Jesús, Ratzinger y los niños

¿Retiraría Jesús, indignado, su embajador en España, si el Gobierno le acusara de haber ocultado casos de pedofilia?  ¿Él, que lanzó uno de sus mayores anatemas contra quien escandalizara a uno de esos pequeñuelos? ¿Él, que afirmó que su reino no era de este mundo, y sólo por burla cruel le pusieron “Rey de los judíos” al crucificarle?  Pero, claro está,  escarmentados, sus  autoproclamados representantes, para evitar ese calvario, y ser, en cambio, muy  alabados en su funeral por los príncipes de este mundo, como Juan Pablo II, vivieron en fortalezas, defendidos por una legión extranjera suiza y, cuando pudieron, se aliaron con los peores criminales, como el fascista Mussolini, para conseguir un Estado del que ser Jefe inviolable, impune. Y ahora, desde su trono de tres (3) coronas, el papa Ratzinger, que como jefe del ex (¿ex?)  Santo Oficio de la Inquisición mandaba, en documentos oficiales, tapar los casos de pedofilia clerical,  llama a consultas a su embajador en la cristianísima pero, por fin, algo más justa y democrática Irlanda.

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