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La Leyenda Negra: así utiliza la extrema derecha el Día de la Hispanidad

Hoy, en el Día de la Hispanidad, los debates políticos vuelven a cruzarse a un lado y otro del espectro político o, a lo sumo, entre dos tendencias marcadas: quienes de algún modo celebran el Día de la Hispanidad reivindicando valores como patriotismo y unidad, y quienes piensan que no hay nada que celebrar, lo que lleva a conflictos dialécticos entre ambos. También hay quienes, sencillamente, obvian este tipo de debates o que comparten pensamientos de ambas posturas, y que también merecen su mención. De entre quienes reivindican el Día de la Hispanidad, hay quien habla de la “leyenda negra española” para justificar su opinión, un término que refleja la magnitud de un debate todavía no resuelto.

¿Qué es la Leyenda Negra?

Portada del libro La Leyenda Negra (1914) de Julián Juderías. Autor: BNE, 1943. Fuente: Biblioteca Nacional de España (CC BY-SA 4.0)
Portada del libro La Leyenda Negra (1914) de Julián Juderías. Autor: BNE, 1943. Fuente: Biblioteca Nacional de España (CC BY-SA 4.0)

En general, los historiadores no se ponen de acuerdo en el origen del término, pero el primer registro que existe sobre el término “leyenda negra” procede de 1914 en el libro La Leyenda Negra, de Julián Juderías, si bien se sabe que se utilizaba desde antes y que la idea detrás del concepto, según defienden algunos expertos, procede incluso del siglo XVI.

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, este concepto vuelve a ponerse de moda por brevísimo tiempo. Y es que, en sentido escrito, la llamada “leyenda negra española” viene a ser, según sus defensores, una tendencia histórica a ofrecer un relato del Imperio Español (más o menos desde finales del siglo XV hasta bien entrado el siglo XVIII) demonizado e irreal sobre sus acciones militares y políticas, especialmente durante la conquista de América.

El citado Julián Juderías, que popularizó el término y podría decirse que posibilitó que se utilice hasta el día de hoy, lo define así:

“el ambiente creado por los relatos fantásticos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los países, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado sobre España fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la Prensa extranjera, de que nuestra Patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas.”

Julián Juderías, La Leyenda Negra (1914)

Charles Gibson, un historiador estadounidense posterior, en su libro The Colonial Period in latin American History (1920), lo resumió en “la tradición acumulada de propaganda e hispanofobia según la cual el Imperio español es considerado cruel, intolerante, degenerado, explotador y santurrón por encima de la realidad”. Esta es una de las definiciones más aceptadas por la mayoría de historiadores, si bien hay algunas más.

¿Por qué este término se rescata un día como hoy? Porque el Día de la Hispanidad, que es el día nacional por antonomasia (como todos los países tienen uno) coincide justo con la llegada de los españoles a América, el 12 de octubre de 1492, de la mano de Cristóbal Colón y su expedición, un hecho que marcaría el inicio de la conquista del continente y de la creación del Imperio Español, el periodo donde España llegó a la cúspide desde el punto de vista económico, social, político y cultural.

Así, los defensores de que existe una leyenda negra argumentan que existe un intento de desprestigiar a España y todo lo que representa en base a mentiras, exageraciones y tergiversaciones sobre los hechos que rodean a la conquista de América, y que vendría de, o bien gente considerada antipatriota o antiespañola (determinados partidos, movimientos independentistas…), o bien de potencias extranjeras como Reino Unido, Estados Unidos o Países Bajos quienes, además, estarían obviando los aspectos negativos de su propia historia de conquista. O, por supuesto, desde ciertos sectores de los propios países latinoamericanos, especialmente desde los grupos indígenas.

¿Existe de verdad una leyenda negra sobre España?

