Juan José Tamayo, al presunto responsable del asesinato de Ellacuría: «La historia no le absolverá»

La declaración de ayer de Inocente Orlando Montano, ex coronel y viceministro de Seguridad Publica, en el juicio que se sigue contra él en la Audiencia Nacional por los asesinatos de seis jesuitas y de Julia Elba y su hija Celina estuvo llena de contradicciones.

La primera fue su autodefensa exculpatoria de cualquier responsabilidad en la masacre del 16 de noviembre de 1989, cuando él fue uno de los cerebros y autores intelectuales de la matanza como viceministro de Seguridad Nacional, corresponsable de la orden de asesinar a Ellacuría y a sus compañeros y encargado de velar por su estricto cumplimiento.

La segunda fue afirmar que no tenía nada contra los jesuitas e incluso mostrar su aprecio por Ellacuría (al que erróneamente le llamó licenciado cuando era doctor), mientras que a lo largo de la declaración los acusó falsamente de haber impulsado el golpe de estado de 1979, de mantener encuentros con los que llamó “terroristas” del FMLN y de apoyar a estos, así como de instruir a los niños en el uso de armas y de fotos de jesuitas con los guerrilleros, citando expresamente a Jon Sobrino. Me parece una infamia acusar a los jesuitas de defender la violencia, cuando si algo los caracterizó fue la defensa de la no violencia activa en la lucha por la justicia y la salida negociada del conflicto en que estaba inmerso El Salvador para lograr el cese de las armas y la reconciliación.

El día que mataron a Ellacuría

El día que mataron a Ellacuría
Ayer el ex coronel Orlando Montano perdió la  última oportunidad que tenía de ser sincero con la sociedad y consigo mismo, esclarecer los hechos, decir la verdad, dar a conocer los nombres de los responsables intelectuales a la comunidad internacional, que sigue conmocionada por tamaños crímenes terroristas. Se esperaba que reconociera su participación activa en la decisión de asesinar a los jesuitas, a Julia Elba y a su hija Celina, de aceptar su culpabilidad, pedir perdón y reconciliarse así con su país, con las víctimas, consigo mismo y con su conciencia.

Si esa hubiera sido su actitud, los jesuitas le hubieran perdonado, como han expresado en reiteradas ocasiones, la última a través de la declaración del 8 de junio, el día que comenzó el juicio en la Audiencia Nacional. Pero persistió en su actitud negacionista contra toda evidencia, en la obstrucción de la justicia y en la ocultación de la verdad. Ciertamente, la historia no le absolverá.

Juan José Tamayo

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