La democracia es laica o no es democracia

A veces, una pequeña idea, sentencia o reflexión es capaz de sintetizar a la perfección un complejo entramado de percepciones y conceptos cuya esencia, en el torbellino de los acontecimientos, se nos llega a escapar. Algo parecido me ha ocurrido al leer un artículo del historiador chileno Sebastián Jans, miembro de ILEC (Instituto Laico de Estudios Contemporáneos), que titula “La democracia es laica o no es democracia”.

Pese a que la Constitución española garantiza la aconfesionalidad del Estado en su artículo 16.3, a todos nos ha quedado más que evidente que, en la práctica, las cuestiones de Estado en nuestro país tienen mucho que ver con la confesión católica. Durante los últimos cuatro años de oposición del Partido Popular hemos sido testigos de la complicidad manifiesta entre la derecha y los obispos, complicidad que, a pesar de que se remonta a épocas inmemoriales, en la España democrática tuvo su punto álgido a partir de la llegada al poder de Aznar y “sus secuaces”.

Y hemos sido testigos – y lo seguimos siendo- del afán impetuoso con el que la jerarquía católica se “enfrasca” en hacer política y campañas de “acoso y derribo” a cualquier postulado contrario a sus intereses. En base a ese afán desmedido , su intromisión en los asuntos públicos es intensa y constante. Tanto ese así que Juan José Tamayo (gran conocedor de temas teológicos y religiosos), en un artículo publicado en El País el pasado uno de junio, exponía literalmente que “el gobierno español es rehén de la jerarquía católica”. No es el único que lo piensa puesto que es incuestionable la ominosa interferencia de las actuaciones obispales en los asuntos que conciernen a la vida pública, al bienestar y a los derechos de los ciudadanos; asuntos que nada tienen que ver con ninguna divinidad, por más que se empeñen.

Con este panorama cabe, incluso, preguntarse si la democracia que nos acoge es tal o si, tal vez, estamos inmersos en estos momentos en una teocracia solapada porque, si la democracia ha de ser laica, en España una democracia real y efectiva aún nos queda, al parecer, muy lejos.
En el último Congreso del PSOE, éste inicialmente se había comprometido a impulsar el laicismo en la sociedad española para, posteriormente, en base a una enmienda aprobada casi por unanimidad, retroceder claramente en sus intenciones laicistas. Hace pocas semanas, este mismo grupo parlamentario contribuía a echar por tierra una iniciativa que pretendía legislar la aparición de símbolos religiosos en los actos oficiales. Parece que cae fácilmente en el olvido que nunca se ha conseguido avance democrático alguno siguiendo pautas de sumisión, miedo, o displicencia política.

Ante tales contradicciones sólo me cabe suponer que, en un mar de tiburones, hay quienes pretenden nadar y guardar la ropa; pero, por encima de cualquier interpretación ante tanto titubeo y tan poca decisión, tengo la certeza –como seguro la tienen millones de ciudadanos- de que, como dice Sebastián Jans, la democracia es laica o no es democracia.

Coral Bravo. Doctora en filología, máster en psicología. Miembro de Europa Laica

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