La mayoría de los historiadores coinciden en que sí. Otro historiador, David Ewing Duncan, en su ensayo The Black Legend: Spaniards hope to put an end next year to a propaganda campaign against their country that began half a millenium ago concluye que, efectivamente, ya desde el siglo XVI, se difundieron campañas y propaganda antiespañola que exageraba o se inventaba datos que dejaban muy mal al Imperio Español.

Hasta el día de hoy, de hecho, han llegado textos e imágenes de la época donde las afirmaciones no coinciden con la realidad de lo que pasó y que solo puede obedecer a un intento de desprestigiar política, social, cultural y económicamente al Imperio.

Quienes niegan la existencia de esta leyenda negra, argumentan que existe una contrapartida, la “leyenda blanca” o “leyenda rosa” que, muy al contrario, sostiene un relato edulcorado, manipulado y casi mitológico de la conquista de América para ofrecer una imagen amable del patriotismo español y del propio Imperio, que los conquistadores llegaron allí llevando la civilización, la tecnología, la libertad y la paz tras una travesía digna de La Odisea de Homero.

Así lo describiría, por ejemplo, García Cárcel en su libro La Leyenda Negra (1991):

Ni leyenda, en tanto en cuanto el conjunto de opiniones negativas de España tuvieran no pocos fundamentos históricos, ni negra, dado que el tono nunca fue constante ni uniforme. Abundan los grises, pero la coloración de estas opiniones estuvo siempre determinada por los colores contrapuestos de lo que aquí hemos llamado leyenda rosa.

García Cárcel, La Leyenda Negra (1991)

Antes, el historiador hispanista Benjamin Keen, en The Black Legend Revisted: Assumptions and Realities (1969), ahondaría en esto mismo:

…la llamada Leyenda Negra es, sustancialmente, correcta, si privada de su retórica y coloración emocional, y tomando en cuenta su incapacidad de reconocer las formas menos dramáticas de explotación española a los indígenas (usurpación de terrenos, peonaje, etcétera). A consecuencia, [la leyenda negra] no es leyenda, y el término carece de valor científico descriptivo.

Benjamin KeenThe Black Legend Revisted: Assumptions and Realities (1969)

Estos historiadores, básicamente, argumentan (con sus diferencias) que, si bien pudieron haber exigeraciones o tergiversaciones, no se trataba de una labor de propaganda o de una campaña de desprestigio, sino reflejo de los horrores de la conquista de América y del Imperio Español, por lo que sería más una teoría de la conspiración que una realidad tangible, pues en una época donde la ciencia y la objetividad brillaban por su ausencia, los relatos siempre llevaban magnificados de uno y de otro lado.

Por supuesto, hay más opiniones. Otros historiadores coinciden en que ambas visiones tienen su parte de verdad, es decir, que existió una campaña de desprestigio antiespañola y anticatólica que podría haber durado hasta el día de hoy, pero que indudablemente existe otra en sentido opuesto destinada a presentar la conquista de América como una hazaña que celebrar y al Imperio Español como la más gloriosa de las civilizaciones.

Esto tendría sentido teniendo en cuenta el gran poder que alcanzó España en aquella época, pero también el poderío de países rivales como Reino Unido, así como el choque entre ambos quienes, además, les convendría sostener su realidad sociopolítica en mitos históricos, como de hecho ha pasado con la gran mayoría de los imperios conocidos.

Esta es la tesis del historiador Hendrik Henrichs, que lo dijo así en 2006 en su artículo Un holandés «distinto»: Johan Brouwer y la historia de España:

Las naciones poderosas tienden a forjarse una imagen de sí mismas que, en la mayoría de los casos, se fundamenta sobre un mito de origen y una misión en el mundo. La propagación de esta imagen propia suscita a menudo imágenes contrarias en los adversarios de dichas naciones poderosas. En ese intercambio de imágenes internas y externas relacionadas con la identidad y la importancia internacional de una nación determinada se van acuñando frases lapidarias que quedan grabadas en la memoria internacional […] España, la primera potencia europea en hacerse con un imperio mundial, constituye asimismo el primer ejemplo de esa tensión entre imagen propia e imagen contrapuesta internacional en la historia moderna. Simplificando, se podría decir que la imagen que tenía España de sí misma coincidió durante mucho tiempo con la llamada Leyenda Blanca. La imagen contraria aducida por los adversarios de España se conoce como Leyenda Negra. Si bien estos términos datan de finales del siglo XIX y principios del XX, el conjunto de imágenes propias y contrapuestas al que representan es más antiguo.

