Están por todo

Es singular observar que en la reunión preparatoria que tuvo lugar con motivo de la visita del Papa a Valencia, sobre doce organizaciones representadas cinco eran de inspiración o de origen cristiano.

Los principios laicos en España están tan arrinconados por el sistema y la sociedad que el luchar por ellos parece ser una batalla de vanguardia cuando la verdadera batalla se sitúa más allá. Se trata del clericalismo y de la necesaria y lógica reacción que éste fomenta: el anticlericalismo,

Que quede claro que el clericalismo es la intromisión y la infiltración del clero en la política, en los centros de poder y de decisión de la administración de la cosa pública, y privada para favorecer sus intereses e ideología.

Por lo contrario el anticlericalismo defiende, protege y garantiza la laicidad – la laicidad engendra la democracia la democracia garantiza la justicia – sin justicia no puede haber democracia. Ser anticlerical es ser demócrata – ser demócrata es ante todo garantizar la libertad de consciencia y de culto para todos – ser anticlerical no es ser antirreligioso ser anticlerical es impedir que cualquier clero o individuos afines a una religión o secta controlen los centros de poder de la cosa pública y privada e impongan sus criterios modo de pensar a la sociedad para su mayor provecho.

El Vaticano desde siempre ha tenido en su fragua a varios hierros a la vez para poder forjarlos y formarlos a su antojo en función de sus necesidades, ajustándose a un momento dado a una situación política en un país cristiano. Esto va desde una Iglesia oficial fascistas apoyando Franco, Musolini, Petain, Salazar hasta la Iglesia del País Vasco que apoyaba la República. En este caso la clientela local era nacionalista y la República garantizaba la Autonomía.

Al final del siglo XX los católicos se han permitido dos Papa especialmente reaccionarios apoyando a sectas peligrosas como el “Opus Dei” o la “Legión de Cristo”. La oligarquía vaticana ha tolerado a los “Teólogos de la Liberación” como al movimiento de la “Iglesia Popular” que esperan su hora mantenidos en reserva, para realizar el lavado de cara que necesitará la Iglesia católica. El lavado de cara se hará cuando Roma se de cuenta que no hay otra alternativa ante el desinterés creciente y manifiesto de los feligreses que se afiliaran cada día más a las sectas evangélicas que pululan o cuando salte a la calle el sublevamiento de clase provocado por una mundialización destructora del bienestar económico y social.

Desde León XIII y su encíclica Rerum Novarum se alcanzó la cumbre del pragmatismo y de la flexibilidad en lo que se refiere a la convivencia de la iglesia con regímenes que no son de su forma de pensar. Empezó algo con la Revolución francesa y después con Napoleón; cuando llego la III República el Papa llego a la conclusión, ante la disminución de los feligreses en las iglesias, que si había que sostener y convivir con una república pues se haría puesto que los feligreses aparentemente votaban por la república.

Hoy por hoy ya se ha superado la crisis de consciencia cristiana sobre la republica, y supuestamente la lucha de clase con la desaparición de la URSS y de sus satélites. Los dirigentes chinos actuales ya no son peligrosos puesto que están más volcados en hacer negocios y mantenerse en el poder que hacer una Revolución que nació muerta en 1949.

Entonces, donde se pueda, queda por lograr la influencia y la dominación total y definitiva de la iglesia como por ejemplo en España. Con más sutileza que del tiempo de Franco, pero infiltrar y controlar cualquier rincón de la sociedad, del Estado, de la casa real, del ejercito, de los partidos políticos, de los sindicatos, de la enseñanza, de la sanidad, de los movimientos de reivindicación y/o de protesta ciudadana y hasta en los clubes deportivos. La Iglesia tiene organizaciones estructuradas y activas de todo tipo, para todo tipo de situación. Estas organizaciones pueden ser secretas o no, pueden ser progresistas, fascistas, o reaccionarias, y hasta laicas y anticlericales pero que conste: todas, sin ninguna excepción, reman y trabajan para el mismo patrón, el “Vaticano”. Sus planteamientos son de ideología cristiana donde los valores dominantes de fondo son el paternalismo, el perdón, la humillación, la caridad, la resignación y la aceptación. Preconizan el acomodamiento y la convivencia social pacífica con los intereses de los poderes económicos y políticos sin reponer nada en cuestión que sea fundamental para el sistema, mismo si se declaran en contra de la explotación del hombre por el hombre; han estado 2000 años en el poder o cerca de él, para influir en el cambio de este modelo de sociedad, y han hecho todo lo contrario.

Los ateos y anticlericales creemos en otros valores que van desde, la tolerancia, la democracia, el racionalismo, el libre examen, la igualdad, la justicia, la fraternidad, hasta la reivindicación, la lucha, la solidaridad, la redistribución equitativa por derecho de las riquezas producidas, pero jamás se plantea mendigar y/o fomentar lástima para obtener una miserable caridad cristiana.

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