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Soraya Nárez, exmiembro de Testigos de Jehová y autora del libro 'No somos parte de este mundo' / Soraya Nárez

La huida “hacia la libertad” de una extestigo de Jehová: “Usan técnicas de manipulación”

Tras una infancia y adolescencia en el grupo cristiano, la madrileña Soraya Nárez denuncia que se trata de “una organización que usa técnicas de manipulación para retener a sus adeptos”

A la universidad, igual que al colegio, se va a estudiar y no a hacer amigos. La música puede moldear tus pensamientos, lograr la inmoralidad sexual y terminar en una depresión o un embarazo no deseado. La masturbación hay que evitarla. El sexo, solo en el matrimonio (heterosexual) y teniendo en cuenta que los hombres gozan de mayor deseo. El Armagedón está al caer. Ese día, Dios tomará el control y terminará con la maldad. Entonces, la Tierra será un paraíso en el que solo vivirán los que adoran a Jehová.

Soraya Nárez (Alcalá de Henares, Madrid, 1990) creció pensando así, con esos mensajes calados en su cerebro. Nació en una familia que pertenecía a los testigos de Jehová, la organización que rechaza las transfusiones de sangre, la celebración de la Navidad y los cumpleaños, y que divide al mundo en dos: “Los buenos y los malos, los hijos de Dios y los de Satán”. La realidad de Soraya era esa división del mundo. “Claro que te lo crees. Las instrucciones que recibíamos venían de Jehová. La obediencia a Dios pasa por la sumisión a la organización y sus normas”, explica.

Sus padres, que vivían en un barrio marginal, empezaron a asistir a reuniones y a cursos bíblicos no tanto interesados en la religión sino atraídos por “una familia” que les brindó apoyo para salir adelante, un entorno presuntamente seguro. Dejaron de fumar y de decir palabrotas. Se alejaron de amigos y familiares, y comenzaron a ser parte del “pueblo escogido por Dios”. Así nació Soraya, en ese “set de adoración pura”.

Deconstruir la vida

Cuando cumplió 25 años, después, entre otras cosas, de conocer a Fran, una persona que no la juzgó ni la ridiculizó por sus creencias sino que se las rebatió y le ofreció información rigurosa, Soraya decidió ser “mundana”. Es decir, pertenecer al mundo real, no al de los testigos de Jehová. El precio a pagar fue caro. Tuvo que deconstruir su vida, desprenderse de la culpa, convivir con una profunda tristeza y recibir ayuda psicológica. Las normas del grupo son férreas y su padre, una de las personas a las que más ama, sigue a día de hoy sin tener contacto con ella.

“Te espero cada día, papá. Te espero siempre”. Con esta frase, Soraya termina el libro ‘No somos parte del mundo’ (Penguin Random House), estremecedor, sincero y valiente retrato sobre su vida como testigo de Jehová y cómo consiguió “escapar hacia la libertad”. El ensayo no está escrito desde el odio sino desde la firme creencia de poder ayudar a todos los que quieren escapar de “una organización con jerarquía y normas, un grupo que moldea tu vida y que no te permite tomar decisiones libres”.

Persuasión coercitiva

La persuasión coercitiva es “un mecanismo cognitivo que opera a través de creencias falsas e ideas erróneas y lleva a una víctima a pensar que es deseable y conveniente perpetuar el vínculo que mantiene con su agresor”. Así lo definen los miembros de RedUNE, entidad no gubernamental dedica a la prevención del sectarismo y el abuso de debilidad que lleva mucho tiempo tratando de tipificar penalmente la persuasión coercitiva. Antes de verano, llevarán al Congreso de los Diputados las 300.000 firmas de apoyo que han conseguido.

“Cuando cambias de opinión y quieres salir te dicen que es una decisión personal. Pero es mentira. Te expulsan, lo que conlleva que dejes de tener contacto con tu familia. Es una pérdida muy grande que puede ocasionar daños en tu salud mental”, explica Soraya, que, a sus 33 años, es atea pero ha conseguido reconciliarse con las religiones y no meterlas a todas en el mismo saco.

¿Son los testigos de Jehová una religión, una secta, un grupo? Oficialmente, en España, la iglesia de los testigos cristianos de Jehová está considerada como “una confesión de notorio arraigo”, según el real decreto 593/2015. El año pasado, el juzgado de primera instancia e instrucción número 6 de Torrejón de Ardoz (Madrid) determinó que la libertad de expresión ampara que pueda calificarse al grupo de “secta destructiva” y de “víctimas” a sus exintegrantes. Los testigos de Jehová se mostraron “perplejos y consternados” ante la sentencia judicial y anunciaron un recurso.

“Técnicas de manipulación”

A Soraya le da igual el nombre con el que bautizar al grupo. Lo que tiene claro es que se trata de “una organización que usa técnicas de manipulación para mantener a sus adeptos dentro”.

Después de ir a la universidad, viajar, leer información y conocer a “mundanos” que se convirtieron en su lugar seguro, Soraya comenzó a darse cuenta de que la verdad no estaba en las directrices marcadas por la organización. “No sales de la noche a la mañana. Es un proceso muy largo”, comenta Soraya, cuya madre y hermana también abandonaron las filas de los testigos.

Soraya se estableció en Londres, donde ha conseguido rehacer su vida. Además de vivir con sus propias ideas y trabajar, está volcada en las redes sociales y protagoniza un show mensual de comedia en castellano en un pub. Celebra cada Nochevieja y adorna su casa con un árbol de Navidad. El detalle no es menor. La foto de su abeto navideño fue lo que hizo que su padre le dijera que no podían hablar el resto de su vida. 

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