Henry Jamen y Joseph Pérez afirman, por otro lado, que la leyenda negra española existió antaño, pero que hoy en día predomina más bien la campaña destinada a presentar una imagen positiva de los hechos que rodearon aquel hito histórico. Al igual que otros historiadores, señalan que en los libros de Historia y en el sistema educativo se presenta, precisamente, un relato más bien amable de lo sucedido.

El escritor argentino Ernesto Sabato, en su artículo Ni leyenda negra ni leyenda blanca, publicado en el periódico El País en 1991, propone superar lo que considera un falso dilema entre ambas leyendas, para presentar un enfoque que acepte todo lo negativo de manera objetiva, pero sin caer en la exageración ni en la tergiversación, que habrían sido, por otro lado, aireadas de uno y de otro lado con motivaciones ajenas a la objetividad historiográfica.

En resumen, puede decirse que, al menos, existieron campañas exageradas que perseguían intereses políticos, sociales y económicos tanto a favor como en contra de España alrededor de la conquista de América, y que en función del momento y del lugar, fueron agitadas ignorando en mayor o menor medida los datos objetivos de lo que sucedió.

¿Existe hoy en día una Leyenda Negra?

Encomendero abusando de un indígena en México. Autor: Codex Kingsborough, 1825.

El debate, sin embargo, no es tan sencillo. La parte más crítica con el Día de la Hispanidad sostiene una serie de argumentos y premisas para dudar de la idoneidad de que el 12 de octubre sea el día nacional de España, promoviendo una serie de reflexiones que, en sí mismas, no tienen nada de malo siempre y cuando vengan acompañadas de datos y de respeto a opiniones contrarias.

Sin embargo, en no pocas ocasiones, se sostiene que quienes plantean esta duda, se basan sistemáticamente en esta Leyenda Negra. Es decir, opinar negativamente sobre la conquista de América y sobre el Día de la Hispanidad, supone caer en exageraciones, tergiversaciones y propaganda antiespañola y anticatólica. Es decir, que ser crítico con ciertos aspectos que afectan al propio país, supone ir en contra del país. Y, por extensión, de su gente.

Esto no viene de ahora. En 1923, José Conte utilizó este mismo argumento para atacar las aspiraciones democráticas heredadas de las Cortes de Cádiz. Poco después, el dictador Francisco Franco rechazaba cualquier crítica a España acusando de fomentar la “leyenda negra” y de pertenecer a la “conspiración judeo-masónica-marxista internacional”.

Esta tendencia, llevada a su máximo exponente por el falangismo y el régimen franquista, de tachar de leyenda negra toda crítica a la hispanidad, fue recopilada y descrita por el historiador Español Bouché, a la que nombró “leyenda azul”. Y ni siquiera esto es nuevo. Analizando los movimientos de extrema derecha de los años 20 y 30 de Francia, Italia, Grecia o Alemania, se intenta vender un relato glorificado del pasado imperial de sus respectivas naciones.

El falangismo y Franscisco Franco glorificaron la España imperial y los Reyes Católicos hasta el punto de incorporar simbología de la época a su propia iconografía (el Yugo y las Flechas en el caso de la Falange y el Águila de San Juan en el caso de la bandera nacional).

El fascismo italiano de Benito Mussolini glorificaba el Imperio Romano, incorporando el haz de lictores o fasces y el saludo del brazo en alto, que proviene del saludo de las legiones romanas y que hoy en día se ha convertido en un icono de todas las ideologías que pivotan alrededor del fascismo.

