La ley del espejo

En el congreso celebrado a finales de julio en la Universidad Rey Juan Carlos, dirigido por el Cardenal Cañizares, el ex-presidente del gobierno, señor Aznar, participó con un discurso sobre laicismo (… me viene a la mente Berlusconi hablando de solidaridad) en el cual “soltó” varias memorables declaraciones, dignas de ser guardadas en el recuerdo por los que nos asombramos ante el arrojo (¿o, quizás, la inconsciencia?) de quienes utilizan las palabras sin pararse a reflexionar sobre el significado real de las mismas.

El “impecable” ex-presidente arremetió contra el actual gobierno de Zapatero diciendo que “…es el único gobierno radical y sectario que sigue en pie en Europa” (¿?). Radical y sectario fueron exactamente los adjetivos que utilizó; radicalismo y sectarismo son dos conceptos clave que aluden a actitudes que, tanto en la política como en la vida, nos arrastran a todo lo que nos aleja de la moderación, la racionalidad y la libertad.

Pues bien, ciñéndonos a la esfera de lo político, actitudes radicales y sectarias se muestran cuando se alían, a nivel estatal, partidos políticos con organizaciones religiosas, cuando se ataca con desdén y nepotismo a los que no opinan igual, cuando se organizan campañas difamatorias intentando hacer creer a la opinión pública una atrocidad irreal y, de paso, tapar las atrocidades propias (me refiero al 11-M y a la teoría pepera de la conspiración); cuando se desoyen los gritos de una nación exigiendo la no participación en una guerra, cuando se defiende desde el poder los intereses de grupos religiosos radicales y fundamentalistas. Y, en definitiva, se muestran actitudes radicales y sectarias cuando se pierde el norte democrático y se ignoran los derechos fundamentales de los ciudadanos y de las sociedades pretendidamente justas y libres.

Los psicólogos y, en general, los estudiosos del comportamiento humano, denominan “proyección” (o ley del espejo) a un mecanismo del psiquismo de muchos individuos que tienden a ver en los demás las actitudes negativas propias que se niegan a percibir en sí mismos, al igual que al mirar en un espejo recibimos la propia imagen proyectada. O, dicho de un modo más castizo y popular, hay un refrán muy oportuno en este caso(que inmortalizó Cervantes en el capítulo 67 de “El Quijote”), que dice mi madre que mencionaba a menudo su abuela -doña Soledad, que era muy sabia-, y que alude precisamente a esta tendencia a ver en los demás lo que uno mismo representa: “Retírate que me manchas, dice la sartén al cazo”. Pues eso mismo.

Coral Bravo Doctora en filología, master en psicología y miembro de Europa Laica

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