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El prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, en una imagen de archivo.EFE/Cristina Cabrejas

El Vaticano se reafirma en sus posiciones más férreas respecto al aborto, la eutanasia o el cambio de sexo

Roma aprueba ‘Dignitas Infinita’, un documento que vuelve a mostrar la férrea doctrina vaticana en lo moral, aunque denuncia las “graves violaciones de la dignidad humana” que traen las guerras, la trata de personas, el hambre, los abusos sexuales o la violencia contra las mujeres

‘No’. Esta es la palabra que más se repite en Dignitas Infinita, el último documento del Vaticano que el dicasterio para la Doctrina de la Fe ha lanzado este mediodía. Un texto que vuelve a mostrar que, pese a una cierta apertura que suele destacarse de los 11 años de pontificado de Francisco, hay prohibiciones que parecen intocables. Del aborto a la eutanasia, pasando por la denominada ‘teoría de género’, Roma continúa defendiendo una férrea doctrina moral en un documento que, por otra parte, hace mención a los abusos sexuales, la guerra, el hambre, la “violencia digital” o la maternidad subrogada, cuestiones que considera “violaciones a la dignidad humana”.

El documento, que lleva cinco años siendo continuamente modificado, nació de la mano del anterior prefecto de Doctrina de la Fe, el español Luis Ladaria, en 2019, pero ha sido culminado por el teólogo del Papa, Víctor Manuel Tucho Fernández, el mismo que ha sufrido continuos ataques por parte de los sectores tradicionalistas tras la aprobación de Fiducia Supplicans y el permiso para las bendiciones de parejas del mismo sexo. De hecho, distintas fuentes apuntan a que se nota la mano de Fernández a la hora de incluir aspectos relativos a la lucha por la dignidad de lo desfavorecidos a un texto que, en principio, solo apuntaba a la férrea doctrina moral. De hecho, en su introducción, el cardenal afirma haber prestado “mayor atención a las graves violaciones de la dignidad humana que se produce actualmente en nuestro tiempo”, para lo que el dicasterio “tomó medidas para reducir la parte inicial […] y elaborar con más detalle lo que el Santo Padre había indicado”.

Así, por primera vez un documento vaticano equipara “algunas violaciones graves de la dignidad humana”, que van desde “el drama de la pobreza” hasta la “violencia digital”, pasando por la condena inequívoca del aborto, la eutanasia o la teoría de género, mientras reclama la lucha contra las guerras, la trata de personas, la violencia contra las mujeres o los abusos sexuales.

Claves del documento

Donde no cambia la doctrina moral de la Iglesia es en cuestiones como la del aborto, donde Roma continúa definiéndolo como un delito “particularmente grave e ignominioso”, denunciando que “la aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal”, y utilizando “una terminología ambigua, como la de ‘interrrupción del embarazo’ (…). Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento”.

“La Iglesia, también, se posiciona en contra de la práctica de la maternidad subrogada”, insiste el documento, que denuncia cómo esta práctica convierte al niño “en un mero objeto”. Y es que, apunta el texto, “la práctica de la maternidad subrogada viola, ante todo, la dignidad del niño” y “la dignidad de la propia mujer que o se ve obligada a ello o decide libremente someterse”.

El nuevo documento vaticano también arremete con fuerza contra la eutanasia y el suicidio asistido, cuestionando la denominación de “leyes de muerte digna”. “Está muy extendida la idea de que la eutanasia o el suicidio asistido son compatibles con el respeto a la dignidad de la persona humana”, admite Roma, que señala la importancia de unos “cuidados paliativos apropiados y evitando cualquier encarnizamiento terapéutico o intervención desproporcionada”, pero aclara: “No hay condiciones en ausencia de las cuales la vida humana deje de ser digna y pueda, por tanto, suprimirse”. Y va más allá: “Ayudar al suicida a quitarse la vida es, por tanto, una ofensa objetiva contra la dignidad de la persona que lo pide, aunque con ello se cumpliese su deseo”.

