La servidumbre voluntaria de la universidad de Granada

Avanzado el siglo XVI, Montaigne publicó el texto de su amigo Étienne de la Boétie “Discurso de la servidumbre voluntaria”. Mantenía el autor la tesis de que para ser libres lo más necesario es un acto de voluntad, querer serlo.

Los hechos acaecidos esta semana en Granada que han conducido a la clausura de una exposición fotográfica del artista jienense Fernando Bayona titulada “Circus Christi, la pasión según Bayona,” son considerados por paralelo 36 como muy graves. El equipo directivo de la Universidad de Granada, más concretamente su Vicerrectorado de Extensión Cultural, con el Rector al frente, ha decidido convertir a la antigua institución académica en sierva voluntaria. Incluso durante épocas represivas la universidad se caracterizó por admitir en su seno el pensamiento crítico y la libertad artística.

La muestra ya había sido expuesta en la ciudad en alguna otra ocasión, ha recibido diversos premios, y su calidad es avalada por importantes artistas gráficos. Aunque para lo que nos ocupa, esto es lo de menos.

Los hechos son como siguen: En el barrio de Realejo la UGR es titular de un edificio con la tipología de casa patio al que se le llama “Corrala de Santiago.” En la Corrala se celebraba una exposición gráfica de un artista. Las catorce fotografías expuestas hacen una interpretación personal de la pasión. Gays, lesbianas y prostitutas son elementos visuales en las mismas, como muchos otros.

Voces discordantes aluden a que dañan los sentimientos religiosos de los Católicos. Parece demostrado, pues el autor tiene ahora protección policial, que han existido amenazas hacia el artista y hacia su obra. Una persona que dice ser la presidenta de la asociación de vecinos abandera la causa para que la exposición se cierre, los medios de comunicación amplifican la protesta, surgen acusaciones de blasfemia.

La universidad decide cerrar la exposición con un escueto comunicado en el que afirma que no puede garantizar la seguridad de la muestra, que el cierre se produce con el acuerdo del artista, que no ha sufragado ni subvencionado la exposición, y pide disculpas a la comunidad católica por haber podido herir sus sentimientos religiosos.

Lo que debía haber hecho el equipo directivo de la Universidad de Granada es poner los hechos en conocimiento de la policía y la justicia. La blasfemia no está tipificada en el código penal, las amenazas y las coacciones sí. Nunca abandonar al autor a su suerte,  y defender con contundencia la libertad de expresión y la libertad de expresión artística. Pero no, la UGR con el Rector Francisco Lodeiro al frente, se quita de en medio, en una acción aparentemente cómoda para sus directivos. Ocurre que por sus obras los conoceréis. Ante un acto de coacciones y amenazas, ante un acoso a principios constitucionales de altísimo rango, la universidad se pliega y actúa de censora encubierta prestando su brazo para ejecutar la libertad de expresión. Ojo, que mañana puede ocurrirle a cualquiera.

Apelar a sensibilidad herida, cuando nadie obliga a nadie a ver la exposición, apelar a la blasfemia, que es pecado pero no delito, apelar al derecho al honor, interpretando que este es un derecho colectivo de la comunidad católica, carece de relevancia social y procesal, máxime cuando está en juego un principio fundamental como el de la libertad de expresión y el derecho a la integridad física de las personas y los bienes.

Paralelo 36 podría decir más cosas, en Granada se incumple la Ley para la retirada de los símbolos franquistas, en Granada hechos parecidos a estos han conseguido que las instituciones retiren la subvención al salón del cómic, en Granada se demonizó a “Demonis” hace ya bastante tiempo. En Granada en el año 2007, en el marco del Festival Internacional de Música y Danza se abucheó a Maurice Bejart y se le gritó desde las gradas “Maricón.” Paralelo 36 se pregunta si son esas actitudes las que la Universidad de Granada ha decidido representar convirtiendo a la sociedad en esclava de la intolerancia y erigiéndose la institución académica en sierva voluntaria.

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