La teoría del caos. Del Estado «light» al Estado laico

Laicismo descafeinado y catolicismo escondido de los políticos mexicanos son síntomas de vergüenzas no superadas

¿Es necesario que el Papa Benedicto XVI hable de política para hacer política…? Definitivamente, no.

En la misa del domingo tendrá a los tres candidatos más destacados: El de izquierda, centro y derecha, a pesar del absurdo de negar, hasta el momento, la aprobación del artículo 24 constitucional, sobre libertad religiosa.

Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, en ese orden, representan las bancadas más nutridas de las dos cámaras, que, en una actitud llena de prejuicios, decidieron trasladar la votación de las reformas después de la partida del jefe del Estado vaticano.

Frente al altar construido para la misa de Benedicto XVI, los aspirantes presidenciales, católicos todos, impulsaron la inscripción de la palabra “laico” en la definición de República Mexicana, como si esta vacunara contra cualquier influencia del clero en la vida política mexicana.

“El Papa puede hablar de política y otros temas”, afirmó el cardenal Norberto Rivera Carrera, el líder religioso más importante del país, en una de sus recientes homilías dominicales en la Catedral de la Ciudad de México, sin embargo, para conservar las formas, el nuncio apostólico Christophe Pierre aseguró que no hablará de política en su viaje a México.

Pero Joseph Ratzinger no necesita hablar de política para hacer política, ni los candidatos hablar de religión para jurar en público su fe, confirmada en la misa en el Parque Bicentenario, a los pies del monumento a Cristo Rey.

El laicismo descafeinado y el catolicismo escondido de los políticos mexicanos son síntomas de vergüenzas no superadas. En el sexenio de José López Portillo se llegó al paroxismo de la hipocresía y secrecía ridícula, un estilo priísta en la vida pública que niega la vida privada. En 1979, el Presidente de la República dejó, en el hangar presidencial, al Papa con sus feligreses -así lo dijo, con esa filosofía de galleta china que admiran sus compañeros de partido-, para posteriormente arreglar una misa privada, oficiada por Juan Pablo II, a la que asistió un selecto grupo de familiares y amigos.

Benedicto XVI no viene solo; lo acompaña su secretario de Estado, Tarcisio Bertone, operador político que atenderá pendientes muy importantes, entre los que destacan las reformas al artículo 24 constitucional y la detención, en San Luis Potosí, del anciano sacerdote salesiano -igual que Bertone- José Carlos Contreras Rodríguez, acusado por el gobierno de Fernando Toranzo del asesinato de la joven Itzashell Shantall González López, de 16 años, en un proceso plagado de irregularidades y pruebas falsas, donde el secretario general de Gobierno, Cándido Ochoa, fungió, primero, como defensor del sacerdote y, posteriormente, como verdugo.

El 26 de marzo, Ratzinger partirá a Cuba, un Estado que no soportó el ateísmo y terminó en un laicismo con más libertades religiosas que México, que en estos momentos se flagela entre confusiones y contradicciones propias de un Estado laico “light”.

Benedicto XVI no viene solo; lo acompaña su secretario de Estado, Tarcisio Bertone, operador político que atenderá pendientes muy importantes

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