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Es curia

Es curia

“La esperanza tiene dos preciosos hijos: sus nombres son enfado y valor; enfado al ver cómo son las cosas y valor para permitir que no continúen así.” 

San Agustín

Hay un viejo proverbio que señala que su patético e hipotético Dios escribe recto con renglones torcidos. Lo de recto será alusivo al cagarla, digo yo. Es lo que han obrado con una mezcla de cinismo y soberbia ciertos arzobispados, ocultando a sus pederastas para camuflarlos en su organización y no armar revuelo mediático. ¿Se acuerda alguien de la muy, muy estrecha amistad de Maciel y Wojtyla?

Los malabarismos interpretativos de sus comisiones de investigación rozan lo esperpéntico en su afán de que no aflore su mierda en esa corriente creciente de casos. Esos lodos vienen de todos esos polvos tóxicos, y esos alardes de estulticia torpe, por no decir más cosas gruesas, han traído a los que desfilan bajo los balcones del Vaticano. Menos mal que las autoridades civiles llaman al orden a la Orden, y ponen de manifiesto la irrealidad de esa consigna ocultista que únicamente arrastra a quienes viven en ella.

Un colega de la comunicación, director de cine de animación, opina que no tengo que tener un criterio tan feroz y poco tolerante con el Vaticano, su sumo gerifalte, sus hordas pecadoras y su Purísima Madre. ¡JA!

No. No nos preocupemos. No hagamos leña de ese fétido árbol caído, cuyas pútridas raíces se esconden en esa cuestionable tierra sagrada, sembrada de más y más casos de solapada, maquillada y disfrazada pederastia cruel y desalmada. Si las inocentes e infantiles criaturas que hubieran caído bajo las garras y las faldas de estos grandísimos hijos de Dios fueran las suyas, quizás su diplomática opinión no fuera tan tibia, displicente y de tan buen y comprensivo talante. No. No tienen mi perdón. Ni mi compasión y mucho menos mi olvido. Son un mal bicho. Un insecto ético y moral. Una excrecencia execrable. Una asquerosa y rastrera pústula. Estas alimañas necesitan de esa desidia, de esa inapetencia de justicia, de esa falta de compromiso con otra cuestión que no sea el propio ombligo, eje de coordenadas cartesianas de la propia realidad, yermo asteroide centrópico del limitado universo conocido. YO soy, ante todo y ante todos. YO y mis circunstancias circuncisas. Así nos va, por ese mecanismo de no preocuparnos por el próximo. Psicología egoísta y morcillona, engranajes flácidos de un apático mecanismo. ¡MECANO en Dios! ¡Y en su Pura Madre!
 

Pater Monster

Sermón del desierto 1.

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