Entrevista a Gonzalo Puente Ojea

Gonzalo Puente Ojea, miembro de la Carrera Diplomática , fue sucesivamente Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores, Embajador ante la Santa Sede , y Presidente del Consejo Superior de Asuntos Exteriores.

Actualmente es Decano de la Carrera Diplomática con el título de Embajador de España. Destacado e incisivo intelectual, es autor de numerosos libros sobre historia, filosofía, ideología, política, ateísmo, religiosidad, laicismo, etc., como "Ideología e historia. La formación del cristianismo como fenómeno ideológico", "Fe cristiana, Iglesia, poder", "Ateísmo y religiosidad", "Elogio del ateísmo", "El evangelio de Marcos", "El mito del alma", "La andadura del saber", etc. Gonzalo Puente Ojea es un referente mundial en la defensa del laicismo.

C.L. Brevemente, ¿qué es la libertad de conciencia?

G.P.O. La capacidad y el derecho de cada individuo humano de pensar libremente en el fuero íntimo de su conciencia sobre todas y cada una de las cuestiones que su entendimiento, exento de coacciones, le va
sometiendo, a fin de optar y expresarse con plena libertad acerca de las ideas, pensamientos y convicciones que la sociedad le plantea.

C.L. ¿Y el laicismo?

G.P.O. El laicismo es un idearium apoyado en una antropología y en una ontología social y jurídica definidas por cuatro principios fundamentales, a saber: 1) El principio de libertad de conciencia y de igualdad formal de las conciencias; 2) El principio de distinción entre el ámbito de lo privado (res privata) y el ámbito de lo público (res publica); 3) El principio de la titularidad jurídica de los individuos como únicos sujetos reales de derechos; y 4) El principio de no-interferencia de la esfera pública en la esfera privada, y viceversa.

C.L. ¿Se disfruta en España de la libertad de conciencia?

G.P.O. Pese a lo estatuido con carácter vinculante en el art.º 14 de la Constitución —y que reitera el art.º 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos— de NN.UU. de 1948, que el Estado español ha firmado y ratificado—, el cual establece con alcance normativo la absoluta indiscriminación de todos los españoles sin excepción, así como su estricta igualdad ante las leyes, en España se discrimina a los ciudadanos de modo evidente y público en razón del «nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal o social». En los espacios del nacimiento y de la religión, la existencia de un monarca designado  arbitrariamente por Franco y no mediante un plebiscito previo a la redacción constitucional, además de su carácter hereditario y dinástico, más su inmunidad ante el fuero civil y criminal —un rey irresponsable—, de un lado; y la existencia de una Iglesia católica financiada por el Estado, beneficiaria de exorbitantes exenciones fiscales y de privilegios escandalosos en el plano simbólico y mediático, más su control de la formación de los
ciudadanos por su protagonismo moral y religioso en todos los niveles de la educación pública y privada, con financiación pública y control del profesorado, de otro lado; resulta de escandalosa evidencia y obscenidad pública que nuestro país vive en permanente estado de inconstitucionalidad en numerosos planos de la vida individual y colectiva, apoyada fundamentalmente en instituciones derivadas de modo directo de la Dictadura franquista, con gravísima destrucción de la raíz de todas las libertades, es decir, de la libertad de conciencia.

C.L. ¿Puede supeditarse la libertad de conciencia a voluntades políticas, mayorías sociales, perpetuación de tradiciones, etc.?

G.P.O. La subordinación de la libertad de conciencia a decisiones de carácter político o religioso —además de otras— genera en nuestro país una permanente situación de atropello de los principios esenciales de
la democracia y, por consiguiente, del laicismo en cuanto principio indisociable de la igualdad y libertad de los ciudadanos.

C.L. ¿Quiénes son los responsables de esta situación?

G.P.O. Los responsables han sido las oligarquías políticas y fácticas que, a través de partidos antidemocráticos y corruptos, impusieron a los españoles durante la llamada cínicamente "transición democrática" —entre 1976 y 1978, con los preludios de los tres años anteriores a la desaparición de Franco—, con la asidua cooperación de la Iglesia, una oligarquía de partidos —partidocracia— cubierta por la Corona en perfecta simbiosis. Fue la gran mentira de la transición, la mayor estafa a los ciudadanos de la historia de España. Desde entonces, tanto el PP como el PSOE han rivalizado en el esfuerzo por hacer inviable cualquier apertura u oportunidad para intentar una revisión radical del actual régimen político que controla a la ciudadanía con refinados instrumentos de dominación mental y material que jamás llegaron a poseer con tan probada eficacia los regímenes anteriores.

C.L. ¿Cree que hay alguna voluntad política de instaurar un Estado verdaderamente laico?

G.P.O. Hay una clara voluntad política para cerrar la puerta a toda pretensión de instaurar el laicismo en España. El actual gobierno de Rodríguez Zapatero se ha distinguido en seguir engañando a los ciudadanos con decisiones y actos de verdadera infamia política en este plano de las libertades.

C.L. En Cullera tenemos símbolos religiosos en espacios públicos (incluso en el propio Ayuntamiento), actos religiosos oficiales, participación activa de autoridades municipales en misas y procesiones, imposición de símbolos católicos a toda la ciudadanía, etc. ¿Qué piensa de todo esto?

G.P.O. Un sistema de libertad de conciencia, y el principio de no-interferencia de lo público con lo privado, en un auténtico espacio laico, no toleran la presencia de símbolos religiosos de ninguna especie en instituciones o bienes de carácter público. Es una afrenta a otras conciencias, sean numerosas o no, que por sus iguales títulos de ciudadanía se ven discriminadas.

C. L. ¿Cómo valora la creación de una asociación como Cullera Laica?

G.P.O. Una encomiable iniciativa que debería apoyarse por los ciudadanos que, despertando de su provocado adormecimiento, reclamen la democracia y el laicismo sin engaños. Nuestro deber es entregar a estas iniciativas nuestro dinero y nuestra acción.

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