Todo esto, unido al ultranacionalismo, esto es, la idea de que todo gira alrededor de la nación, que funciona como pilar central, un postulado que forma parte intrínseca de las ideologías ultraderechistas, lleva a tratar de presentar un relato sobre España que, en el mejor de los casos, extrapola y exagera las virtudes y minimiza sus defectos (o culpa de los mismos a rivales políticos, ideologías pregoresistas o colectivos discriminados como la población migrante o las minorías étnicas).

Un relato edulcorado que, llevado al presente, se traduce en propaganda y, llevado a los hechos históricos, se traduce en revisionismo, que se puede ver en personalidades como Pío Moa, que con sus obras intenta ofrecer una visión de la dictadura franquista no aceptada por la inmensa mayoría de expertos e historiadores en la materia, pero que es invitado con frecuencia a medios de sesgo ultraderechista.

¿Significa esto que quienes hablan de Leyenda Negra son de extrema derecha? Rotundamente no, al igual que defender el Día de la Hispanidad, ser patriota o llevar una pulsera con los colores de la bandera de España tampoco convierte a nadie en ultraderechista. Sin embargo, las organizaciones de este lado del espectro ideológico utilizan este mismo argumentario en su discurso para defender un discurso que case con sus intereses particulares y con su agenda política.

Pero, más allá de estrategias discursivas, ¿es esto así?¿Existe una estrategia de desprestigio y de manipulación antiespañola en la actualidad basada en mentiras?¿O, por el contrario, estas acusaciones obedecen a un intento de evitar la realidad por diferentes motivos?

El origen del Día de la Hispanidad

El gran problema de este debate es que, quienes hablan de Leyenda Negra, ponen el foco en los datos y los hechos que rodean la conquista de América, cuando en realidad, quienes critican esta celebración, si bien se apoyan en estos datos y hechos históricos, lo que se cuestiona es el propio hecho en sí mismo.

Por ejemplo, se argumenta que la conquista de América fue amable en comparación a las conquistas realizadas por ingleses y holandeses, que es cuestionable que hubiera un genocidio en la población indígena e incluso que hubo un intercambio de intereses que favoreció la modernización del continente.

Sin embargo, el foco del debate, y que poco tiene que ver con campañas de desprestigio antiespañolas, es en considerar, por un lado, por qué se le llama “descubrimiento de América” si allí ya vivían muchos pueblos y culturas distintas (es decir, si ya había gente allí, ya estaba «descubierto»), lo que implica una visión bastante etnocentrista del hecho histórico y, por otro lado, por qué España es el único país del mundo que celebra su día nacional en base al inicio de la colonización y el imperialismo sobre pueblos indígenas.

La inmensa mayoría de países del mundo coloca su día nacional en base a la creación y/o el nacimiento del país, normalmente a través de un proceso de independencia (Estados Unidos, México, Brasil…) o de una unificación y/o revolución (Alemania, Francia…). En base a esto, tendría sentido que España celebrara su día nacional el 17 de abril (victoria de la Guerra de Independencia frente a Francia), el 24 de septiembre (inauguración de las Cortes de Cádiz) o el 19 de octubre (matrimonio de los Reyes Católicos).

Ni siquiera potencias que ostentaron grandes imperios, como Portugal, Países Bajos o Reino Unido, dedican estos días a sus grandes conquistas. Únicamente España. ¿Por qué?¿De dónde viene?

La celebración tiene su origen en Faustino Rodríguez San Pedro Díaz-Argüelles, un empresario y político español propietario de la Algodonera y de la Azucarera de Veriña y presidente de la Unión Ibero-Americana que ejercía su actividad económica en Cuba, empleando a la población cubana con una más que evidente ausencia de derechos laborales.

En 1913 impulsó que se celebrara el 12 de octubre “El Día de la Raza Española” con la intención de que los pueblos de América que pertenecieron al Imperio Español (ya independizados) compartiesen una misma celebración. Comenzó a celebrarse al año siguiente y, poco a poco, fue siendo adoptada por los gobiernos de estos países, con algunas resistencias. Alfonso XIII, el rey de España en aquel entonces, lo hizo oficial en 1918.

