La fe

La junta constructora del templo de la Sagrada Família ya amenaza con llevar a los tribunales su caso, que es el proyecto del trazado del AVE.

La junta constructora del templo de la Sagrada Família ya amenaza con llevar a los tribunales su caso, que es el proyecto del trazado del AVE.
Del supuesto testimonio de ciertos arquitectos australianos o neozelandeses que, según los propagandistas del templo, apoyan a la junta y llaman a las autoridades barcelonesas "vándalos irresponsables" hemos pasado a los tribunales. Y curiosamente –Dios existe– esta amenaza coincide con cierta votación popular según la cual el templo de la Sagrada Família es la primera de las siete maravillas de Catalunya.
Tengo en gran consideración a Joan Rigol, a quien suelo ver paseando una ausencia por la Rambla de Catalunya. Este hombre de hechuras prudentes y conciliadoras es, entre otras cosas, autor de un libro en el que, desde su raíz cristiana, cuenta lo que debe ser un político católico. Pero ahora parece que alguien lo ha convertido en guerrero.
No se entiende que personas de fe, como se supone que son los miembros de la junta constructora de la Sagrada Família, teman que el trazado del AVE pueda poner en peligro la existencia del templo más visitado y fotografiado de Barcelona, es decir, del más turístico. Y no se entiende porque, si se tiene fe, se sabe que las cosas ocurren por la voluntad de Dios. Y si la voluntad de Dios está en la Sagrada Família también lo está en el trazado del AVE.
Nunca se ha de hacer caso al rumor. Ni a una conversación espontánea. Conversación como la que escuché mientras tocaba la cobla Baix Llobregat. Fue aquella mañana en que alguien muy hábil mezcló ciertas protestas vecinales con los 100 años de la sardana La Santa Espina y los 125 de la colocación de la primera piedra de la Sagrada Família.
Aquella mañana uno cazó cierto comentario, según el cual algunos temen que la Sagrada Família se venga abajo no por el AVE sino por sí misma. Si eso fuera cierto –que no debe serlo–, quizá esas gentes quieren adelantarse a los acontecimientos para así poder echarle las culpas al AVE. Pero nunca se debe hacer caso al rumor. Tampoco a una conversación cazada al vuelo.

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