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“La religión impide debatir con serenidad”

¿Cuáles son los problemas más urgentes en el campo de la bioética?

-Ahora mismo, hay dos problemas, uno a escala mundial y otro español. La bioética ha sido un movimiento que ha conseguido dar el paso del paternalismo médico a la autonomía del paciente. En España, tenemos la Ley de Autonomía del Paciente en este sentido. Y hay un segundo paso, en el que estamos a mitad de camino, que es pasar de una autonomía meramente liberal a una globalización de la justicia. Los problemas de la vida son problemas sociales, de justicia a escala mundial. A escala nacional, los temas de bioética son cuestiones que hay que tratar científicamente o éticamente. Pero en este país, en algunas ocasiones por ideología política o religiosa, se frena y no se puede discutir con serenidad y sin crispación de este tema. La ultraderecha política y religiosa no nos dejan tratar tranquilamente muchas de estas cuestiones. –

¿La religión tiene capacidad para abordar temas como las células madre sabiendo de lo que habla?

-Los temas científicos los tiene que tratar aprendiendo de la ciencia y los éticos, de la ética. – ¿Y no es así?

-Por unas circunstancias especiales, en este país hay injerencias por razones religiosas y políticas en los debates. El año pasado, por ejemplo, a la Ley de Reproducción Asistida y la Ley de Investigación Biomédica sólo se opuso el PP y la Conferencia Episcopal. Estas disciplinas tiene aspectos científicos y éticos, y de eso hay que debatir en una sociedad democrática, plural, laica. Hay que hacer debates en foros cívicos, ciudadanos. La ciudadanía se debe implicar para debatir juntos, buscando un mínimo de valores en el que podamos coincidir. Y eso es lo que no podemos hacer en España por las injerencias políticas y religiosas. Eso fue lo que molestó más de mi libro Tertulias sobre la vida

. Molestó que hablase de pluralidad. En Japón no tengo privilegios pero tampoco me excluyen por ser religioso. Es una sociedad laica y mi aportación es una más: se produce un debate normal. –

¿Qué hace falta para que se pueda llegar a esa normalidad en España?

-Aquí no hemos hecho la transición. Hemos hecho la transición política, la de la alternativa de gobierno también. Pero hay una transición cultural, aquellos defectos españoles que decía Unamuno de envidia, el odio, la crispación, agresividad, descalificar mutuamente, no los hemos superado en una cultura democrática. Esa transición está por hacer. –

¿Por qué ese rechazo a hacer un debate real?

-Pues no lo entiendo. Viendo en Japón la normalidad del debate, aterrizas aquí y piensas ¿qué pasa en mi país?. Estoy desconcertado de llegar aquí y no poder debatir con pluralidad de opiniones. En el tema de las células madre, por ejemplo, hay quien dice que no por motivos religiosos y quien dice que sí porque lo dice su partido. En cuestiones científicas, hay que debatir y hacer esa investigación para poder llegar a esa conclusión. –

¿Conoce el caso de Inmaculada Echevarría?

-Sí, y es un caso claro de rechazo de recursos exagerados de limitación de esfuerzo terapéutico y tiene todo el derecho del mundo. Lo que me extraña es que desde noviembre que se solicitó, se haya tardado tanto. –

¿Por qué el rechazo frontal de algunos grupos católicos?

-Hacen un flaco favor a la causa que pretenden defender. Una cosa son los principios y otras las conclusiones. Y, en medio, hay algo en lo que fallan porque no saben de lo que están debatiendo, aunque lo hagan de buena fe. –

¿Por qué es tan difícil escuchar estas palabras de alguien que está dentro de la Iglesia?

-Porque no entienden que podemos y debemos discrepar no de la Iglesia, sino en la Iglesia. Fue una de las cosas que al cardenal Rouco le molestó tanto del libro. Pero con buen humor, con serenidad y sin crisparse, hay que tener la valentía de decir las cosas porque si no, no van a cambiar nunca. –

¿Cómo le sienta a un experto que le retiren la cátedra?

-Es desagradable que te violen derechos. Pero si ves que no eres muy exagerado y que ayuda a los demás. Y si protestan unos cuantos obispos, pues que protesten. Les recomendamos que estudien y que conozcan mejor el Evangelio.

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