La fundamentación de la moral

Imagen Mirages & Miracles, de Adrien M & Claire B.

A partir de la constatación de que la moral es previa a, y fuente de las religiones y que la fundamentación de la asociación política necesariamente ha de hacerse fuera de las referencias religiosas, se propone un código ético laico.

El problema

Uno de los problemas que aparecen cuando se plantea la necesidad de una organización laica del Estado, es el de la fundamentación de la moral. Cada religión, con su pretensión de ser la única verdadera y su declarada guerra a las demás creencias (paganas, heréticas, etc.) toma como anclaje de su estructura la implantación de una determinada moral hipotéticamente dictada por el dios correspondiente. La presencia de este dios aparece como una condición necesaria, de ahí la intolerante posición John Locke, autor de uno de los primeros tratados sobre la tolerancia (Ensayo sobre la tolerancia.- 1667), reflejada en sus palabras:

Aquellos que niegan la existencia de una potencia divina no deben ser tolerados de ninguna manera. La palabra, el contrato, el juramento de un ateo no puede formar algo estable y sagrado, que sin embargo constituye los lazos de toda sociedad humana hasta el punto que, suprimida la creencia en Dios, todo se disuelve”.

Más de 350 años después, el obispo católico de Oviedo, en su publicación como suplemento semanal en el periódico de mayor tirada de Asturias (Esta Hora todos los jueves en La Nueva España), y en el repaso que al catecismo católico realiza punto por punto, afirma:

374.- ¿Cómo se forma la conciencia moral para que sea recta y veraz?

La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia, se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia.

Y como no existe otra constancia de la supuesta palabra de su hipotético dios que la que especifique su gestora en la realidad, es decir, la iglesia católica, la afirmación se reduce a que la moral recta y veraz para un católico es aquella que dictamina la cúpula misógina y gerontocrática del Vaticano.

Huellas del avance

Pero, a pesar de todo, el pensamiento humano avanza. Ya en 1785, Kant (Fundamentos de la metafísica de las costumbres), tras plantear:

Todo conocimiento racional, o es material y considera algún objeto, o es formal y se ocupa tan sólo de la forma del entendimiento y de la razón misma, y de las reglas universales del pensar en general, sin distinción de objetos. La filosofía formal se llama lógica; la filosofía material, empero, que tiene referencia a determinados objetos y a las leyes a que éstos están sometidos, se divide a su vez en dos. Porque las leyes son, o leyes de la naturaleza, o leyes de la libertad. La ciencia de las primeras llámase física; la de las segundas, ética; aquélla también suele llamarse teoría de la naturaleza, y ésta, teoría de las costumbres”

dedica un largo tratado para fundamentar esa “teoría de las costumbres”, que culmina con:

El uso especulativo de la razón, con respecto a la naturaleza, conduce a la necesidad absoluta de alguna causa suprema del universo; el uso práctico de la razón, con respecto a la libertad, conduce también a una necesidad absoluta, pero sólo de las leyes de las acciones de un ser racional como tal.”

Es decir, que para Kant, la moral del ser humano ha de construirse aplicando la razón a la libertad, independientemente de la autoridad divina que, como creyente, él reconoce. Su planteamiento constituye ya una importante alternativa racional a las teorías teológicas morales dominantes en su tiempo.

Con la evolución de su obra, tras las innumerables revisiones críticas a las que han sido sometidas sus ideas, con los avances de los estudios filosóficos, etnológicos, neurológicos y sociológicos, con el avance del pensamiento humano en su globalidad, es posible afirmar que la moral es el fundamento de las religiones y por lo tanto previa a ellas.

Así, cuando la Biblia pone en boca de Lot, para defender a sus invitados de los varones de Sodoma que querían “conocerlos” (Génesis 19):

Os ruego, hermanos míos, que no hagáis tal maldad.  He aquí ahora yo tengo dos hijas que no han conocido varón; os las sacaré fuera, y haced de ellas como bien os pareciere; solamente que a estos varones no hagáis nada, pues que vinieron a la sombra de mi tejado”.

no tenemos que concluir que el supuesto autor de ese texto fuese un dios patriarcal y depravado, sino que el tratado moral de los judíos recoge la cultura común a su época en su territorio, como se puede deducir de la lectura de cualquier otro código coetáneo.

