Hipócrita fervor pro-matrimonio homosexual en el PP

La inmensa mayoría de los prebostes del PP han dado muestras de una hipócrita alegría (empezando por el ministro Alberto Ruiz-Gallardón) tras conocerse la sentencia del Tribunal Constitucional que avala el matrimonio homosexual y rechaza el recurso que ellos mismos presentaron contra este tipo de unión. Recordemos que los populares han defendido con uñas y dientes que la ley que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo, desnaturaliza "la institución básica del matrimonio" y vulnera la Constitución al contravenir que "el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica".
 
Los ‘recursos’ de los populares
Tras este fallo (que legitima las cerca de 25.000 uniones entre personas del mismo sexo celebradas tras la aprobación en 2005 de la Ley del Matrimonio Homosexual) han surgido múltiples muestras de hipocresía de quienes antes callaron y ahora aplauden las bodas gays con falso progresismo. Además del ministro de Justicia, también Esteban González Pons se muestra feliz con  la decisión del Constitucional y asegura que él no firmó el recurso que en su día respaldaran las rúbricas de Fernández Díaz (ministro de Interior) y Jesús Posada (presidente del Congreso) entre muchos otros.
Sin embargo, y aunque algunos populares se echen ahora atrás y otros maquillen el recurso escudándose en una reivindicación puramente semántica, la postura del partido de la gaviota rezuma un repudio farisaico contra las uniones homosexuales. 

Igualmente sucede con los recursos presentados por el PP contra la ley socialista de igualdad (recurso que también han perdido) y  contra la ley de plazos del aborto (aun pendiente de que el Constitucional se pronuncie). El caso es que el PP, (que está ofreciendo un imagen de partido homófono que no apuesta por la igualdad de género y que en cuestiones de fe actúa el dictado de los obispos) ha hecho ya  el ridículo dos veces con los dos recursos que le han tumbado y tal vez sería inteligente que retiraran el que tienen aun pendiente.


Rouco y sus hermanos
Una vez más (y van más de un millón) la Conferencia Episcopal ha opinado sobre los asuntos del César en vez de  darle a Dios lo que es de Dios y hacerlo en sus templos.  En esta ocasión, su intromisión en política ha sido afirmar que la legislación española sobre el matrimonio es "gravemente injusta" y proponer una "urgente" modificación de la ley para “proteger a la familia” en base al "derecho a ser reconocidos esposo y esposa” y “el derecho de los niños  a ser educados como esposos y esposas del futuro y a disfrutar de un padre y una madre en una familia estable”. 
Se lamentan los obispos de que los españoles han "perdido el derecho a ser reconocidos por la ley como esposo o esposa cuando se les inscribe en el Registro Civil como cónyuge A o cónyuge B". Pero nada dicen de que una virtud teologal como es la caridad (tan etérea e impalpable) se haya convertido en algo tan terrenal y material como es una equis marcada en la casilla de un impreso de la declaración de renta donde dice:  ‘páguese parte de mis impuestos a la Iglesia Católica’.

Con la Iglesia hemos topado
Una vez más, la jerarquía católica se comporta como una organización anclada en el medievo al afirmar "con dolor" que las leyes de España "no reconocen ni protegen al matrimonio” y al pide "que María Santísima interceda por los gobernantes, sobre quienes pesa el deber de ordenar con justicia la vida social". Todo ello mientras exhiben una actitud enfermiza y nada caritativa contra la homosexualidad a la que consideran una enfermedad y tal vez un castigo divino.
Y hablando de castigos divinos, no deja de ser curioso que los países que más sufren las consecuencias de la crisis económica, sean precisamente los más religiosos y en los que el cristianismo (vaticano u ortodoxo) tiene más poder. A saber: España, Grecia, Portugal e Italia. 
 
Permitir no es obligar
Quienes cuestionan los matrimonios homosexuales, deberían considerar que la ley  que ha refrendado el Tribunal Constitucional “permite” pero no “obliga” a nadie ni a ser homosexual ni a casarse con alguien de su mismo sexo.

Lo mismo sucede con la ley de plazos del aborto, que “permite” pero no "obliga" a ninguna mujer  a abortar. 

Faltaría más señor Rouco. Aquí, las únicas leyes que obliganson las que ustedes, durante siglos, han predicado para infundir miedo y desesperanza en unos hombres y mujeres de buena fe a quienes han manipulado fomentando su ignorancia. Son ustedes quienes, en lugar de predicar a ese Dios que, según la Biblia, es amor, libertad, dignidad, humildad, justicia y bondad, se han dedicado a "prohibir"  (en vez de permitir), y a imponer unas creencias y unas normas que ustedes incumplen sin escrúpulos.
 

La herencia de Zapatero
Dejo constancia de que no es mi intención defender a José Luis Rodríguez Zapatero, un político que he censurado hasta la saciedad por la mala gestión del su gobierno al negar la existencia de una crisis mientras otros países tomaban medidas para combatirla. Pero no me duelen prendas en reconocer que la gran herencia que de él hemos recibido, no es la que esgrimen los políticos del PP cuando queda al descubierto su incompetencia, sino haber puesto a España en la vanguardia en cuestiones de igualdad y de derechos sociales y haber antepuesto el estado de bienestar de la ciudadanía a cualquier otro tipo de interés. Valga como ejemplo que nuestra ley de matrimonio homosexual fuera la tercera en aprobarse en todo el mundo.

Colofón
Acuso recibo de la sentencia del Tribunal Constitucional y me congratulo porque que se haya desestimado el recurso contra la Ley del Matrimonios Homosexuales presentada por un partido político, sin duda, persuadido e influido por la impronta de la Conferencia Episcopal Española y por su inmenso poder.

Archivos de imagen relacionados

  • Matrimonio gay
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...