Iniciativa Laicista (Chile), 49. Mayo 2020

SUMARIO
EDITORIAL. Rogelio Rodríguez M.
LA PANDEMIA QUE NO VIMOS VENIR. Por Gabriel León
INICIATIVA LAICISTA CONVERSA CON ENNIO VIVALDI. Entrevista de Eduardo Quiroz
UNA EPIDEMIA DE LITERATURA. Por Sylvie R. Moulin
BUEN SISTEMA PÚBLICO DE SALUD Y EDUCACIÓN LAICA: Tareas necesarias para la sociedad pospandemia
Entrevista de Rogelio Rodríguez M.
DOGMAS EN TIEMPO DE CRISIS. Por Eduardo Quiroz S.
CONDICIÓN HUMANA Y MUERTE. Por Felipe Quiroz Arriagada
EDADISMO Y LA PARADOJA DEL CORONAVIRUS: Por Agnieszka Bozanic L.
ARTE MÁS ALLÁ DE LAS PAREDES. Entrevista de Rogelio Rodríguez
LUCE FABBRI, ENTRE LA HISTORIA Y LA LIBERTAD. Por Cristina Guzzo
Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON. Por Rodolfo Bueno (Ecuador)
DOCUMENTO: ¿Qué podemos esperar en la sociedad pospandemia? Por Gonzalo Herrera G.


EDITORIAL

Una epidemia de alcances planetarios ha puesto en jaque a la globalización. Ha demostrado que la metáfora del globo inflado (una esfera con todas sus partes absolutamente iguales y con una misma tensión en cada uno de sus puntos) no era la más apropiada para re- presentar los flujos transfronterizos, crecientes y acelerados, de personas, bienes, comunicaciones, alimentos, armas, drogas, dinero y gases contaminantes. La enfermedad COVID-19 mostró brutalmente que no todos los países son iguales ni en recursos, ni en civismo ni en el rol de poder que juegan en el concierto de todas las naciones. Y tampoco hubo una –buena, mala, como fuese– respuesta mundial unitaria. Pasado el shock de enfrentarse a una fuerza peligrosa e inesperada de la naturaleza, cada nación reaccionó a su aire.

Se cerraron las fronteras, se bloqueó o manipuló la información, se adoptó la estrategia del aislacionismo. Cada tribu se protegió a sí misma, aflorando la xenofobia y los prejuicios. No fue suficiente: el contagio llegó a todas partes. Los medios de comunicación muestran retazos de lo mal que lo pasaron o lo están pasando muchos países; de otros poco o nada sabemos, nada se informa, como si al resto del planeta no le importaran.

El orden mundial, nuestra experiencia histórica de siglos que ha conducido a la forja de un modelo estructurado de realidad, se pone en cuestión por obra y desgracia de la crisis sanitaria. ¿Lo único cierto? Que ya no tenemos certezas.

¿Aprenderemos la lección: que, en el futuro, una buena política de prevención de riesgos permitirá tomar a tiempo las decisiones pertinentes? ¿Que –para contrarrestar efectivamente las crisis tanto sanitarias como sociales y económicas– hay que dar más atribuciones al Estado y no confiar tanto en los beneficios de un mercado totalmente desregulado? ¿Que hay que invertir y educar más en ciencia, porque es a los científicos a quienes se clama por soluciones en estos casos?

En la edición que presentamos a nuestros lectores se reúne un conjunto de artículos originales y un documento cuyos autores apuntan, en mayor o menor medida, al estado de situación en que nos mantiene la pandemia y se da lustre a las reflexiones que motiva. Acompañan a estos escritos las respuestas de importantes entrevistados respecto de temas de candente actualidad, en el mismo contexto del desplome de las certidumbres a que nos obligan las circunstancias que enfrentamos.

