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El Vaticano se adhiere, por fin, a la Convención sobre el Clima y al Acuerdo de París

El papa Francisco anuncia una firma que llega siete años después de alcanzarse el acuerdo internacional: Bergoglio aprovecha para denunciar el “antropocentrismo despótico” de los países industrializados, a quienes recuerda que tienen una “deuda ecológica” con los más pobres

Francisco es el Papa de la Laudato Si‘, la primera encíclica verde de la historia. Un Papa ecologista, que convocó un histórico Sínodo sobre la Amazonía, comprometido con el cuidado de la Casa común y uno de los primeros líderes en reivindicar el concepto de ecología integral y reclamar a los líderes políticos un cambio en las dinámicas productivas para tener en cuenta los pulmones de la Tierra y a los más pobres, los que más sufren las consecuencias del cambio climático. Y, sin embargo, hasta este mes de julio la Santa Sede no se ha adherido oficialmente a la Convención de Naciones Unidas sobre el Clima y al Acuerdo de París. Más tarde, incluso, que la Rusia de Putin.

La firma tuvo lugar el pasado 8 de julio, pero no ha sido hasta ahora, coincidiendo con su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, cuando Francisco lo ha anunciado oficialmente. “Recientemente he dispuesto que la Santa Sede, en nombre y representación del Estado de la Ciudad del Vaticano, se adhiera a la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático y al Acuerdo de París, con la esperanza de que la humanidad del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”, glosa el Papa en su escrito, en el que sostiene que la cumbre COP27 sobre el clima, que se celebrará en Egipto en noviembre de 2022, “representa la próxima oportunidad para impulsar juntos una aplicación efectiva del Acuerdo de París”

“Alcanzar el objetivo de París de limitar el aumento de la temperatura a 1,5 °C es todo un reto y requiere la cooperación responsable de todas las naciones para presentar planes climáticos o contribuciones determinadas a nivel nacional, más ambiciosas, para reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero a cero con la mayor urgencia posible”, reclama Francisco, quien denuncia el “antropocentrismo despótico” de los países industrializados, que logra que sean “los pobres son los que más sufren el impacto de las sequías, las inundaciones, los huracanes y las olas de calor, que siguen siendo cada vez más intensos y frecuentes”. Por eso, reclama al mundo “arrepentirnos y cambiar los estilos de vida y los sistemas perjudiciales”.

“Quiero pedirles en nombre de Dios a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos”, insiste el Papa, quien recuerda la existencia de una “deuda ecológica” que obliga a las naciones más ricas a “tomar medidas más ambiciosas tanto en la COP27 como en la COP15”, concluye Francisco.

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