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«La religión ha amenazado casi siempre al arte»

Laurent Binet

Pone al lector «al borde de la paranoia» con un ‘thriller’ epistolar sobre el asesinato del pintor renacentista Pontormo / ‘Perspectivas’ es la cuarta novela del escritor galo, autor de audaces ucronías que retuercen la historia

Autor de novelas audaces, el escritor Laurent Binet (París, 1972) vuelve a retorcer la historia en ‘Perspectivas’ (Seix Barral). Es una novela policíaca, epistolar y ucrónica ambientada en el siglo XVI que aborda el auge de la censura y la colisión entre arte y religión. Vasari, el primer crítico de arte, deberá resolver el asesinado de Jacopo da Pontormo (1494-1557), pintor de un fresco sacrílego en la Florencia de los Médici. Todo empieza con un fajo de antiguas y amarillentas cartas que un anticuario manco de Arezzo, en Toscana, ofrece al narrador.

Es la cuarta novela del exitoso narrador galo que con sus osadas ucronías calibra la influencia del pasado en nuestro presente. Un Miguel Ángel octogenario o Catalina y Cosme de Médici son otros personajes reales de este trepidante ‘thriller’ epistolar. «Me encanta manipular personajes reales muy conocidos o casi desconocidos, como el mezclador de colores Marco Moro», dice Binet.

«’Vivimos tiempos crueles para los defensores del arte y la belleza, dijo Miguel Ángel en 1512, cuando pintaba la Capilla Sixtina sobre la que caería la censura, tapando con gasas los sexos de los personajes bíblicos». ‘Mutatis mutandis’ cree Binet que hoy estamos en las mismas. Prtada de ‘Perspectivas’ Seix Barral

Imagen - Prtada de 'Perspectivas'

«La libertad de 1512, un momento brillante y milagroso en Italia con desnudos por todas partes, acaba en 1557, con Pablo IV, la Contrarreforma y el Concilio de Trento. Hay un retorno al orden moral y tanta censura que se plantea destruir la Capilla Sixtina», rememora Binet que amenta que «en el 90% de los casos las religiones chocan con el arte».

«A Miguel Ángel lo repintaron y hoy se reescriben obras del pasado, que es peor que prohibir», dice aludiendo a la revisión de las novelas de Roald Dahl. «Los artistas se permitieron hace 500 años cosas que hoy serían problemáticas. La capilla Sixtina se permitió en 1512 y no sabemos si hoy sería posible», dice.

«Las cosas no han cambiado mucho y nos matamos hoy por lo mismo que hace 500 años: poder, dinero, amor, odio o celos. Pero también por fanatismo religioso, que no cambia», lamenta Binet. «Es increíble que en el siglo XXI sigamos así. Ingenuo, pensé de joven que se había acabado la ira de Dios, y no ha sido así. La religión ha sido casi siempre una amenaza para el arte», insiste.

Autorretrato de Pontormo.
Autorretrato de Pontormo. Museo Británico.

«Creí que 1989, con la caída del muro de Berlín, sería una bisagra, un momento de apertura, pero coincidió con la fetua de Irán contra Salman Rushdie. Creímos que era una incoherencia arcaica, pero fue el principio de algo que pesa cada vez más», se duele. «Pablo IV inventó la censura con los libros prohibidos o inmorales. Quiero creer que hemos progresado un poco. Pero me deja estupefacto, atónito, que la blasfemia hoy sea un problema. Provoca muertes y genera atentados terroristas», denuncia.

«Quería poner al lector en la situación de un investigador que cuenta con muchas pruebas, testimonios, declaraciones. Ese narrador no fiable que tan eficaz resulta en la novela policíaca. Recurrir a la fórmula epistolar me permitía tener doce o quince narradores no fiables, todos capaces de mentir», se felicita. «Situo al lector en una suerte de paranoia y eso es ideal para los mecanismos de la novela policíaca», afirma.

Doble maldito

«Pontormo era un ser muy asocial. Como el doble maldito de Miguel Ángel. Estaba pintando entonces la capilla del San Lorenzo en Florencia, y no murió asesinado, pero sí en la fecha en la que sitúo el hallazgo de su cadáver al pie de sus frescos hoy perdidos, inspirados en el Juicio final de Miguel Ángel y que acabaría Bronzino», explica Binet. «Debía escoger un investigador para una novela policíaca en el Renacimiento, que son 150 años. Vasari era pintor y arquitecto, pero pasó a la historia como crítico y biógrafo de los grandes artistas de su tiempo. Estaba claro que tiene la cualidad del investigador: la mirada. Observar era su característica fundamental», señala.

Detalles de 'El descendimiento' de Pontormo, 1526-28.
Detalles de ‘El descendimiento’ de Pontormo, 1526-28. Santa Felicitá, Florencia

Con el formato epistolar casi inaugura una fórmula narrativa. «Llevado de mi megalomanía, traté de cruzar dos géneros esperando ser el inventor de algo nuevo. Pero no. Hay una novela policíaca de Andrea Camilleri que funciona también a través de cartas», se resigna irónico.

«Respeto la Historia pero imagino otra: me pregunto qué habría ocurrido sin alterar ningún dato esencial», dice Binet, autor de ucronías como ‘HHhH’ (2010), sobre el nazi Reinhard Heydrich (Premio Goncourt a la primera novela); ‘La séptima función del lenguaje’ (2015), en torno al improbable asesinato de Roland Barthes, o ‘La civilización’ (2019), en la que los incas conquistan Europa en lugar de que Cristóbal Colón descubra América (Gran Premio de Novela de la Academia Francesa).

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