El primer trabajo de Gabriel León gira en torno a una interrogante crucial: ¿cómo se traslada la evidencia que surge de investigaciones científicas al plano de las decisiones políticas, sobre todo si alerta sobre riesgos futuros que siempre parecen menos apremiantes que los presentes? Hoy, la inesperada pandemia revela la fragilidad de nuestra relación con la naturaleza y nos advierte sobre nuestro afán depredador del planeta en la forma de producir riqueza.

A continuación el rector de la Universidad de Chile, doctor Ennio Vivaldi, entrega su mirada lúcida y experimentada sobre aspectos relevan- tes de la crisis sanitaria y algunas lecciones que debemos aprender de ella, en un generoso diálogo con Iniciativa Laicista. Indica que debemos preocuparnos por quienes están en condiciones sociales de vulnerabilidad, pues lo que ocurra en cada sector de la sociedad afectará a toda la población. Otra lección, a su juicio, consiste en que se ha dejado de lado por muchos años el debate sobre lo público, y es fundamental que la situación sobre la educación y la salud públicas se coloquen nuevamente en la palestra.

Sylvie Moulin ilustra sobre la inspiración que han provocado las plagas y sus estragos, a lo largo de la historia, a novelistas, dramaturgos y poetas. Un brote literario por epidemia. Y se refiere con cierto detalle a seis obras, entre otras que menciona: Edipo Rey, de Sófocles; El Decamerón, de Bocaccio; La Peste, de Albert Camus; El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez; La primavera de las piedras, de Michel Peyramaure, y El viaje de Octavio, de Miguel Bonnefoy.

Un buen sistema de salud público y una educación laica, como tareas principales en la sociedad pospandemia, es lo que receta el doctor Rodrigo Salinas, neurólogo del Hospital del Salvador, entrevistado por nuestra publicación. Lo primero, afirma, por la vulnerabilidad e irracionalidad que ha mostrado, frente a la crisis, un sistema como el nuestro en que se deja la responsabilidad de la atención en salud solamente en manos de privados, adquiriendo simplemente el Estado un rol subsidiario e interviniendo solo en aspectos que a los privados no les interesan. Lo segundo, como tónico necesario contra prejuicios, supersticiones y creencias irracionales que la pandemia ha hecho aflorar en parte de nuestra población, así como la adopción irreflexiva de terapias que no poseen respaldo científico ninguno.

En su artículo siguiente, Eduardo Quiroz apunta a la mentalidad dogmática y crédula que aflora en momentos de epidemias y desastres naturales. Explicaciones basadas en demonios creadores de plagas, enojos y castigos divinos por pecados humanos, sanciones de Dios contra reformas sociales laicas, virus satánicos, venganza de Alá contra los infieles, y conductas irracionales como la búsqueda prejuiciosa de chivos expiatorios, la censura y persecución clerical a la expansión del conocimiento, el uso de terapias mágicas y curas milagrosas, la creencia de que basta la oración para sanarse, convocatorias religiosas a reuniones de fieles desobedeciendo medidas sanitarias, son reflejos de una amalgama de ignorancia y fanatismo que desgraciadamente llega a manifestarse hasta nuestro siglo.

Felipe Quiroz enseña que los seres humanos le hacemos el quite a la muerte. Es tema tabú en la cultura. Así, desarrollamos nuestra racionalidad con el propósito de olvidar nuestra condición de animal mortal. Incluso evadimos nuestro ser animal para escapar de la conciencia de nuestra finitud. Los rituales inventados para cada una de nuestras etapas y experiencias vitales manifiestan nuestra urgencia por otorgarle un significado trascendente, simbólico y lingüístico a nuestro pasar por el mundo tanto como por expandir nuestro dominio de él.

