“La reconquista” de la educación ultraconservadora sube Despeñaperros

La resistencia de las derechas a que la educación sexual y de género tenga cabida en las escuelas e institutos se reaviva con los pactos de las tres derechas en Andalucía, Murcia y Madrid, y el llamado “pin parental”.

a investidura de hoy de Isabel Díaz Ayuso cierra el ciclo de pactos de la política autonómica por el ala derecha (a la espera de lo que ocurra en La Rioja por el ala izquierda). Un ciclo que inauguraron con la histórica victoria e inédito primer pacto del trifachito en Andalucía. Aquella victoria fue anunciada por Vox como que “la reconquista” daba comienzo en las tierras del sur, en ese esfuerzo permanente de la formación de extrema derecha de hacer de la guerra cultural su frente de batalla principal donde figurar como el único antagonista de “la dictadura progre”.

Por esa razón la educación se ha convertido en una de las obsesiones de Vox. Como lo ha sido siempre de las élites ultraconservadoras españolas. Conscientes de ello, los presidentes del Partido Popular que han buscado su apoyo, bien por simpatía con la idea, bien por interés para su investidura, ha sido una de las materias donde han cedido.

Una cesión que se hace bajo la bandera de la transparencia y la libertad. Ayuso defendía ayer en su discurso de investidura el control ideológico sobre la educación sexual y de género en las escuelas. En primer lugar la candidata popular loaba el modelo educativo madrileño “las familias de Madrid pueden elegir la educación que quieren para sus hijos” para a continuación afirmar que “será obligatorio que todos los centros sostenidos con fondos públicos anuncien su programación anual con anterioridad al plazo de inscripción. Esa programación incluirá su proyecto educativo así como las temáticas extracurriculares que contengan los principales talleres y charlas que se programen para el año siguiente”, fueron los argumentos utilizados por Ayuso, claros guiños a Vox.

El objetivo último de todo este discurso es hacer ley el mantra de “los padres educan y los profesores enseñan” estableciendo la familia como la única vía para enseñar valores y también roles de género.

La primera referencia que encuentra un niño sobre cómo ser un hombre se encuentra en su padre. De ahí que aquellos que no ven falla alguna en el modelo de masculinidad que se ha mantenido hasta ahora, que podemos llamar hegemónica, consideren imprescindible que haya un padre en la crianza de cada niño descartando así las familias formadas por dos madres o por una madre soltera. El padre forma los cimientos de la masculinidad del hijo. Sobre esos cimientos el niño irá añadiendo más elementos que aprenderá de sus interacciones con profesores, compañeros de clase y el factor cultural (libros, televisión,…). Por lo tanto la escuela es un punto de vital importancia en la construcción de la masculinidad. Si el padre forma los cimientos, el colegio es la primera planta.

La escuela primaria inaugura unos juegos del hambre que tienen como premio encajar a la perfección en la definición de hombre. De la lucha saldrán unos pocos vencedores que entrarán en la masculinidad hegemónica, pudiendo desarrollarse de forma satisfactoria dentro de ella, y muchos perdedores que vivirán bajo un estándar que no pueden cumplir.

El colegio es el centro de prueba de las conductas que el niño ve por televisión o en sus padres. Actúa en función de los roles de género que ha aprendido y los pone a examen con sus iguales para ver si la performance le da el beneficio prometido. Al comprobar que el resultado es positivo y le facilita la vida comienza a naturalizar lo que al principio no era más que una actuación. Es cuando empieza a asimilar principios como la competitividad, la exaltación de la forma física, la ocultación de las emociones, considerar que tiene uso legítimo de la fuerza para resolución de conflictos y relacionarse de forma jerárquica con el género femenino. Lo que se naturaliza como método de supervivencia y progreso pasa a ser considerado moral siendo inmoral todo aquel que busque alterar el proceso de construcción de la masculinidad para alejarla del modelo machista.

Ante todo esto están los profesores como figuras de autoridad que pueden combatir esta asignación de roles de diversas maneras lo que genera la responsabilidad de actuar por parte del Estado. Para desarrollar esta tarea entran en juego los distintos planes de educación sexual y de género. El programa Skolae ha sido el más sonado. Es una propuesta del gobierno de Navarra. La oposición de derechas ha intentado generalizar una visión de Skolae según la cual se buscaría adoctrinar a los niños e imbuirles de la tan recurrente “ideología de género”. La controversia ha llegado al punto de que, Concapa, una asociación religiosa de padres y madres, ha llevado Skolae a los tribunales. Lejos de querer convertir las escuelas en pequeñas versiones de la ciudad de Sodoma (denuncian que el programa incluye juegos sexuales para niños), el plan Skolae, que ya está siendo implantado, proponía “incorporar contenidos que recorren el itinerario de forma transversal como la prevención de las violencias contra las mujeres y las niñas, el respeto por las identidades, las culturas, las sexualidades y su diversidad, las nuevas masculinidades igualitarias y feminidades empoderadas y el compromiso compartido de hacer realidad la igualdad.”

Al mismo tiempo, en otro lugar de la geografía española, Andalucía, se producía el pacto entre las tres derechas donde Vox hizo unas propuestas iniciales, que a todos parecieron disparatadas, con la intención de acordar puntos intermedios. El PP andaluz ha vendido con bastante éxito la idea de que no ha cedido ante ninguna de las propuestas de Vox, pero, hay una que sí se ha introducido: el llamado ‘PIN parental’. Inicialmente rechazado pero incluido en el pacto final la definición de la medida obviando el nombre. Así pues, en el pacto PP-Vox figura:
“Garantizar la libertad educativa y el derecho de los padres a elegir el modelo que deseen para sus hijos, evitando cualquier injerencia de los poderes públicos en la formación ideológica de los alumnos y permitiendo que los padres puedan excluir a sus hijos de la formación no reglada por actividades complementarias o extraescolares cuando sean contrarias a sus convicciones.”