A finales de los años 20, se sugirió el término Hispanidad, ya que “raza” sonaba peyorativo. Esta propuesta la hizo originalmente el sacerdote español residente en Argentina Zacarías de Vizcarra al periodista y entonces embajador de España Ramiro de Maeztu. Sin embargo, el término “Día de la Raza” se siguió empleando hasta 1958 cuando Francisco Franco lo cambió por el de “Día de la Hispanidad”, presumiblemente como parte de su campaña de lavado de imagen de cara a las potencias extranjeras.

Hay que recordar que, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las teorías sobre el supremacismo racial estaban en auge incluso dentro del ámbito científico. Grupos de extrema derecha utilizaron estas teorías para justificar la dominación de unas potencias sobre otras, amén de otros crímenes horribles. Y, pese a todo, no es sino hasta mucho después de la Segunda Guerra Mundial, con el nazismo alemán y el fascismo italiano derrotados, cuando Franco decide cambiar la denominación.

Hoy en día, la mayoría de los países latinoamericanos conservan esta celebración pero, lejos de ser su día nacional, la han transformado en un día reivindicativo, celebrando la diversidad cultural, el mestizaje y la identidad propia de sus pueblos.

Por lo tanto, el mismo origen del nombre recae en las ínfulas colonialistas, imperialistas y, por lo tanto, supremacistas de un empresario y de un país que buscaban seguir controlando los países del antiguo Imperio Español de algún modo.

Pese a todo, ¿qué podría tener de malo celebrar el día nacional en una conquista?

Las implicaciones de la conquista de América

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América. Autor: Dióscoro Puebla, 1862

Durante cerca de cinco siglos, las potencias europeas se repartieron la tarta del mundo. Como países industrializados y avanzados, con economía y tecnología superior, dirigieron los destinos del resto del mundo.

América, África y parte de Asia fueron colonizados y, más tarde, anexionados a las principales potencias, como Reino Unido, Portugal, Países Bajos o España. En muchas ocasiones, la población indígena fue tratada como mano de obra barata y esclava, y este dominio sobre los pueblos nativos de otros países fue justificado con teorías consideradas hoy pseudociencias, como el darwinismo social o la superioridad de la raza caucásica. Llevadas al extremo, estas ideas constituyeron el génesis de la extrema derecha que surgió en los años 20 y 30 del siglo pasado.

En resumidas cuentas, las conquistas y los imperios que Europa trazó desde que empezó a saltar fuera de sus fronteras es el origen del racismo estructural moderno y de buena parte de la xenofobia que azota los países occidentales, como por ejemplo, las tensiones racionales en Estados Unidos entre la población negra, hispana y blanca. Prácticamente todos los estudios e investigaciones sobre el tema coinciden en lo mismo: las falsas creencias y prejuicios basadas en creencias religiosas, el color de piel o los orígenes de las personas tienen su origen en el choque de la civilización europea con el resto de sociedades y en los posteriores intentos de justificar el dominio de las potencias occidentales sobre el resto de países.

Sin embargo, estas son las consecuencias que, a largo plazo, tuvo la conquista de estos territorios. A corto y medio plazo, tuvo otras, como el genocidio de la población indígena, muy cuestionado (o ignorado) por quienes defienden la celebración del Día de la Hispanidad y los que agitan el argumento de la Leyenda Negra.

Aunque hay muchos puntos controvertidos de este debate, la mayoría de historiadores coincide en que hubo una disminución de la población indígena que coincide con la llegada de los españoles al continente. El historiador Molina Martínez, sin embargo, deja patente que existe una guerra de cifras que dificulta el debate debido a que es difícil concluir cuántas personas habían, y que oscilan entre los 110 millones y los 7,5 millones de personas. Así, cada cual puede coger la cifra que más se adapte a sus premisas, si bien la cifra de entre 12 y 20 millones suele ser la más escogida por quienes desean evitar debates políticos.

