La Iglesia no cuenta apóstatas

El Arzobispado de Oviedo afirma que no realiza estadísticas por expreso deseo de quienes renuncian a la fe

Diversos colectivos ciudadanos denuncian trabas en el proceso

Manifiesto que en su día fui bautizado en la fe católica como consecuencia de una decisión ajena a mi voluntad; que en el ejercicio de mi legítimo derecho a la libertad de conciencia expreso mi deseo a apostatar; que la Constitución española y la Declaración Universal de Derechos Humanos protege mi libertad de pertenecer o no a una determinada asociación, sea religiosa o no. Instancias como ésta, que firma Javier, han sido presentadas por cientos ante el Arzobispado de Oviedo.

¿Cuántos cientos o cuántos miles? La pregunta resulta mucho más difícil de contestar. La Iglesia católica guarda celosamente los datos sobre apostasía o renuncia a la fe. La notaría del arzobispado se limita a decir que no se realizan estadísticas por dos razones. Primera, porque, según la diócesis, se trata de un «fenómeno muy minoritario». Y, segunda, porque los solicitantes manifiestan que no desean que se utilicen sus datos con fines estadísticos. «Además de respetar su decisión de apostatar, también se respeta este deseo», señala la diócesis.

Estos argumentos no son, sin embargo, compartidos por asociaciones como Asturias Laica. José Luis Iglesias, su presidente, niega la mayor. Iglesias viene a decir que el arzobispado secuestra los datos sobre abandono de la fe católica por interés. El presidente de Asturias Laica cree que el volumen de católicos oficiales que solicitan formalmente dejar de serlo no es de ningún modo el «fenómeno minoritario» al que alude la Iglesia. El portavoz de Asturias Laica lamenta además que la diócesis ponga trabas en el proceso. José Luis Iglesias señala que su asociación ha recibido quejas por parte de fieles que denuncian haber recibido un «trato humillante y vejatorio» cuando solicitan darse de baja de la fe católica.

José Baquer tiene experiencia en el asesoramiento a personas que desean formalizar la apostasía. En 2007-2008, la asociación Sestaferia organizó una campaña de apostasía colectiva que se saldó con la renuncia oficial de cerca de un centenar de personas. Baquer, que se encargó de ofrecer asesoramiento legal en la campaña, señala que resulta del todo imposible estimar el número de asturianos que han apostatado. A su juicio, sin embargo, son muchos más que los que reconoce la curia. A modo de ejemplo, subraya que Sestaferia imprimió 500 instancias durante aquella iniciativa que terminaron por agotarse al cabo de unos meses. Este letrado afirma además que la Iglesia esconde los datos reales para no perder influencia. «Cuántos más fieles reconozca oficialmente, más capacidad de presión», señala.

Javier no tuvo problemas para formalizar su apostasía. Lo hizo en 2007 de la mano de Sestaferia. Cubrió la instancia con sus datos personales y al cabo de unos meses recibió una notificación del arzobispado.

Ésta fue, resumidamente, la respuesta de la diócesis:

«Abandonó la Iglesia por acto formal el día 10 de diciembre de 2007».

Igualmente se ha ordenado al referido Párroco que asegure la cancelación de sus datos personales de cualesquiera listados, ficheros o bases de datos de organismos oficiales en los que pudiera constar.

Al tiempo que le comunico todo lo procedente, también le quisiera dejar constancia de que la Iglesia siempre estará dispuesta a acogerle de nuevo si en algún momento reconsiderase su decisión actual.

En la misma carta, la Iglesia advertía a Javier de las consecuencias de la apostasía:

  • Exclusión de los sacramentos.
  • Privación de las exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte se hubiera dado alguna señal de arrepentimiento.
  • Exclusión del encargo de padrino para el bautismo y la confirmación.
  • Necesidad de licencia del Ordinario del lugar para la admisión al matrimonio canónico.

«Los motivos por los que presenté la renuncie figuran en la instancia. No profeso la fe y fui incluido en ella cuando no tenía capacidad de raciocinio», señala tajante este apóstata.

Javier y sus compañeros en aquella campaña colectiva lo tuvieron fácil. No hubo problemas. En octubre de 2008, una sentencia del Supremo complica las cosas. Exime a la Iglesia de la obligación de  borrar del Libro de Bautismos a quienes reniegan de su fe. ¿Apostatar para nada? Lo cierto es que el derecho a renunciar al catolicismo queda tocado, herido, con el dictamen del Supremo. Quienes desean apostar reciben a partir de entonces un documento en el que consta que han sido dados de baja de la Iglesia. Sin embargo, la institución no tiene por qué borrarlos de los libros de registro.

«La batalla legal está perdida», señala José Luis Iglesias, que apunta directamente a la magistrada del Supremo Margarita Robles, que fue también secretaria de Estado de Interior entre 1994 y 1996 con un gobierno socialista. Iglesias recuerda que Robles se acogió a una peripecia legal para fallar a favor de la jerarquía. «Vino a decir que la Iglesia no tenía obligación de borrar los datos porque formaban parte de archivos históricos», señala el presidente de Asturias Laica.

Con la batalla legal perdida, la guerra, sin embargo, sigue librándose. Quienes desean apostar tienen derecho, por lo menos a recibir una notificación del arzobispado en la que figura su renuncia a la fe. El proceso es sencillo. Basta con cubrir la instancia y enviarla por correo certificado junto a una copia del DNI al arzobispado. Algunas diócesis reclaman además una partida de bautismo. Al cabo de un tiempo, más o menos largo, la Iglesia devuelve un escrito confirmando la apostasía.

Asturias Laica ha detectado que este proceso, sobre el papel muy fácil, a menudo es trabado por la propia jerarquía eclesiástica. El presidente del colectivo comenta que en algunos casos la Iglesia se niega a recoger los impresos y establece como requisito obligatorio el mantenimiento de una entrevista personal. Asimismo, Asturias Laica ha recibido quejas por «trato humillante y vejatorio» en las entrevistas. Por todo ello, recomienda rellenar los impresos y enviarlos por correo certificado con acuse de recibo y negarse siempre a realizar entrevistas personales.

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