La Iglesia se adjudica miles de inmuebles registrándolos como propios

La Iglesia lleva años poniendo a su nombre, no ya sólo iglesias, sino casas rectorales, viñedos, olivares, solares, pisos que pertenecían a pueblos…Amparados por los artículos 206 y 304 de la Ley y el Reglamento Hipotecario, los obispos pueden emitir certificaciones de dominio como si fueran funcionarios públicos.

En 1998, el Gobierno suprimió el artículo 5 del Reglamento Hipotecario, que impedía emitir certificaciones de dominio sobre edificios de culto, iglesias, catedrales o ermitas, agrandando el ámbito de actuación de este privilegio.

Según informa hoy el diario El País, la Iglesia española ha estado poniendo a su nombre diversas propiedades calladamente, sin que nadie percibiera sus movimientos. Alcaldes y particulares los han descubierto con sorpresa y luchan por devolver al pueblo el patrimonio cultural e inmobiliario que consideran "robado" y "expoliado" por la Iglesia.

Desde 1998 la Iglesia puede inscribir propiedades a su nombre, lo que administrativamente se conoce como inmatricular. En Navarra, las inmatriculaciones han arrasado el territorio: cientos de templos parroquiales, ermitas, basílicas -y sus pertenencias-, casas, almacenes y hasta cementerios, garajes o frontones, figuran a nombre de la diócesis.

Los expertos jurídicos califican este privilegio de "inconstitucional". "No siendo funcionarios públicos, pueden actuar como si lo fueran. Si el artículo 16 de la Constitución no otorga carácter estatal a ninguna confesión, ellos no pueden equipararse a un funcionario público", asegura Alejando Torres, catedrático de Derecho Público de la Universidad Pública de Navarra.

Sin embargo, para que estos casos lleguen al Tribunal Constitucional un juez ha de plantear una cuestión de inconstitucionalidad o un recurso de amparo. O bien un particular agotar todas las instancias jurídicas hasta llegar al Constitucional.

Sin embargo, los alcaldes de pueblos pequeños no pueden enfrentarse a la Iglesia: "Ellos tienen tiempo y dinero, nosotros no", asegura el alcalde de Garisoain, Javier Ilzarbe, que tan sólo ha podido salvar una ermita. "Les cortamos la luz, que siempre la habíamos pagado nosotros, ahora la pagan ellos, y auqnue nos siguen pidiendo que les arreglemos cosas ya no les hacemos las obras. En los ochenta les reparamos el tejado".

Josemari Esparza, de la Plataforma navarra Ekimena -creada en 2007 para la defensa del patrimonio en Navarra-, "se necesita voluntad política, que los grandes partidos frenen esto o que alguien lo pare en los tribunales. Esto está ocurriendo en toda España, es un escándalo monumental".

Sin embargo, los que acuden a los tribunales son los obispos, como hicieron en Garisoain con la ermita del Pilar, que el Ayuntamiento registró antes que ellos. El juicio lo ganó el pueblo. "Les propusimos que la propiedad fuera del pueblo y ellos siguieran con el culto. Nanay, que ellos quieren la propiedad y punto. Encima no pagan ni el impuesto de bienes inmuebles", critica Ilzarbe en declaraciones a El País.

La Conferencia Episcopal Española lega el asunto a cada diócesis, pero se defienden de las críticas asegurando que "si los edificios pasan a otras manos no hay garantías de que se sigan destinando al uso para el que fueron creados, como ya ha ocurrido". La Iglesia de Navarra contesta que "no inscribe los edificios para apropiárselos, sino que los inscriben porque le son propios".

Ante las críticas, aseguran que los edificios no pasan a ser suyos solo porque los inscriban. "Cumplimos la ley de 1998: la Iglesia registra lo que es suyo". Además, aseguran que su gasto en patrimonio es elevado y supone una ayuda para el Estado: "No es la Iglesia quien se está enriqueciendo con las aportaciones del Estado, sino que es el Estado el que se está ahorrando dinero con las aportaciones de la Iglesia".

En Navarra, la catedral fue reparada con 15 millones de euros de dinero público antes de que la diócesis la inmatriculara en 2006. Desde que la hizo suya, el obispado puso precio a las visitas y a las actividades desarrolladas en su interior. "La Iglesia quiere la propiedad para tres cosas: vender, alquilar o hipotecar. Sabermos que ya se está vendiendo y alquilando, y desconocemos si se usa para hipotecas", dice Josemari Esparza.

La Plataforma navarra Ekimena pone otro significativo ejemplo, la emblemática capilla de San Fermín en Pamplona. "En los archivos se recogen los inmensos esfuerzos que hubo de hacer la ciudad para construirla; tanto que tuvieron que suspender las corridas de toros durante seis años. No puede estar más acreditado que era de propiedad pública. Pues la diócesis la inmatriculó en 2003. Y hace bien de dinero con ella, por las bodas y otros ritos", expone Esparza.

La plataforma pide a los alcaldes que saquen normas para impedir que se especule con los terrenos aledaños a las iglesias que ciertas diócesis están ya inmatriculando. La propiedad de las iglesias no siempre está documentada. Para la Iglesia "la posesión pacífica de bienen inmuebles durante más de 100 años es, jurídicamente, título de propiedad suficiente para inscribirlos" ante el temor a que los templos se usen para otros fines. Sin embargo, ¿qué temos hay con los olivares, las casas rectorales o los viñedos?

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...