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La secta de Iker

El presentador que más años lleva en los medios del sistema está obsesionado por mostrarse como un outsider que habla de lo que nadie quiere hablar, aunque nunca jamás tocará un tema que ponga en cuestión al poder económico.

Los escritores Giacometti y Ravenne hicieron carrera literaria con novelas que abordaban el esoterismo en el nazismo. Acertaron en comprender cómo se conformaba un pensamiento reaccionario como el de Adolf Hitler basado en tres pilares fundamentales: el nacionalismo, la megalomanía y la parapsicología o el pensamiento mágico. La mente enferma del genocida recreó un pensamiento propio construido de forma irracional a través de préstamos interesados del völkisch alemán que podían servirle, salpicándolo con complejos racistas y antisemitas de la época y adornándolo con irracionalidad mística. Una mezcla tóxica pero tremendamente efectiva porque no necesitaba coherencia, solo apelaba a la emoción. Una poción que ha sido repetida a lo largo de la historia para diversos manejos, desde la política a la economía pasando por la comunicación.

Iker Jiménez no es Adolf Hitler ni se le parece. Ni un poquito. Es necesario precisarlo para que el abogado del vitoriano no se venga arriba, pero su ideología se construye con los mismos elementos y de la misma manera. El pastiche ideológico de esoterismo, antiprogresismo, desprecio al multiculturalismo y liberalismo económico que marca la línea editorial de su programa cuando no busca fantasmas es el caldo de cultivo ideal para el crecimiento de un populismo de derecha radical que el presentador no tiene problemas en liderar como gurú mediático con tal de incrementar su –ya de cuna– acaudalado patrimonio.

Han pasado varios meses desde que escribí el artículo sobre las conspiraciones y la extrema derecha que perturbó el aura de Iker Jiménez hasta el punto de demandarme y quitar la querella en solo un mes, en una estrategia de pareidolia ofendidita de apolítico que ya nadie compra. En este tiempo el presentador ya va a calzón quitado y ha desatado todos los complejos que podía tener en el más allá. En su programa ha vuelto a hablar del Plan Kalergi dando pábulo a conspiraciones antisemitas y llevando a su plató a conferenciantes de Hogar Social Madrid. En este tiempo de pandemia, el presentador que más años lleva en los medios del sistema está obsesionado por mostrarse como un outsider que habla de lo que nadie quiere hablar, aunque nunca jamás el paladín de los incomprendidos tocará un tema que ponga en cuestión al poder económico y que le ha fraguado su posición en dos gigantes de la comunicación como Prisa y Mediaset.

Los cazafantasmas ahora han visto un nicho de oportunidad en la polémica fiscal andorrana y han querido trincar atención siendo útiles a los jefes que les pagan. En eso son unos verdaderos profesionales, identifican oportunidades en la opinión pública para transmitir sus propias ideas simulando que lo hacen otros a los que ceden su tribuna. El nuevo mantra que tocaba transmitir es la ingente presión fiscal que sufren millonarios como Iker Jiménez y Carmen Porter, y sus jefes, intentando hacer ver que el problema lo sufren otros, en este caso los youtubers perseguidos. Si el matrimonio toca el tema es porque a Carmen Porter el Tribunal Supremo le hizo pagar 43.000 euros de multa porque intentó tributar a través de una sociedad lo que tenía que tributar como persona física queriendo eludir impuestos, pasando del 53% preceptivo al 30% con el que intentó que colara.

No son solo unos oportunistas sin escrúpulos. Cada idea política que se difunde en su programa es una idea que interesa al matrimonio para su propio beneficio. Si dan su altavoz a varios “niños rata” que no saben lo que es cobrar una nómina se debe única y exclusivamente a que saben que el mensaje que difundirán es el mismo que ellos defienden. Buscan patrimonializar un nicho de mercado induciendo en la sociedad un pensamiento tóxico que fomenta la aceptación y la construcción de las ideas reaccionarias y populistas que la extrema derecha capilariza en este país.

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