Iniciativa Laicista, 46. Noviembre 2019

SUMARIO

EDITORIAL
Gonzalo Herrera G.
DE CONSUMIDORES A CIUDADANOS: NUEVO PACTO O CONTRATO SOCIAL
Por Ricardo Guajardo I. y Marcos Parada U.
DESOBEDIENCIA CIVIL EN CHILE: HITOS RELEVANTES
Por Rubén Farías Ch.
LOS DERECHOS HUMANOS DEBEN ESTAR AL CENTRO  DE LA DISCUSIÓN SOCIAL
Entrevista a Ana Piquer R. de Amnistía Internacional
A PROPÓSITO DE LA EXPLOSIÓN SOCIAL
Por Carlos Cantero O.
MARCANDO EL PASO…
Sylvie R. Moulin
LA FUERZA Y LA VOLUNTAD DE SISTEMA
Por Juan Rivano
EMPATÍA
Por Marcelo Sánchez A.
HOBBES Y EL ESTALLIDO SOCIAL
Por Errol Dennis M.
CIENCIA CON MÁS CONSCIENCIA: UN RETO PARA LA HUMANIDAD
Por Magdalena Agüero C.
ALGUNOS PROBLEMAS DE LA EDUCACIÓN  Y LA POSICIÓN DEL MAGISTERIO
Por Mario Astorga G.
EL MERCADO DEL AGUA
Por Oscar Inostroza B.
DOCUMENTO: CHILE: DE LA MOVILIZACIÓN A LA CONSTITUCIÓN
Por Guillermo Fuchslocher

EDITORIAL

Nos enfrentamos como país a momentos cruciales. La oportunidad surgida de un estallido social, que se manifiesta con la presencia de millones de ciudadanos en las calles, exigiendo el respeto de derechos sociales larga- mente postergados y cambios estructurales en el sistema político económico, es tan trascendental como frágil.

Lo que fue una chispa en un polvorín —el alza de los pasajes del Metro en un país agobiado por el abuso y la desigualdad—, creó las condiciones para que muchos chilenos tomaran consciencia de que las penurias propias eran las mismas que golpeaban a sus vecinos, que la realidad social de cada uno era también la de la mayoría del país. Antes de eso parecíamos no percatarnos de que estamos insertos en relaciones de competencia que nos hace mirarnos colectivamente en muy contadas ocasiones, que la inmensa mayoría de la población corre en carriles separados, jefas y jefes de hogar salen cada mañana a ganarse el sustento familiar, permaneciendo una hora o más en un bus sin cruzar palabra con el que tiene al lado. La lógica del neoliberalismo moldeó la mentalidad de muchos, llegándose a aceptar como normal que el mercado invadiera la vida de las personas más allá de su voluntad de consumo, abarcando aspectos esenciales como la salud, la educación, la previsión social, etc. Y entonces un día ¡Chile despertó!

La apertura del gobierno —distante y tardía—a prestar oídos a las demandas sociales más sentidas, como pensiones, ingresos mínimos, freno a las alzas en los servicios, fin al lucro en los medicamentos, además de presenciar sin aparente oposición el acuerdo para una nueva Constitución Política alcanzado entre los partidos oficialistas y los de oposición, abrió sin duda una moderada esperanza de que la exigencia de los ciudadanos pudiera hacerse realidad, y que se iniciara un proceso constituyente verdaderamente democrático, que nos permita elaborar un nuevo proyecto de sociedad.

La oportunidad que surge de este acuerdo no está libre, sin embargo, de circunstancias apremiantes que pudieran poner en riesgo dicho objetivo.

El primero es algo de lo cual el país ha de- mostrado tener plena conciencia: los políticos que llevan sobre sí la máxima responsabilidad en la toma de decisiones, más allá de su definición ideológica e incluso de su probidad, han mostrado incapacidad para oponerse a las normas establecidas por el modelo neoliberal, tanto en lo social como en lo presupuestario, para otorgar condiciones de vida más soportables a los que iban que- dando fuera del mercado: ancianos, pensionados, discapacitados, personas laboralmente no calificadas. La exclusión de miles y miles de jóvenes marginados, ha dado por resultado su captura por bandas de narcotráfico, engrosando los grupos que ahora ejercen una violencia destructiva y atemorizante para la clase media esforzada.

