El twitter de la Virgen María

Constituye una indudable señal de modestia divina el hecho de que Dios casi siempre elija manifestarse ante gente humilde y analfabeta. Christopher Hitchens decía que si Dios hubiese querido publicidad rápida para su religión, pudo haber elegido revelarse ante un emperador, un filósofo o un gran poeta; alguien, en definitiva con capacidad para elevar su voz desde el centro del mundo y traer la buena nueva. En cambio, con suma cautela, prefirió nacer en Judea, un polvoriento rincón del imperio romano, y hacer su entrada en medio de una pequeña familia en donde primero se reservó el papel de Amigo Invisible. Hay quienes dicen que lo hizo para mostrar el sendero de la pobreza y la sumisión, pero no es un argumento muy convincente, sobre todo cuando ves que quienes lo sostienen viven orondos, ricos y rollizos, rodeados de lujos, joyas y oro puro. “Vivimos como Dios, no íbamos a vivir como Cristo” replican. “Sería pecado de soberbia”.

A mí lo que me llama la atención es que, mientras Dios suele elegir a varones solitarios e iletrados para sus performances (Jesucristo, Mahoma, Joseph Smith), la Virgen siente predilección por los pastorcillos. Una vez leí una posible explicación científica sobre la frecuencia de apariciones marianas en ecosistemas ganaderos; no me pareció excesivamente verosímil, pero plausible sí que era. Venía a decir que los pastores de la época normalmente se hallaban condenados a una dieta vegetariana en la que abundaban los hongos y las setas. Los efectos alucinógenos de algunas de ellas se verían potenciados por la abundante ingesta de productos lácteos, una desagradable tendencia que compruebo a veces, cuando se me va la mano con el queso a la hora de la cena.

Sugerir que los pastorcillos de Fátima, de Lourdes y de Guadalupe contemplaban en realidad una alucinación femenina a través de las nieblas de una pizza de boletus con parmesano es una blasfemia gastronómica que no hace mucho tiempo podía haberme costado la cárcel, cuando no la hoguera. Hoy, como mucho, me llevarían de invitado a Cuarto Milenio o a MasterChef, como mucho. Pero en fin, los obispos y sacerdotes dicen casi a diario cosas mucho peores acerca de los homosexuales y las mujeres (no exactamente blasfemias sino injurias, mentiras y delitos de incitación al odio), y tampoco les pasa nada. El caso es que estos días el Vaticano ha dado su visto bueno para colgar el texto del tercer misterio de Fátima en internet y algunos creyentes no están muy de acuerdo con esta exposición brutal de uno de los manuscritos esenciales del catolicismo. Es como si descubrieran de pronto que la Virgen María tiene twitter.

El texto ya era conocido desde el año 2000, en que el cardenal Ratzinger aventuró una explicación en la que la visión de los niños profetizaba el atentado contra Juan Pablo II.  Se ve que la Virgen va de lo general a lo particular, en una gradación desconcertante cuando menos. La Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, el atentado al Papa. La masacre de Verdún, Auschwitz, la bomba de Hiroshima, dos tiros fallidos. Primer misterio, millones de muertos; segundo misterio, docenas de millones de muertos; tercer misterio, un sustito. Uno esperaría que la gradación fuese de menor a mayor, pero al final da un quiebro muy taurino y se queda en una sonda gástrica. Menos mal que no había más misterios porque fijo que sale también la coleta de Pablo Iglesias y un tuit de la Virgen al ministro del Interior diciéndole que no puede recoger la medalla, que tiene una reunión de trabajo con unos pastorcillos.

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