El secuestro de las conciencias

El conductivismo, con la formulación científica del reflejo condicional en los animales, explica cómo se pueden manipular nuestras reacciones al nivel del subconsciente y, por el mismo precio, cómo nuestras creencias están influenciadas por el aprendizaje. Muchos siglos antes, la religión católica ya llenaba sus iglesias de imágenes terroríficas con escenas del infierno y del purgatorio para inculcar en los fieles más débiles el terror a la ira de dios. Eran imágenes que valían más que las mil palabras admonitorias de los predicadores.

Desde entonces el debate sobre la supuesta libertad de conciencia religiosa lleva camino de hacerse tan eterno como el fuego infernal. Las religiones saben que los niños son tan manipulables como el famoso perro de Pavlov, así que se niegan a soltar la presa infantil, su futuro sostén económico en la edad adulta. Está tan bien urdida la trama que las víctimas se siente felices, y en casos extremos participan en suicidios en masa entre cánticos y alabanzas a dios, o se adornan con un cinturón de explosivos para morir como mártires.

Es el caso de la niña musulmana de 14 años que exige poder llevar a clase el hiyab, esa tortura en forma de prenda de vestir que la hace desaparecer de la vista de los vivos, pero que dice estar convencida de que lo hace voluntariamente. Desde ese instante el debate toma los derroteros de la supuesta libertad de elección de la niña, que ningún tic prohibicionista puede coartar.

Eso sí, durante los 14 años anteriores tampoco nadie prohibió a sus padres ejercer sobre su hija una violencia psicológica tal que la niña acabaría confundiendo al cabo de los años la prisión del hiyab con la libertad.

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