Irán

Esos curas islámicos, esos ayatolás deberían montar -como Roma- una democracia islámica, o sea, un pacto entre poder y religión que sustituya al esquema actual, en el cual la religión tiene el poder.

 Me confesaba una diplomática norteamericana que el Departamento de Estado no sabe qué hacer con el Islam, tampoco entienden que una civilización que dejó maravillas de arte como Córdoba y avances técnicos como el sistema de riegos murciano-valenciano, se detuviera en el siglo XV y renunciara al progreso.

Para mí la explicación de la renuncia del Islam a la tecnología industrial está en su sistema legal. Allí las leyes se basan en el Corán. Es como si en Europa el Código Civil o Mercantil se basara en la Biblia: no podríamos comer gambas, por ejemplo. Ya sé que eso no es un atraso insuperable, pero representa una actitud arcaizante.

El Islam tiene que cambiar sus leyes civiles y mercantiles para progresar, si entendemos por progresar adoptar las innovaciones tecnológicas de la revolución industrial y ahora las de la sociedad postindustrial. Pero para realizar esa reforma debe efectuar la separación entre religión y política que fue la base del siglo XVIII, el programa de la Ilustración: la disociación de ámbitos: el religioso del civil, del científico y del económico.

En la sociedad medieval preindustrial todos esos ámbitos estaban reunidos; en la sociedad moderna, Europa los separa. Como el Islam vive en su siglo XIV, parece por ello que aún no ha llegado al siglo XVIII de su ilustración. El Islam, en su historia particular, vive aún la Edad Media y por ello la religión es el cemento aglutinador de todos los ámbitos sociales. ¿Cómo puede saltar del siglo XIV al XXI? Pues como lo intentó Kemal Ataturk en Turquía: proclamó un Estado laico en un país laico. Fue al fondo de la cuestión y cortó el nudo gordiano de la religión.

Ahora es preciso que otros países sigan ese modelo. Irán está maduro, lo estaba cuando sufrió la dictadura del sah. Lo malo es que para librarse del dictador, en vez de apoyarse en las fuerzas democráticas de la incipiente clase media, se dejó llevar por el mesianismo del cura Jomeini.

Esos curas islámicos, esos ayatolás deberían montar -como Roma- una democracia islámica, o sea, un pacto entre poder y religión que sustituya al esquema actual, en el cual la religión tiene el poder.

La modernidad se define por la disociación de ámbitos culturales: separación de arte, ciencia y moral. Separa lo verdadero (ciencia) de lo bueno (religión) y de lo bello (arte). El Islam aún no lo ha conseguido. Los jóvenes iraníes lo están pidiendo aunque no lo formulen en estas palabras. Parece que quieren emanciparse de los ayatolás y sus políticos fundamentalistas. Hay que ayudarles. ¿Dónde están las cazuelas que sonaban contra Aznar y los yanquis?

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