El Papa Francisco, una «bomba» para la mayoría de los obispos españoles y sus incondicionales ultras

El Opus, los Legionarios, los Kikos y Comunión y Liberación, en el punto de mira por su línea reaccionaria y algunos escándalos

“Si al Papa le dejan hacer reformas, será una bomba”. Con esta rotundidad se expresó el rector de la Universidad de Deusto, Jaime Oraá, sobre la posible  hoja de ruta que Jorge María Bergoglio querría imprimir a su papado. Una opinión que coincide con la que sostienen los vaticanistas, convencidos todos ellos de que el Papa Francisco optará por potenciar los movimientos diocesanos y parroquiales “sin apellido”, en detrimento del protagonismo que hasta ahora han jugado los colectivos más ultras de la Iglesia católica.

En lenguaje más claro, el Papa Franciso parece dispuesto a romper el equilibrio de poder de los grupos católicos dentro del Vaticano. Algo que está generando enorme desasosiego entre los movimientos muy conservadores que como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, Comunión y liberación o los KiKos, campan a sus anchas en la Conferencia Episcopal Española.

La Iglesia de Rouco
Con el beneplácito de Juan Pablo II y Benedicto XVI, el jefe de los obispos españoles, Antonio María Rouco Varela, ha tirado de estos grupos neocon para, en beneficio del PP, liderar la oposición a las conquistas conseguidas por los Gobiernos del PSOE en materia social. Así, mientras los sacerdotes progresistas eran marginados a pequeñas parroquias y fundaciones; la Conferencia Episcopal se servía de las élites políticas y económicas del Opus Dei, de los dólares que religiosamente aportaban los Legionarios de Cristo, de las universidades y contactos empresariales que les proporcionaba Comunión y Liberación, y del ejercito de fanáticos que los Kikos ponían en la calle cada vez que Rouco Varela quería manifestarse en contra del aborto o los matrimonio homosexuales.

Los medios y el PP
Todo ello acompañado del apoyo incondicional proporcionado por el entramado mediático con el que cuenta la Conferencia Episcopal (propietaria de la COPE y 13TV), y de los grupos de comunicación más reaccionarios (como Intereconomía, La Razón o el diario ABC). Por su parte, el Partido Popular repartía sus cargos de dirección entre dirigentes del Opus Dei (como los son Federico Trillo, Isabel Tocino, Juan Cotino o Jorge Fernández Díaz) y los Legionarios de Cristo (con los que podría simpatizar la alcaldesa de Madrid Ana Botella).

Opus vs. Jesuitas
Esta es la Iglesia con la que se encuentra Jorge María Bergoglio. De todos los obispos españoles, tan sólo uno -Juan Antonio Martínez Camino-, pertenece a la misma orden que el Papa Francisco. Una orden, la de los jesuitas, que históricamente ha sido la única capaz de enfrentarse al Opus Dei. La rivalidad entre los dos movimientos es de tal hendidura que Pedro Arrupe –uno de los principales líderes espirituales de los jesuitas al que Juan Pablo II responsabilizó de la apertura de la orden a posturas más de izquierda a raíz de la promoción de la justicia social-, llegó a afirmar públicamente que “cuando vemos actuar al Opus Dei es como mirarnos al espejo para decir así fuimos y así no podemos seguir siendo”.

El Opus Dei en el informe secreto
Responsable de los recientes escándalos de corrupción ocurridos en el Vaticano y en el banco de la Santa Sede, el Opus Dei ocupa buena parte del informe secreto de 317 páginas que encargó Bendicto XVI para limpiar la Iglesia. Un informe del que también echará mano el Papa Francisco para tomar la decisión definitiva sobre el futuro de los Legionarios de Cristo, protagonistas indiscutibles de los asuntos más turbios acaecidos del catolicismo.

Violaciones y alocadas misas
Al margen de sus inversiones opacas, deudas millonarias y pagos a altos dignatarios para comprar silencios, los Legionarios han hecho temblar los cimientos de la Santa Sede a raíz de los abusos sexuales y violaciones perpetradas por su fundador, Marcial Maciel, y muchos de sus principales dirigentes. Algo que casi disgusta tanto en Roma como los códigos internos, sistemas secretos de captación, alocadas misas y disparatas celebraciones religiosas que los Kikos realizan principalmente los sábados por la noche para, entre otras cosas, evitar “que los jóvenes se vayan a las discotecas a fornicar y drogarse”.

Doble vida
Según los vaticanistas, el Papa Francisco también tiene en el punto de mira a Comunión y Liberación, movimiento que cada vez con más frecuencia es identificado con los sobornos y la atracción del poder. Algunos de sus principales dirigentes están acusados de aprovecharse del dinero público para darse a la buena vida. Es, en definitiva, un problema de hipocresía y de doble moral que muchos religiosos sólo ven posible atajar si el nuevo dirigente de la Iglesia Católica acaba con la impunidad y liderazgo del que hasta la fecha han gozado estos colectivos en la Santa Sede.

Cuestión de prioridades
Si como todo apunta, el Papa Francisco pone orden en Roma, la estructura de poder de la Iglesia católica española también podría verse afectada. Cabe recordar que en un plazo máximo de dos años la Conferencia Episcopal deberá elegir a su nuevo presidente y decidir si sigue estando liderada por los ultras que tanto daño han hecho al cristianismo o por los que como Bergoglio, parecen decantarse por “una Iglesia pobre y para los pobres”.

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