«El pacto escolar es casi imposible en España»

Entrevista a la Vicepresidenta de la Federación de AMPAS de Catalunya

ESTUDIOSLICENCIADA EN PSICOPEDAGOGÍA POR LA UB
LUGAR DE NACIMIENTO Y EDADBARCELONA (1949)
TRAYECTORIAVICEPRESIDENTA DE LA FEDERACIÓ D’ASSOCIACIONS DE PARES D’ALUMNES DE CATALUNYA

En junio asumió la presidencia de una organización que agrupa a 12.000 asociaciones de padres de centros públicos, pero el entusiasmo por la tarea no le impide vislumbrar un camino sembrado de obstáculos para que la educación pública prospere en España.

–¿Por qué hay padres que nunca participan en la vida escolar?
–Aunque los maestros y los padres estamos condenados a entendernos, no todo el mundo piensa lo mismo y aún hay educadores que ven a los padres como intrusos en la vida de la escuela. Hay padres que se sublevan, pero otros muchos se inhiben.

–La CEAPA aboga por la escuela laica, pero los obispos van a seguir nombrando a los profesores de Religión Católica.
–Y existe la intención de que el resto de confesiones también puedan impartir sus clases, con lo que corremos el riesgo de que los docentes de Religión tengan una representación importante en el claustro de profesores. Queremos la religión fuera de la escuela y no pararemos hasta conseguirlo.

–¿Las dificultades son muchas?
–No es fácil. La vida social española está profundamente catolizada: estás en un hospital público y recibes la visita de un sacerdote, los ministros prometen o juran su cargo delante de un crucifijo y hay gente que se casa por la Iglesia porque ello facilita el matrimonio civil. Pedimos que las religiones queden fuera del currículo, pero además hay que hacer un trabajo social y en este aspecto el Gobierno está por la labor.

–¿Estarían satisfechos con la Religión como materia extraescolar?
–De momento, sí.

–¿Cree que el Ministerio de Educación mantendrá las repeticiones de curso en la ESO?
–Espero que vuelva la evaluación continua. Hay que tener en cuenta que los alumnos maduran a edades diferentes y sabemos que lo que funciona es la diversificación curricular y los grupos flexibles. Pero se necesitarán más medios económicos y humanos y mejorar la preparación de los profesores de Secundaria.

–Si la ministra le concediese un único deseo, ¿que le pediría?
–Que piense en la escuela desde el punto de vista de los niños.

–¿Y eso en que se traduce?
–En más medios. Las leyes no hacen que la escuela mejore, pero el estímulo de las personas sí. Si el dinero sirve para crear proyectos que animen a los maestros, el dinero es preciso. La LOGSE no supo afrontar la formación y el reciclaje de los profesores. Éste es un punto básico.

–¿Es posible un gran pacto por la educación en España?
–Creo que es casi imposible y no lo quiero creer. Hay formas antagónicas de actuar. Para un sector de la patronal, por ejemplo, la educación se concibe como un negocio y quieren hacer negocio. Y los sindicatos actúan en diferentes direcciones. Por otra parte, en España la defensa de lo público no tiene suficiente arraigo. Sólo he ido una vez al Consejo Escolar del Estado y como defensora de la escuela pública me sentí bastante sola.

–Cuando mira hacia los sistemas educativos de los países vecinos, ¿siente envidia?
–Envidio que la educación tenga un apoyo del Estado.

–¿Aquí no?
–No. Hay países donde se da por sentado que la educación es un bien porque cuanto más educados estén los ciudadanos, más participarán en la vida pública. Aquí todavía hay quien ve la educación como una forma de perpetuar un sistema social y unos privilegios.

–¿Cuando alguien le pide que le recomiende una escuela, siempre se inclina por la red pública?
–No, pregunto qué espera de la escuela y después contesto.

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