La alcaldesa (PSOE) de Santa Cruz de Tenerife en la misa y procesión en honor a la virgen del Carmen

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife que desde hace unas semanas dirige la socialista Patricia Hernández vivió ayer su particular bautizo de mar, al presidir por primera vez la presentación civil en la procesión de la Virgen del Carmen.

Esta vez sí, a diferencia de la celebración del Corpus Christi, la regidora municipal se gozó la eucaristía, haciendo bueno el dicho popular de que Al cura se le espera en la iglesia. En primera fila, en el lado izquierdo, más próximo a donde está la pequeña talla de la Virgen Consolación de Santa Cruz, la alcaldesa y sus tres primeros tenientes de alcalde; en el segundo banco, más concejales del PSOE, completando la fila el exalcalde José Manuel Bermúdez, y en el tercer banco, más ediles de CC y del PP. Algunos prefirieron acudir a la eucaristía y aprovechar la procesión para poner tierra de por medio, como fue el caso del cabeza del PP, Guillermo Díaz Guerra.

Los políticos locales tenían quórum para celebrar pleno. Y hasta tenían refuerzos, como la presencia de Manuel Domínguez y José Manuel Pitti, consejeros del Cabildo, o de Ana Zurita, diputada del PP a nivel nacional.

Durante la misa, concelebrada por tres sacerdotes -entre los que se encontraba el párroco de La Concepción, Mauricio González-, intervino la Coral del Círculo de Amistad XII de Enero, bajo la dirección del maestro Salvador Rojas. 42 años aportando su buen hacer. Testigos de la evolución cultural de Santa Cruz.

Tras la bendición de los escapularios y antes de que saliera a la calle la procesión, el mayordomo de la Virgen del Carmen, José Arturo Navarro Riaño, supervisó que todo estuviera a punto. E hizo buena otra máxima: «Donde hubo siempre queda» porque, no había llegado la Virgen del Carmen a la puerta del campanario de La Concepción, y las autoridades municipales se apresuraron a colocarse en la comitiva, mientras José Arturo Navarro les advirtió, como luego le explicó también la jefa de Protocolo del Ayuntamiento, que la Corporación debía esperar a que saliera el trono para acompañar a la Virgen por la procesión que partió del viejo Santa Cruz para adentrarse en las obras del anhelado balcón del Atlántico.

Una vez quedó atrás el viejo Santa Cruz, la alcaldesa y toda la comitiva fue recibida a la entrada del recinto portuario por el presidente de Puerto de Tenerife, Pedro Suárez, en medio de un espectacular despliegue de efectivos de la Guardia Civil y también de la Policía Portuaria. Conforme se acercaban las embarcaciones, comenzaron las primeras «deserciones», como las del líder de los populares en Santa Cruz.

Mientras se procedía a sacar del trono para llevar a pulso a la Virgen del Carmen hasta la embarcación, de nuevo La Zarzuela interpretó otra obra a la reina de los mares, para luego amenizar la espera por el paseo por la bahía chicharrera.

Flanqueada durante todo el trayecto por la primera teniente de alcalde, Matilde Zambudio, y su número dos, José Ángel Martín, Patricia Hernández no se embarcó en esta oportunidad, no porque maree, sino porque tenía que acudir al encendido de pantallas de la TLP. Del embarque tradicional, a navegar en la red. Como dirían las abuelas, la alcaldesa asistió con ropa de misa al encendido de pantallas. En tierra se quedaron el exalcalde José Manuel Bermúdez y su número dos, Gladis de León, que departieron con los vecinos.

Nada más embarcar, don Maucio, el párroco de La Concepción, buscó su sitio de toda la vida en la embarcación; los monaguillos, entre los que se encontraba el lagunero Toni Cedrés, parecían más animados que el resto de los participantes, mientras el concejal de Urbanismo, Juan Ramón Lazcano, de Ciudadanos, abanaba con obstinación a los ocupantes de alguna embarcación cercana para saludarlos y el concejal de Seguridad Florentino Guzmán Plasencia pidió a la tripulación unas botellas de agua para pertrecharse para el viaje.

Después del paseo por el litoral de la capital, regreso de una menguada comitiva a la parroquia de La Concepción, donde el kiosco de la murga infantil Guachipanduzy, de Juanjo Coello -el único que se ha habilitado este año-, ofrecía los últimos refrigerios de una cita que rememoró el esplendor de la procesión de la Virgen del Carmen, que en Santa Cruz anuncia la llegada de la Gesta.

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