Aún no se ha instaurado en la educación pública andaluza pero de culminar finalmente esta medida supondría un derecho a veto de facto por parte de los padres para apartar a sus hijos de cada intento que se produjese de introducir nuevas masculinidades basadas en criterios de igualdad, respeto y corresponsabilidad.

Los recientes pactos entre los tres partidos de la derecha española han venido a reafirmar esta tendencia regresiva en materia de educación sexual. En el caso madrileño, el pacto incluye de forma genérica la introducción de “mecanismos que garanticen la no injerencia de los poderes públicos en la educación de nuestros hijos” sin entrar a definir dichos mecanismos. Más restrictivo es el caso de Murcia que habla abiertamente de garantizar “la obligatoriedad de consentimiento expreso con el objeto de que los padres puedan decidir la asistencia o no de sus hijos a enseñanzas, charlas, talleres o actividades escolares no regladas relacionadas con contenidos éticos, sociales, cívicos morales, o sexuales” lo cual es derecho a veto, PIN parental.

Desde posturas conservadoras se traza en la infancia el límite moral intraspasable ante todo tipo de expresiones que tengan relación con género, educación sexual e identidades sexuales. Los argumentos son decimonónicos pero siguen aguantando y repitiéndose cada vez que surge el debate público sobre este tema. Por lo general son tres los que más se repiten:

1º “LOS PADRES TIENEN DERECHO A ELEGIR LA EDUCACIÓN QUE QUIEREN PARA SUS HIJOS”

No. El derecho a que tu hijo reciba en la escuela una educación machista no existe. La homofobia no es una elección legítima para un método de enseñanza. Quienes tienen este argumento en su carcaj de flechas políticas claman contra la educación sexual y de género con la proclama de que lo que se busca es la uniformidad haciendo obligatoria la ideología de quienes apoyen estas medidas. Es positivo que en la escuela se enseñen diversos enfoques sobre un mismo tema pero no por ello habría que renunciar a que la educación sirva para asentar consensos sociales que puedan asumir todos. El respeto es ese consenso y no puede ser nunca una optativa. Que los niños aprendan el valor de respetarse entre ellos con independencia de la sexualidad o género no es una opción si se aspira a vivir en una sociedad que avance de forma progresiva para enterrar las discriminaciones.

2º “HAY QUE PROTEGER AL MENOR”

¿De dónde viene el argumento de la ‘defensa del menor’ contra la sexualidad? El filósofo Michel Foucault señala el inicio de este tipo de discurso en un intento de asegurar que la clase social dominante no se mezclara con las clases bajas ni estropeara la ‘pureza’ de su sangre con prácticas como el incesto, que puede provocar taras genéticas en su descendencia, o la homosexualidad, al considerarlo peligro para la continuidad de linaje por la ausencia de descendencia. Se trata de un discurso casi racial que separa la especie de los que están hechos para gobernar y la especie de los que deben ser dominados.

Un ejemplo de regulación que se produce con la excusa de proteger al menor sería la ley contra la propaganda homosexual de 2013 en Rusia. En este caso se visibiliza la inconsistencia del argumento de la protección del menor cuando ha llevado a que hace unos meses Maxim Neverov, un estudiante de 16 años se convirtiese en el primer menor en ser multado por esta ley como represalia por haber colgado en una red social “fotos de hombres parcialmente desnudos”. Esto implica que o bien no era real la pretendida ‘defensa del menor’ o peor todavía, que se considera que los menores LGBT pueden ser peligrosos para los demás menores. Por suerte, en lo que el propio Maxim ha reconocido como “una decisión inesperada”, la apelación interpuesta por su abogado se ha resuelto a su favor al considerarse que no hay pruebas suficientes.

3º “QUERÉIS ADOCTRINAR A LOS NIÑOS”

La realidad es que, se les eduque o no, están expuestos de igual manera a un fuerte proceso de sexualización. Lo que se está negando es que el gobierno que se lo proponga, así como organizaciones que realizan charlas y formaciones en institutos, puedan interferir en el proceso. En dicho proceso los agentes principales de socialización son 3; los iguales (compañeros de clase y amigos con los que se relaciona el niño), los padres y los profesores. Los dos últimos ejercen un papel de figura de autoridad y el último, los profesores, es el agente que pertenece al sector público. El Estado no solo puede intervenir, sino que tiene la obligación de hacerlo porque si quiere erradicar el machismo desde la raíz tiene que actuar temprano compitiendo además con los otros agentes de socialización, lo que muchas veces implica que cuando los niños se plantan delante de un profesor por primera vez ya puedan traer comportamientos viciados de casa.

¿Por qué debe intervenir el Estado? Cuando alguien cumple la mayoría de edad ya tiene formada una idea clara de lo que es el sexo y así como de lo que significa ser un hombre o una mujer. Un estado que decide no utilizar la educación como herramienta de construcción de una sexualidad sana está dejando ese arma en la industria pornográfica y en otros agentes generadores de la moralidad dominante como las instituciones religiosas. Sexo y género se establecen como conceptos muy delimitados ligados a un sometimiento patriarcal del hombre sobre la mujer y la criminalización de aquel que se desmarca de esos límites. Un gobierno que omite su responsabilidad en el proceso de socialización sexual es cómplice de las conductas tóxicas que genera.

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