dinero, es para el autor “la mejor idea de negocio entre los siglos XIII y XV”

Las organizaciones que ofertan religión no han sabido adaptarse a lo que la gente quiere, por lo que hay una demanda latente insatisfecha

El ‘Financial Times’ ha definido el libro como «un argumento liberal muy robusto para apoyar la libertad religiosa»

Según la teoría del libre mercado, las leyes de la oferta y la demanda establecen el precio de los bienes y servicios a través de la relación entre vendedor y consumidor. Para su correcto funcionamiento, aseguraba Adam Smith, hace falta que exista una completa libre competencia y que en las transacciones no haya coerción ni fraude. Desde esta perspectiva se han analizado multitud de fenómenos culturales de nuestra era. No únicamente aquellos que se pueden comprar y vender, sino también otros servicios que participan en la actividad económica de las sociedades. ¿Por qué no también la religión, como propone el profesor de historia de las religiones de la Universidad de Oslo Torkel Brekke en su último libro, “Faithonomics: Religion and the Free Market” (C. Hurst & Co Publishers)?

“La religión debería ser analizada como un mercado semejante al de otros bienes y servicios, como el agua embotellada o los cortes de pelo” es la provocadora premisa de la que parte el libro. Como explica el periodista Matthew Reisz en ‘Times Higher Education‘, un monasterio cisterciense no es tan diferente de una franquicia de McDonald’s. La única diferencia, explica, son los productos que ofrecen. Unos, hamburguesas. Los otros, la vida después de la muerte. La tesis de Brekke es que no hay tanta diferencia entre unas cosas y otras, al menos en lo que compete a su estudio como objetos económicos.

A lo largo de su historia, las diferentes religiones –el noruego aborda desde el cristianismo hasta el hinduismo, pasando por el islam, el budismo o las iglesias del norte de Europa– han adoptado estrategias empresariales brillantes. Por ejemplo, la doctrina de la indulgencia surgida durante la Edad Media. Al principio, en el siglo VIII, los obispos tenían la potestad de reducir la duración o gravedad de los pecados a cambio de acciones de penitencia. Más tarde, a través de la simonías, estos actos de sacrificio podrían ser sustituidos por dinero contante y sonante. Esta es, en opinión del autor, “la mejor idea de negocio en el mundo occidental entre el siglo XIII y el XV”.

¡Ha llegado el salvador a su barrio!

Lo explica el propio Brekke en la introducción del libro: “Hay mercados para las ideas religiosas, para sus bienes y servicios y por eso podemos entender organizaciones como la iglesia de tu barrio o una mezquita, comodispensadores de religión”. Así visto, la salvación de tu alma sería tan solo uno más de los productos ofertados que podría funcionar como un seguro de vida. “Si has sido muy malo pero tienes unos ingresos muy altos, podemos decir que ofrecemos la salvación a cambio de 10.000 dólares”, explica Brekke. “Pero si eres un profesor con ingresos modestos, como yo, y te has comportado de manera impecable, el precio es más razonable”.

Para ello, las diferentes iglesias establecen franquiciados que se adaptan a las necesidades de cada mercado local. Es lo que ocurrió con la expansión de las grandes religiones monoteístas durante la Edad Media. Aunque la sede central del cristianismo se encontraba en Roma, las diferentes órdenes religiosas –agustinianos, cistercienses, benedictinos– presentaban un panorama de pequeña competencia por hacerse con el control del mercado de la salvación de almas a través de un constante movimiento y evangelización. Es como si “los cuarteles centrales de McDonald’s decidiesen que sus tiendas no venden lo suficiente y se planteasen crear caravanas manejadas por personal altamente cualificado y comprometido que circulase a voluntad por todo el mundo”. Los monjes, los primeros ‘food trucks’.

Obviamente, el mercado de la religión nunca puede ser exactamente igual que el de las hamburguesas. Como recuerda la reseña del libro publicada en ‘The Humanist‘, la religión es un producto mucho más complejo. Es muy probable que alguien decida cambiar su línea telefónica de Vodafone a Orange aunque ofrezcan servicios similares, pero mucho menos probable que pasen de ser cristianos a musulmanes de la noche a la mañana. Básicamente, porque la frontera entre lo cultural y lo religioso es confusa. Las religiones no son bienes sustitutivos, como la mantequilla y la margarina, por lo que los cambios en la oferta y demanda de uno de ellos no incide de manera simétrica en la del otro.

Liberal y antimonopolista

Al final, “Faithonomics” es un elogio de la libertad de mercado y un ataque a los monopolios religiosos mantenidos por el estado. Es lo que ocurre, explica, con las iglesias escandinavas (aunque podría decirse lo mismo de la Iglesia católica en España), más monolíticas que otros mercados como el alemán que ofertan fe católica y protestante a partes casi iguales. En su opinión, el declive de la religión en Occidente está íntimamente relacionado con esta “mala oferta” religiosa. Si el de la vida después de la muerte es un mercado, “las organizaciones que ofertan religión no han sabido adaptarse a lo que la gente quiere, por lo que hay una demanda latente que no está siendo satisfecha por la oferta existente”.

¿Es el auge del ateísmo y el agnosticismo, y el declive de las religiones monoteístas en las sociedad occidentales, una simple consecuencia de esta falta de oferta? Debido a que la perspectiva de Brekke es exclusivamente económica, eso sugiere. El autor ataca directamente a muchos estados por la relación que mantienen con la religión, apoyando algunas en concreto y despreciando otras, lo que provoca actitudes negativas, como en el caso de los musulmanes. Como ocurría con cualquier sistema que buscase el libre mercado, la intervención estatal termina corrompiendo el juego y dando lugar a una peor oferta religiosa.

No solo eso, sino que probablemente un mayor grado de libertad religiosa –y, por lo tanto, de oferta– suele detener el desarrollo del terrorismo. “Creo que un mercado religioso más libre da lugar a un menor descontento y da menos razones para que la gente se oponga al estado”, explica el autor. Otra sustancial diferencia con el libre mercado de las hamburguesas: es posible que una mayor competencia favorezca la calidad de los productos y beneficie al bolsillo de comprador, pero es poco probable que un monopolio conduzca a un descontento social tal que se traduzca en acciones terroristas

La solución que propone Brekke es, por lo tanto, crear un gran y justo mercado global en el que la competencia sea la misma para todas las religiones. Al fin y al cabo, el ‘Financial Times‘ ha definido el libro como “un argumento liberal muy robusto para apoyar la libertad religiosa”. Una propuesta que él mismo reconoce que quizá sea “radical y poco realista”, aunque advierte contra las tendencias de algunas confesiones religiosas (concretamente, del protestantismo estadounidense) a considerarse como la única verdad y, por lo tanto, a buscar la evangelización del infiel por todos los medios. Una competencia muy desleal, añadimos nosotros.

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