«Jovellanos se opuso a la religiosidad barroca»

El catedrático Jesús Menéndez Peláez reivindica el humanismo cristiano de Jovino, pese a su crítica a la jerarquía católica

En contra de lo que algunos puedan pensar, en un ilustrado como Gaspar Melchor de Jovellanos no existió dicotomía alguna entre fe y razón. Así lo sostiene el catedrático y presidente de la Fundación Foro Jovellanos, Jesús Menéndez Peláez, quien ayer ofreció una conferencia en el Seminario de Oviedo acerca del humanismo cristiano ejercido por el prócer gijonés.

“Jovellanos acepta la autonomía de la razón mientras no conculque verdades del dogma católico”, afirmó Menéndez durante la lectura de un conferencia en la que Jesús Menéndez Peláez ha querido reivindicar una cara del ilustrado gijonés “quizás un tanto olvidada por el laicismo que nos envuelve”. Y ello a pesar de que, según este jovellanista, “esta cara es, sin embargo, el leit-motiv, el underground de todas las demás: su profunda religiosidad”.

Pero no solo el laicismo actual contribuye, según Menéndez Peláez, a explicar el olvido que existe hacia la actitud religiosa de Jovellanos frente a otras facetas de su vida. “En la propia Iglesia hubo clérigos que lo consideraron un poco heterodoxo y eso es algo que está lejos de la realidad”, sostiene este catedrático de Literatura Española de la Universidad de Oviedo.

“Jovellanos se oponía a la religión barroca y tradicional, a la fastuosa. Es la misma actitud renacentista frente a la religiosidad medieval”, explica Jesús Menéndez Peláez, quien no duda en definir a Don Gaspar como un “fervoroso cristiano”, si bien se trataba de una persona que ejercía una religiosidad “más interna que externa”.

Pese a ello Jesús Menéndez Peláez no duda en detallar cómo en uno de los textos jovellanistas más importantes, el informe sobre la ley agraria, Jovino critica las formas de propiedad de la Iglesia, algo que Menéndez Peláez justifica por el carácter reformista de Jovellanos, lo que le propició algunos encontronazos con algunos miembros del estamento eclesial.

“Uno de ellos era el cura de Somió”, recordó Menéndez. Y es que este clérigo además de estar al frente de esa parroquia gijonesa era delegado de la Inquisición “y revisaba los libros que había” en el Instituto fundado por Jovellanos, una personalidad que según el conferenciante tenía sus enemigos dentro de la Iglesia.

A la pregunta de si la Ilustración española era más cristiana que la de otros países europeos, Jesús Menéndez reconoce que durante el siglo XVIII en España no prendió la filosofía más crítica con la religión que desarrollaron por ejemplo los enciclopedistas franceses o los ilustrados alemanes.

“La actitud de Jovellanos frente al hecho religioso, soporte de su esquema religioso, es la propia del humanista cristiano del siglo XVI: aceptación previa de una verdad revelada, punto de partida incuestionable a toda reflexión filosófica”, sostiene Jesús Menéndez, quien a la hora de señalar que no hubo en Jovellanos un divorcio entre fe y razón, recuerda sus simpatías por autores como Fray Luis de León o Erasmo de Rotterdam, cuyo humanismo cristiano, añade, “guarda analogías” con el de Jovellanos. Otro de los libros que más le influyó, destaca, fue Imitación de Cristo , una obra más conocida por el apellido de su autor, Tomás de Kempis. “Lo leía todas las noches y cuando tuvo que preparar el baúl para salir de Gijón en noviembre de 1811, le pidió a su secretario que no se olvidará del Kempis”, recordó este estudioso de la vida y obra de Jovino.

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