Quisiéramos ver hoy una clase política, que ha hecho públicos mea culpas, que ha asegurado escuchar la voz ciudadana, empeñada en concretar acuerdos razonables que permitan mostrar una real voluntad de atender las demandas de los grupos más postergados, de llegar con soluciones a la gente con mayores necesidades en el más breve plazo. Sin embargo, frente a la presión ciudadana, que no baja la intensidad de sus demandas, como en la fábula del escorpión, a la hora de negociar algunos vuelven a las viejas trincheras, se parapetan para rescatar retazos de convicciones ideológicas estériles, unos negándose a dialogar usando como pretexto el que no se acojan peticiones fuera de toda viabilidad, otros apuntalando en forma pueril un edificio ya derrumbado, cerrando la cartera fiscal y cicateando porcentajes minúsculos que sólo permitirían entregar soluciones simbólicas. Un compromiso real con la urgencia de aliviar las condiciones de vida de los chilenos más desprotegidos, significa hacer un esfuerzo significativo como país, tanto de parte del fisco como de los grandes empresarios, que han sido los únicos beneficiados por la economía en los últimos 40 años.

La sobreideologización de las posturas de los parlamentarios es posible percibirla también en la mesa que discute las condiciones para llegar a un plebiscito que legitime la aspiración ciudadana de reemplazar la actual Constitución, estructura jurídico-política que sustenta el modelo que la ciudadanía hoy repudia. Pero, de nuevo, como una tragedia griega, los protagonistas vuelven a comportarse como si nada hubiera cambiado, peleando por porcentajes de aprobación, amenazando que bajo determinadas circunstancias de no acuerdo regiría la Constitución de 1980, u oponiéndose a otorgar cuotas en favor de los pueblos originarios, chilenos flagrantemente excluidos del desarrollo económico y social. ¿Es que se les hace tan difícil confiar en un rayado de cancha más democrático? ¿Es que estas personas que la historia puso en un puesto tan trascendental, en un momento álgido de nuestra vida republicana, no pueden enfrentar esta responsabilidad con patriotismo, altura de miras, velando por el bien común y no por los intereses exclusivos de aquellos sectores que financian sus campañas electorales?

Otra gran amenaza para una salida democrática de la crisis es la violencia irracional que, con saqueos e incendios, azota cada noche al pequeño y mediano comercio en las comunas más pobres de nuestro país. El daño que esto provoca a emprendedores y gente de esfuerzo puede ser irrecuperable, llevando a la ruina a ese sector de la economía que es precisamente en el que se desenvuelven las personas con menores ingresos. La proyección de una onda de temor al resto de la economía puede provocar consecuencias altamente perniciosas, afectando los recursos fiscales en momentos que más se requieren para financiar las leyes rectificadoras, con las que se pretende aminorar la desigualdad que tan profundamente ha herido la dignidad de millones de compatriotas.

Lamentablemente, el presidente Piñera se mantiene fuera de la discusión política y actúa esporádicamente en la lógica de la represión y el aumento de las penas a los violentistas. No sirvió al comienzo de la crisis ni servirá ahora la pretensión de amedrentar a los individuos que roban y destruyen bienes públicos y privados, porque ellos no se sienten parte de esta sociedad, por lo tanto no tienen ninguna disposición a acatar leyes. Guardar el orden público debe hacerse con los recursos de fuerza que legalmente dispone el Estado, pero apegándose estrictamente a las normas de un Estado de derecho, esto es sin atropellar los derechos humanos, ni siquiera tratándose de personas que están ejerciendo violencia.

El país debe entender que mientras no haya una estabilidad en materia de seguridad ciudadana, muy difícilmente podrán implementarse el plebiscito y el proceso constitucional a los que la mayoría de los chilenos aspiran. Es tarea de todo ciudadano responsable y consciente colaborar para que los cambios que la movilización civil demostró que eran posibles de realizar, se lleven a cabo manteniendo la exigencia de un diálogo sin claudicaciones, que comprendemos es muy complejo, entre todos los sectores políticos con re- presentación popular, y demandando que de una vez el presidente Piñera se abra a conversar con el mundo de las organizaciones sociales que, no por nada, han sido los verdaderos protagonistas de este proceso.

En resumen, es necesario condenar sin ambages la violencia y el vandalismo, que a esta altura, utilizada como instrumento político, es brutalmente reaccionaria.

El único camino posible es el de avanzar hacia una nueva realidad social e institucional, salvaguardando por sobre todo la paz y la democracia.

Gonzalo Herrera G.

Ver la revista completa en PDF: Iniciativa Laicista 46

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