No obstante, en lo que sí parece haber acuerdo en que esta reducción drástica se dio, con mayor o menor gravedad, y que en muchos casos pudo superar el 90% del total de la población (otro porcentaje que también baila según la fuente). Tzvetan Todorov, en su libro La conquista de América. La cuestión del otro (1987)concluye que esto es así, pero que no se dio por la matanza indiscriminada de población indígena, sino por una combinación de factores:

En primer lugar, por las guerras y conflictos que se llevaron contra la población indígena y por los asesinatos directos producidos fuera de dichos conflictos. Es decir, las acciones violentas directas. Todorov coincide en que este fue el factor que menos influyó en la reducción poblacional.

En segundo lugar, por los malos tratos impuestos como consecuencia de la esclavización, el desplazamiento de comunidades, la elevada exigencia de tributos, el cambio drástico del sistema socioeconómico al adoptar el sistema de encomiendas… Este sería el segundo factor, en grado de importancia.

Y, en tercer lugar, siendo este el principal motivo, el “choque microbiano”, esto es, que los españoles llevaron a América enfermedades nunca antes padecidas y sobre las cuales la población nativa no tenía defensas adecuadas, como la viruela, la gripe o la peste bubónica, entre otras. Esta última sería la causa mayoritaria.

Quienes defienden el Día de la Hispanidad se escudan, por un lado, en que la inmensa mayoría de esta pérdida de la población se produjo por enfermedades y que, por lo tanto, la responsabilidad del Imperio Español es reducida o incluso nula. Por otro lado, aunque la mayoría admite que hubo aspectos negativos en la conquista de América, argumentan que, en el caso de Reino Unido (u otras potencias), donde se realizaron verdaderas matanzas indiscriminadas, fue mucho peor.

Mientras que se cita el asesinato de más de casi un millón de aborígenes en Australia contabilizados por la Sociedad Geográfica de Reino Unido de los que quedaron algo más de 30.000, se dice que la monarquía española impulsó las Leyes de Indias para defender a los nativos del abuso de poder de los conquistadores y especialmente por el establecimiento de una nueva realidad social basada en el mestizaje (Juan Pablo Perabá y Javier Martínez-Pinna, El falso genocidio español en América).

Pero se suele obviar que quienes critican el Día de la Hispanidad cuestionan, de nuevo, que el día nacional, de celebración y de desfiles militares, se base en una conquista que, independientemente de la mayor o menor responsabilidad, o de la mayor o menor indulgencia con la población indígena en comparación a otras naciones, tuvo implicaciones muy negativas que no casan con motivo de celebración alguno.

Los datos demuestran que hubo un dominio de una potencia sobre otra, y que el choque entre ambas civilizaciones se tradujo en un balance muy negativo por sobre la población dominada hasta que lograron su independencia, y que desde entonces predominan prejuicios racistas y xenófobos que azotan incluso dentro de esos mismos países entre las minorías indígenas y sus culturas.

En este sentido se ha expresado María Dolores París Pombo en su ensayo Estudios sobre el racismo en América Latina (2002), o Álvaro Bello y Martín Hopenhayn en Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe (2001), entre otros muchos estudios.

Hispanidad, nacionalismo e Iberosfera

Santiago Abascal con un casco de conquistador. Autor: Vox España. Fuente: Twitter

Y, por supuesto, es falso que la “Hispanidad” llevara la libertad, la paz y la prosperidad al continente, como ha afirmado recientemente la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien además relacionó los movimientos que reivindican las culturas indígenas (lengua, tradiciones…) con el comunismo, en un intento de desprestigiarlos.

Periódicos como El País o The New York Times se han apresurado a desmontar con datos el discurso de Ayuso, que se considera contrario al consenso académico alrededor de la conquista de América, y que se acerca más bien al concepto de “leyenda blanca” citado anteriormente, es decir, de presentar una imagen exageradamente positiva de lo que fue el Imperio Español.

