Escuela y prevención del yihadismo

La Generalitat anuncia un protocolo para detectar posibles casos de fanatización islámica entre los estudiantes.

La labor de la escuela debe ser siempre de prevención y nunca de identificación de sospechosos. El sistema educativo debe actuar en su terreno y abordar el tema del islam y otros cultos desde una perspectiva histórica y cultural, y nunca policial.

La lucha contra la barbarie desatada por el terrorismo yihadistaen París, y cuya amenaza mantiene atemorizadas a las sociedades europeas, se desarrolla estos días en escenarios de inmediata respuesta policial y militar para hacer frente al enemigo y garantizar la seguridad de una ciudadanía aún bajo shock. Son medidas de urgencia ante la pesadilla desatada por individuos captados por los mensajes del fanatismo más cruel. Pero en estos días de inquietud colectiva y junto a las iniciativas de guerra resulta imprescindible activar todos los mecanismos de prevenciónque permitan detectar con tiempo suficiente los fenómenos de radicalización islamista en determinados colectivos juveniles. Y la escuela -además, obviamente, del entorno familiar- resulta para ello un instrumento capital. La Generalitat anuncia ahora que el sistema educativo obligatorio contará en Catalunya con un protocolo para detectar posibles casos de fanatización islámica entre los estudiantes. Basada en un plan diseñado para frenar en su momento el auge de las bandas latinas, la normativa presentada por el conseller de Justícia recomienda a los profesores dar cuenta de circunstancias como cambios de actitud del alumno, de su vestuario o de su rendimiento escolar, o un progresivo aislamiento social que pudiera hacer sospechar su presunta captación por círculos radicales. Las buenas intenciones del protocolo despiertan, sin embargo, dudas en su aplicación. Resulta arriesgado hacer recaer en los docentes una nueva y fundamental responsabilidad para la que en ocasiones no estarán preparados ni tendrán elementos suficientes para desarrollarla sin riesgo de caer en una injusta criminalización del alumno. Francia, donde existen desde hace años instrucciones de este tipo, tampoco es un buen ejemplo, como la realidad demuestra. Con una mayor experiencia, los docentes franceses son advertidos del riesgo de confundir la radicalización con las legítimas prácticas del islam más riguroso.

La labor de la escuela debe ser siempre de prevención y nunca de identificación de sospechosos, algo que debe correr a cargo de otros estamentos. El sistema educativo debe actuar en su terreno y abordar el tema del islam y otros cultos desde una perspectiva histórica y cultural, y nunca policial. Ahí radica la verdadera prevención.

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