No es necesario apoyarse en el rechazo que este texto bíblico nos genera hoy para identificar una evolución moral de la humanidad. Es un hecho constatable, como afirma Salvador Giner (“El origen de la moral”.- Salvador Giner), que la evolución moral de la humanidad a pesar de no haber seguido un camino único, ni haber sido la misma en todas las sociedades, es sociológicamente identificable en su avance. Sirva como muestra la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que si bien tuvo que esperar hasta diciembre de 1948 y a la inmensa masacre de dos guerras mundiales consecutivas, arranca ya en el primer considerando de su preámbulo estableciendo que:

Llibertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana

Contexto y propuesta

Y es desde este estadío del pensamiento humano desde el que cobra pleno significado la caracterización del laicismo que realiza Catherine Kintzler (“Tolerancia y Laicismo”.- Catherine Kintzler) cuando afirma:

No se trata de considerar las comunidades de pensamiento tal como existen en una sociedad dada y de construir una legislación que les permita flanquearse apaciblemente” sino que es  necesario admitir que “el hecho religioso… no tiene ningún carácter fundador o primordial, previo a la asociación política” y por lo tanto es necesario “pensar el fundamento de la asociación política fuera de toda referencia religiosa”.

Al situar los fundamentos de toda asociación política en una posición previa a cualquier concepción religiosa está planteando la necesidad de elaborar unos principios éticos independientes de las diferentes morales religiosas, que permitan armar esa asociación política primigenia.

Es indudable que este tipo de principios han de ser muy generales. Así Europa Laica (Apuntes sobre el laicismo.- cuaderno 1.- Europa Laica) establece que:

El laicismo asume la salvaguarda y la garantía de valores morales fuertes,…valores universales, cuya raíz está en los derechos humanos (libertad de conciencia, autonomía moral, igualdad entre el hombre y la mujer, dignidad de las distintas orientaciones sexuales, libertad a la hora de decidir sobre la interrupción voluntaria del embarazo, etc.)

Pero también es posible establecer, como realiza Harari (“21 lecciones para el siglo 21”. Yuval Noah Harari), una serie de “compromisos” que, como conjunto de mínimos, caracterizasen la interpretación práctica del ejercicio de la laicidad. En esta línea se podían considerar los siguientes:

  1. Compromiso con la igualdad.

De acuerdo con el primer considerando de la Declaración Universal de los Derechos Humanos es imprescindible el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

  1. Compromiso con la verdad

Con la verdad que se basa en la observación, la contrastación experimental, la evidencia y la siempre posible falsación. Es decir en la verdad científica tal y como se concibe hoy día.

  1. Compromiso con la libertad de conciencia

Lo que significa compromiso con la libertad de pensamiento, con la libertad de expresión y con la libertad de investigación.

  1. Compromiso con la comprensión del sufrimiento

Una ética laica debe apoyarse en una profunda comprensión del sufrimiento que permita orientar todas las actuaciones a la minimización del sufrimiento de todos y cada uno de los miembros de la familia humana. Comprensión del sufrimiento que sustente tanto la lucha contra la muerte y/o la explotación como la defensa de la muerte digna y por tanto de la eutanasia.

  1. Compromiso con la responsabilidad

Previa a toda estructura de creencias, la ética laica obliga a asumir de forma individual y colectiva la responsabilidad por las consecuencias de nuestras acciones y omisiones. La búsqueda  y establecimiento de soluciones para que el mundo en el que vivimos y deseamos que vivan nuestros descendientes se sostenga y mejore, es responsabilidad nuestra.

Este código laico, como código regulador de las relaciones políticas de los ciudadanos y las ciudadanas, permite configurar un espacio de laicidad compatible con la práctica individual de muchas de las religiones actuales. Para su funcionamiento sólo se necesitaría que, como dice Harari:

Siempre que cuando el código laico entre en conflicto con la doctrina religiosa, esta última ceda el paso.

Y para eso es imprescindible que todos seamos capaces de diferenciar el espacio social de uso colectivo y público de la actuación privada y personal de cada uno.

Luis Fernández González es presidente de Asturias Laica

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