La enseñanza de la Biblia es en la Iglesia, no en las escuelas públicas

La representante demócrata Kimberly Daniels (Jacksonville) participa en un debate en la Cámara de la Florida, el 31 de enero de 2018. ROBERT HUNTER FLORIDA HOUSE PHOTO

Cuando quería que mis hijas aprendieran a tocar el piano, no se me ocurrió exigirle al gobierno que la enseñanza del instrumento más popular del mundo fuera parte del currículo escolar.

Para mí era importante ampliar la educación de las escuelas públicas más allá de la participación de mis hijas en el coro y la banda con una educación musical formal y estructurada. Así que haciendo trabajos adicionales, prioricé el aprendizaje del piano en mi presupuesto y pagué las lecciones privadas de los sábados. Otros padres habitualmente hacen lo mismo cuando inscriben a sus hijos en experiencias de aprendizaje extra curriculares que encuentran útiles, expansivas o complementarias, ya sea en deportes, clases de baile o capacitación religiosa en la Iglesia.

Entonces, ¿por qué razón ahora los contribuyentes de la Florida tienen que subsidiar, a petición de cristianos evangélicos, la enseñanza obligatoria de la Biblia en las escuelas públicas?

Adoctrinamiento. Ideología. Fanatismo.

Un montón de escuelas chárter y religiosas ya ofrecen estudios bíblicos. Pero eso no es suficiente para aquellos que quieren cristianizar el estado. Enviar a sus hijos clases de Biblia, adorar, creer no los satisface. También quieren evangelizar al resto de nosotros. Desde su punto de vista, lo que falta en nuestras vidas es Cristo y nuestro reconocimiento de que la Biblia, el libro más vendido del mundo de todos los tiempos, es la palabra de Dios.

Y le están vendiendo a la Legislatura de la Florida la idea de que la enseñanza de la Biblia y su impacto en la historia y en las culturas mundiales debería ofrecerse como parte del plan de estudios de la escuela secundaria en todos los distrito escolares.

La escuela no es el lugar para los estudios bíblicos, pero eso no impidió esta semana que un subcomité de educación de la Cámara de Representantes aprobara rápidamente una ley para exigir que todas las escuelas públicas ofrecieran estudios bíblicos como una clase electiva.

“La palabra clave es electiva”, argumentó la ponente del proyecto de ley, la representante Kimberly Daniels, ex predicadora, exorcista de demonios y una demócrata peculiar de Jacksonville que no es afecta al presidente Barack Obama, pero ama a Donald Trump.

Daniels dió un salto a la fama nacional con la proclamación cuando predicaba de que agradecía a Dios por la esclavitud. “Si no fuera por la esclavitud, yo podría estar en algún lugar de África adorando a un árbol”, dijo. Esta barbaridad parece no haber afectado su credibilidad en la Florida en absoluto.

Los colegas legisladores ha tomado muy en serio su propuesta.

“Este es un tema de política pública, no un tema de culto religioso”, insistió Daniels. “Esto es simplemente un curso de alfabetización”.

“La religión no será impuesta ‘a las malas’ ”, agregó.

Pero uno por uno, eso es exactamente lo que hicieron los partidarios de la HB 195 en el Subcomité de Calidad Pre-K-12 de la Cámara. No les preocuparon las objeciones de que, entre otras cosas, la medida puede ser inconstitucional y seguramente generará procesos legales costosos.

El hecho de que vivamos en un país fundado en el principio constitucional de libertad religiosa, lo que significa que podemos acoger cualquier tipo de religión o rechazarlas a todas, no inquietó a los legisladores.

O que Daniels y sus partidarios ni siquiera pudieran responder a la pregunta más elemental: ¿Qué tipo de Biblia se enseñaría? ¿La versión católica preferida? ¿La edición de King James? ¿Los textos griegos y hebreos? Hay más de 60 versiones solamente en inglés.

Y, preguntó la representante demócrata Anna Eskamani (Orlando), ¿qué pasa con el estudio de otras religiones mundiales representadas en la población del estado de la Florida?

“No sé cómo se puede pretender tener neutralidad religiosa si su curso se centra en un solo libro sagrado”, dijo Eskamani.

Pero Daniels y sus partidarios, incluido un grupo religioso “familiar” que promueve la conversión de los niños LGBTQ, insistieron en que la Biblia se puede enseñar como “material objetivo”. Y están modelando su propuesta de estudios bíblicos semejando una ofrecida en Kentucky, donde el gobernador promueve el día de “Traiga su Biblia a la escuela”.

Los legisladores que promueven a Dios o la Biblia no son nada nuevo en Florida.

En efecto, el año pasado, Daniels presentó otro proyecto de ley que exigía que todas las escuelas públicas y todos los edificios utilizados por las juntas escolares distritales en el estado exhibieran de manera destacada el lema “En Dios confiamos”.

Su proyecto de ley fue aprobado por la Cámara de Representantes pero no logró la aprobación del Comité de Educación del Senado. Pero allí no terminaron las cosas. El requerimiento “En Dios confiamos” se incluyó en el proyecto de gastos firmado y convertido en ley por el gobernador Rick Scott.

¿Qué tal esto como ejemplo de imposición “a las malas” de la religión a los floridanos?

No importa cómo se camufle, la legislación sobre los estudios bíblicos no es más que otro intento de infiltrar el evangelismo en las aulas públicas laicas de la Florida. Como si los fatigados maestros y estudiantes de 2019 también necesitaran implantar guerras religiosas en la ecuación de la educación.

Para citar a Eclesiastés: “Para cada cosa hay una estación, y un tiempo para cada propósito bajo el cielo…”.

El presidente del próximo subcomité de educación que abordará el proyecto de ley ha dejado en claro su apoyo al estudio de la Biblia. Pero el representante republicanos Chris Latvala (Clearwater), debería centrarse en las necesidades reales de las aulas y dejar la religión donde pertenece: en la esfera privada.

Si quieres que tus hijos aprendan sobre la Biblia, envíalos a la Iglesia.

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