El trabajo de Agnieszka Bozanic versa sobre una consecuencia social de la pandemia: la discriminación de la tercera edad, lo que denomina edadismo. Se señaló desde un comienzo que el mayor grupo de riesgo lo constituían las personas mayores y ello provocó la aparición de discursos y titulares cargados de violencia simbólica estereotipada contra los ancianos. Para la autora, no es apropiado hablar de ‘vejez’, sino de ‘vejeces’ porque el proceso de envejecimiento y su experiencia adquiere ribetes diferentes según sexo, género, etnia, cultura y situación socioeconómica de la persona. El edadismo es efecto del capitalismo, afirma, y aboga por una nueva Constitución para nuestro país que cimiente una sociedad libre de esta exclusión, así como por un movimiento social –el GeroActivismo– que promueva una beneficiosa calidad de vida y un trato digno para la gente mayor.

Cuatro jóvenes artistas –Mirona, Max Feito, Mr OWL y Murcielagato– no han cejado, desde octubre del año pasado, en su rebeldía artística contra lo que consideran un sistema político-económico abusador, excluyente e injusto. Desde sus modos de llevar la cuarentena hogareña, dialogan con Iniciativa Laicista y muestran cómo siguen manifestando su imaginación creadora en la forja de obras de cuestionamiento, inconformismo y denuncia.

La interesante figura de Luce Fabbri, intelectual italiana militante del anarquismo, es evocada por Cristina Guzzo en el siguiente artículo. Fabbri afirma la utopía anarquista como respuesta consistente frente al drama del hombre contemporáneo, quien se debate entre las exigencias del capitalismo, la ilusión de las tecnologías y sus propias carencias. Sin embargo, sabe que ideales y utopías se diluyen y degradan cuando un movimiento revolucionario alcanza el poder. La autora recuerda su encuentro con Luce Fabbri en Montevideo, en 1998, cuando la pensadora italiana, con 90 años de edad a la sazón, conversó con ella en torno a su escrito “Una utopía para el siglo XXI”, que consideraba su testamento filosófico.

Desde Ecuador, Rodolfo Bueno aporta a esta publicación con un artículo donde examina la seria amenaza a la economía mundial que representa la pandemia del coronavirus, pues ha desenmascarado las desigualdades en salud pública, justicia social y condiciones de trabajo en las sociedades capitalistas, en particular la de las naciones del tercer mundo, donde el trabajador depende del ingreso diario para sobrevivir en condiciones paupérrimas, sin tener la mínima posibilidad de so- portar la disminución de sus ingresos, por carecer de ahorros. Al poner en cuarentena a considera- bles porcentajes de la población, cada país debe detener la producción y, con ello, se ve afectada su economía total. Solo una coordinación estrecha entre las potencias mundiales y la elaboración de un plan conjunto para estabilizar la situación después de la crisis permitirá paliar sus efectos a nivel planetario. Hay que esperar que esto no sea un mero sueño.

Finalmente, Gonzalo Herrera presenta un análisis de las condiciones que estamos padeciendo a raíz de la pandemia, requisito esencial para empezar a preguntarse hacia dónde iremos luego a girar. Distingue entre países que priorizaron muy rápidamente la salud de sus ciudadanos implementando barreras ralentizadoras de la propagación de la infección, y países que optaron por proteger principalmente la economía abteniéndose de imponer estrictas medidas de contención para evitar cierres de comercio e industrias, fugas de capitales e interrupción de cadenas de pago. Los resultados en estos últimos han sido catastróficos. Sin embargo, la apuesta entre salvar vidas o salvar la economía —disyuntiva que, para el autor, no es genuina porque las alternativas no tendrían por qué ser excluyentes— no quedará resuelta sino hasta pasada la emergencia sanitaria, cuando las naciones puedan reactivar la producción y el suministro de bienes fundamentales a toda la población, reabrir industrias y puestos de trabajo, e inyectar recursos para que las pequeñas empresas que hayan perdido todo su capital puedan reactivarse. Así, asegura, cuando “la nueva normalidad” sea una realidad y no un slogan, se deberá luchar por una pronta recuperación de niveles de vida dignos en cada país del mundo, ojalá en un escenario no capturado por políticas nacionalistas o populistas.

Rogelio Rodríguez M.

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