Sin embargo, para el discurso ultraconservador, cuestionar el legado de España en América Latina y reflexionar acerca del Día de la Hispanidad, como ya hiciera Francisco Franco, supone, o bien ser un comunista, o bien ser un antiespañol que difunde la Leyenda Negra. Mientras, el discurso se parece bastante al que trató de difundir Faustino Rodríguez San Pedro Díaz-Argüelles, y se observa claramente en el concepto de Iberosfera, creado por Vox.

El 22 de octubre, el día que Vox defendía en el Congreso su moción de censura contra el Gobierno de España, la formación sorprendía a propios y extraños con el uso de un nuevo término: Iberosfera.

“La Iberosfera, un concepto en el que luego me detendré porque es clave para el futuro y las soluciones que necesita España”, dijo Santiago Abascal, líder de Vox, en su discurso. “La alianza de este Gobierno con la tiranía de Nicolás Maduro en Venezuela es un ataque a la libertad y a los lazos que nos mantienen unidos con los países de la Iberosfera”, prosiguió Ignacio Garriga.

Ese mismo día, las redes sociales se movieron en busca del nuevo término revelando que era una invención desconocidahasta la fecha. Desde Vox reconocieron que, efectivamente, se trataba de un concepto creado por ellos, eso sí, con una clara intencionalidad.

Desde aquel día, la formación ha seguido usando repetidamente el término de “iberosfera”, aunque su difusión ha sido más bien limitada, llegando como mucho a sus aliados más cercanos.

El término forma parte del nombre de La Gaceta de la Iberosfera. Este es el nuevo periódico que Vox lanzó a través de su laboratorio de ideas, la fundación Disenso. El concepto, como no podía ser de otra manera, se ha repetido en boca de los periodistas del recién estrenado think tank de la formación ultraderechista.

Vox también lo ha usado constantemente en sus redes sociales, en algunos casos de manera muy reciente, como en el nuevo pacto para apoyar los presupuestos de Andalucía. Aunque la palabra “iberosfera” no aparece en el documento firmado, Vox así lo ejemplificó en su comunicado.

Iberosfera, según el polémico periodista y eurodiputado de Vox Hermman Tertscht, engloba a “700 millones de hispanoparlantes” que comparten una lengua y unas raíces. Esto abarcaría, al tenor de lo expuesto por él, a España y la gran mayoría de América Latina.

Posteriormente, en un tweet, el escritor Fernando Sánchez Dragó, otra de las mentes tras la fundación Disenso, añadiría Brasil y Portugal. Parece pues que hay duda entre sus propios ideólogos. Estaría por ver si añade también a la parte hispanohablante de Estados Unidoso a los antiguos territorios del extinto Imperio Español, como Marruecos o Filipinas.

Entre las dudas que aún causa el término, uno de los puntos es para quéla necesidad de su creación. Existen otras palabras perfectamente creadas como Iberoamérica que cubre , en principio, la misma definición y que expresa algo parecido, ofreciendo de por sí un sitio privilegiado a España en sus relaciones con los países de América Latina, con los que comparte una cultura común.

La realidad del nuevo concepto (y no poco importante), es que está impregnado de ultranacionalismo, arrogancia y cierto neocolonialismoes decir, ciertas ínfulas de tener influencia y poder directo en la política interna y en las decisiones de los países que, en su día, formaron parte del Imperio Español.

El término, como puede verse, pese a englobar decenas de miles de kilómetros y 1000 millones de habitantes, consigue poner en el medio de todo esto a España, como si fuera un núcleo irradiador sobre los que estos países orbitasen, intentando recuperar en parte la vieja épica del Imperio Español, tan recurrente en el imaginario de la formación ultraderechista y que se ha podido ver en sus discursos, como cuando hablan de “reconquista” respecto a su entrada en el parlamento andaluz tras las elecciones autonómicas; o de “invasión” cuando se trata de posicionarse contra la inmigración.

