Generación acogida ¿Cómo debe combatir la escuela el integrismo?

Garantizando el éxito escolar de todos sus alumnos», afirman los pedagogos.

«Y que la escuela sea, de paso, realmente laica y plural, no la escuela de la religión católica que se va a imponer ahora», agrega Montse Ros (CCOO)

«¿Cómo debería combatir la escuela el integrismo, el radicalismo y cualquier otro ismo que pueda surgir? Pues garantizando el éxito escolar de todos sus alumnos». Rotundo y sin matices, el presidente de la federación de Movimientos de Renovación Pedagógica de Catalunya, Jaume Aguilar, considera que más allá de las declaraciones institucionales, de los pactos de buenas intenciones, «lo realmente necesario es que los políticos pongan de una vez los medios para garantizar la equidad y evitar la segregación de los estudiantes por razones económicas».

«Y que la escuela sea, de paso, realmente laica y plural, no la escuela de la religión católica que se va a imponer ahora», agrega Montse Ros, secretaria de Educación en CCOO en Catalunya, que recordó que, en lugar de eso, lo que ha hecho el Gobierno central es suprimir la asignatura de Educación para la Ciudadanía y ha reforzado el estudio de la religión católica. «Ese no es el camino, desde luego», remacha Ros.

En Catalunya, la Generalitat anunció hace mes y medio una reforma de las aulas de acogida para el próximo curso, que prevé que los adolescentes extranjeros (un 13,2% de los alumnos matriculados este curso) puedan mejorar, asistiendo a este servicio, su dominio lingüístico del castellano y del catalán y recibir una orientación individualizada para poder iniciar estudios posobligatorios.

El objetivo, reconoció Rigau en una intervención en el Parlament, es atajar la alta tasa de fracaso escolar que registra el alumnado inmigrante y reforzar así su integración social. La ‘conselleria’ es consciente de que, pese a los éxitos logrados en la primera fase de acogida escolar, el sistema educativo (en particular, la secundaria) aún tiene abierta una brecha importante entre los alumnos autóctonos y los llegados con sus familias durante la gran oleada migratoria previa a la crisis.

«La escolarización, como todo, ha de ser equilibrada, porque lo que empieza siendo exclusión social acaba siendo exclusión cultural«, alerta Ismael Palacín, director de la fundación Jaume Bofill. Mal llevada, un aula de acogida puede acabar convirtiéndose en un gueto, porque en ella terminan alumnos de perfiles muy similares. La reforma planteada por Rigau debe servir para «integrar de forma real», insiste Pep Gratacós, responsable de este servicio en el instituto Pere Alsius de Banyoles (Pla de l’Estany). «El atentado de ‘Charlie Hebdo’ ha abierto en Francia un profundo debate sobre el rol de la escuela. No está de más que aquí tomemos nota», agrega Gratacós.

La tercera generación

La situación ahora mismo en las escuelas catalanas tiene una magnitud muy distinta a la de las escuelas francesas o británicas. «Aquí estamos escolarizando a una segunda generación de inmigrantes, cuando en aquellos países han alcanzado ya la tercera generación, porque la llegada de inmigrantes se produjo antes», aclara Palacín. En la segunda generación, aunque muchos padres musulmanes son partidarios de educar a sus hijos en escuelas coránicas, para que no pierdan sus raíces, «no se produce todavía la pérdida de identidad que sí sufre la tercera generación, que, en su búsqueda de una identidad en la que refugiarse, se acaba muchas veces radicalizando».

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