Al tiempo Doctrina de la Fe denuncia “el descarte de las personas con discapacidad”, que “sufren a veces marginación, cuando no opresión, al ser tratadas como auténticos descartados”.

“Colonizaciones ideológicas”

Una de las grandes novedades del documento es su firme condena de la “teoría de género”. Pese a condenar que “en algunos lugares se encarcele, torture e incluso prive del bien de la vida, a no pocas personas, únicamente por su orientación sexual”, Roma denuncia las “colonizaciones ideológicas, entre las que ocupa un lugar central la teoría de género, que es extremadamente peligrosa porque borra las diferencias en su pretensión de igualar a todos”.

Así, el Vaticano afirma que la teoría de género “pretende negar la mayor diferencia posible entre los seres vivos: la diferencia sexual”. En este sentido, concluye Roma, “resulta inaceptable que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños”. Por lo tantos “debe rechazarse todo intento de ocultar la referencia a la evidente diferencia sexual entre hombres y mujeres”.  

El cambio de sexo, el Vaticano sostiene que “por regla general, corre el riesgo de atentar contra la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción”, aunque no excluye la posibilidad de que “una persona afectada por anomalías genitales, que ya son evidentes al nacer o que se desarrollan posteriormente, pueda optar por recibir asistencia médica con el objetivo de resolver esas anomalías”.

Por contra, Roma denuncia con dureza “el drama de la pobreza” que, insiste, se trata de “uno de los fenómenos que más contribuye a negar la dignidad de tantos seres humanos”, y que supone “una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo”. “Todos somos responsables, aunque en diversos grados, de esta flagrante desigualdad”, recalca el dicasterio.

Respecto a la guerra, “otra tragedia que niega la dignidad humana”, el Vaticano recuerda que es una “derrota de la Humanidad”, y que “ninguna guerra vale la pérdida de la vida, aunque solo sea de una sola persona humana”, ni “el envenenamiento de nuestra casa común”, ni “la desesperación de los que están obligados a dejar su patria”.

“Todas las guerras, por el mero hecho de contradecir la dignidad humana, son «conflictos que no resolverán los problemas, sino que los aumentarán»”, recalca el texto, que pide “salir de la lógica de la legitimidad de la guerra”.

 Sobre los migrantes, el documento los reconoce como “las primeras víctimas de las múltiples formas de pobreza”, por lo que “es siempre urgente recordar que «todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación”.

El Vaticano también incluye la trata de personas entre las graves violaciones de la dignidad humana, denunciando a “explotadores y clientes” y recordando que “la Iglesia y la humanidad no deben abandonar la lucha contra fenómenos como el comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”. “La trata de personas es un crimen contra la Humanidad” sostiene Dignitas Infinita.

Los abusos sexuales son otro de los puntos abordados por el texto, que admite que“todo abuso sexual deja profundas cicatrices en el corazón de quienes lo sufren” y advierte que “se trata de sufrimientos que pueden llegar a durar toda la vida y a los que ningún arrepentimiento puede poner remedio”

Por otro lado, el Vaticano denuncia que “las violencias contra las mujeres es un escándalo global, cada vez más reconocido”, y recalca las “desigualdades graves entre mujeres y varones” incluso “en los países más desarrollados y democráticos”. “Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres”, con especial hincapié en el feminicidio.

Finalmente, el documento hace una referencia a la “violencia digital”, que pone en peligro “la buena reputación de cualquier persona con noticias falsas y calumnias”. “De hecho, el ambiente digital también es un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia, hasta llegar al caso extremo del dark web”, concluye el documento, que incide en que, con estas prácticas, “el respeto al otro se hace pedazos y, de esa manera, al mismo tiempo que lo desplazo, lo ignoro y lo mantengo lejos, sin pudor alguno puedo invadir su vida hasta el extremo”.

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