Además y como detalle, este nuevo término que pretende unir territorios distantes mediante una cultura que es un foco irradiador no es nuevo, pero sobretodo, no es desconocido para la extrema derecha.

Ya en el siglo pasado los movimientos fascistas y protofascistas jugueteaban con términos similares. En la Italia fascista se hablaba del spazio vitale (espacio vital) término igualmente usado en la Alemania nazi como LebensraumEn el Japón imperial aliado del eje se usaba el término Hakkō ichiu “todo el mundo bajo un mismo techo”.

Estos términos tristemente famosos en la historia eran términos de carácter imperialista para extender las lindes de las nuevas zonas , pero no se limitaban exclusivamente a ser una política de expansión basada en una eliminación étnica, sino que englobaban todo un constructo teórico-político de dominación cultural.

Así, Vox en este caso, no se limita con ostentar una propaganda nacionalista al servicio de la buena imagen de España, sino que busca medrar en la política y sociedad de América Latina como en su momento se buscó con el “Día de la Raza”, necesario para tejer las alianzas necesarias en la conformación de su “internacional anticomunista”, bajo la cual busca unir a los movimientos ultraconservadores de América Latina y presentarse como interlocutor válido frente a la nueva derecha radical global.

Conclusiones

🌎🇪🇸 Los españoles están orgullosos de su pasado y de pertenecer a una gran Nación.

📜 Tal día como hoy de 1492, Cristóbal Colón descubre América y se inicia la Hispanidad, la mayor gesta de la Historia de la humanidad.

¡Feliz #12Octubre#DíadelaHispanidadpic.twitter.com/JvczGxTkca— VOX Noticias 🇪🇸 (@voxnoticias_es) October 12, 2021

En resumen, existen datos y motivos suficientes para cuestionar el Día de la Hispanidad y las implicaciones negativas que tuvo la conquista de América sin que ello tenga que obedecer a ninguna distorsión o manipulación de la realidad. Es decir, aunque seguramente la gente justifique cierto antiespañolismo en estos hechos, no existe ninguna conspiración detrás de este debate.

Por otro lado, sí que existe un interés en ofrecer un relato edulcorado y revisionista de estos hechos históricos y que patrocina la derecha más conservadora de España, interés que reside en el mismo génesis de la propia extrema derecha desde que comenzó a existir como tal y que se apoya en el sentimiento que muchas personas tienen por su país, es decir, en cuestiones emocionales y, hasta cierto punto, irracionales, como si al criticar ciertos aspectos de España, se estuviese atacando a todo el mundo que no piensa igual.

A modo de reflexión final, tampoco se trata de que la sociedad española tenga que pedir perdón o sentirse mal por hechos que ocurrieron hace siglos. Aunque, como gesto simbólico, tal y como hizo el papa Francisco, pueda ser positivo para la reconciliación y la buena relación entre los pueblos, probablemente tenga poco sentido estar pidiendo disculpas por todo lo que pasó hace siglos, pues casi todas las naciones tienen mucho que callar.

Por lo tanto, ese victimismo en el que a menudo se incurre no puede servir para evitar, simplemente, aceptar el pasado de España, lo que se hizo mal y lo que se hizo bien, y reflexionar acerca de cómo se ha llegado al punto actual para no repetir los mismos errores, ser consciente del rol que se juega en el mundo y aprender y progresar hacia un futuro mejor.

Además, normalmente, se tenga la opinión que se tenga, seguramente casi nadie esté cargado de malas intenciones. Ni unos serán unos rojos comunistas antiespañoles traidores, ni los otros serán fascistas con afán de reconquista. A menudo, la realidad está más cerca del punto de encuentro de lo que a priori pueda parecer y conviene dialogar y escuchar al que piensa diferente.

Y, por supuesto, ser conscientes de qué discurso y qué relato se está apoyando cuando se opina de una u otra manera, y a qué intereses obedecen.

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