El otro pulso Gobierno-Iglesia: ¿solidaridad o caridad?

La asistencia social respecto a la crisis aparece como nuevo elemento de confrontación

El aborto, la investigación con células madre, la Educación para la Ciudadanía como materia que colisiona con la moral católica o las vías de financiación son los ejes de la confrontación entre la Conferencia Episcopal y el Gobierno socialista. Existe otro punto importante pero más soterrado. Con la crisis económica la Iglesia reivindica una vez más su papel en la asistencia social e insiste en que el desempleado hipotecado se ha sumado a los usuarios habituales de sus comedores de beneficencia. El Gobierno apela a la solidaridad, a la socialdemocracia y a que los mecanismos de cobertura por desempleo funcionarán. Se trata de un debate crucial a la hora de entender cómo se configura una sociedad respecto a lo que puede afectar a casi todos, el paro y las dificultades económicas, si con caridad individual y voluntariado o con Estado de Bienestar, un aspecto que -este tampoco- parece todavía resuelto en España. Podrían parecer dos vías complementarias, pero los roces se producen y en el programa de Rouco Varela figura con claridad la limitación del papel del Estado y disputarle la red de asistencia social.

Una punto de fricción es el modo de abastecer la caridad, ya que si las donaciones no son suficientes el Estado debe suplir esa falta de generosidad individual. En un editorial del 9 de marzo ensalzando la labor de los voluntarios ante la crisis –se habla de “solidaridad” y no de caridad- pero en el que significativamente se destacaba en primer lugar la labor de la episcopal Cáritas, La Vanguardia advertía de que las ONG están “al borde del colapso” y reclamaba “ayudas” a la Administración.

Los problemas burocráticos
Sólo cuatro días después, el diario se enzarzaba con la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, por “el largo proceso burocrático que sigue el Gobierno para la compra de alimentos para personas necesitadas”, e informaban de que un senador de CiU había interpelado a la socialista sobre este asunto. La proclamaban como una de las caras negativas de la jornada (un semáforo rojo) y le dedicaban un artículo que ya en su titular era toda una declaración de intenciones, Burocracia Espinosa.

¿Agilidad social frente a anquilosamiento estatal?
Como en otros ámbitos, las Administraciones públicas pueden preferir subvencionar algunas ramas de la asistencia en lugar de gestionarlas, una modalidad más de subcontratación, lo cual podrá tener contrapartidas en la eficacia y en la flexibilidad, pero también en la visibilidad. Lo que se vende de cara a los ciudadanos es beneficencia y no solidaridad social vía impuestos.

Asistencia estatal a la asistencia caritativa
Con la inauguración de la X para la Iglesia en la declaración de la renta, la Conferencia Episcopal puso en marcha una campaña reivindicando su papel en la asistencia social para conmover a los contribuyentes. Aseguran que con sus acciones en este terreno ahorran “varios miles de millones de euros” al Estado, aunque reciban de éste cerca de 5.000 millones de euros para financiar colegios concertados, hospitales, residencias y labores caritativas.

El Estado debe limitarse al “orden público”
A pesar de esta dependencia o quizá precisamente por ella, el discurso de la Iglesia es excluyente y se permite disputarle al Estado algunas competencias. Hace unos meses, poco antes de volver a la cabeza del Epicopado, el cardenal arzobispo de Madrid, Rouco Varela, lo expuso con toda claridad en un discurso en el que denunciaba el intento del Estado de excluir a la Iglesia de sectores que había monopolizado tradicionalmente, como la educación, la sanidad y la asistencia social de emergencia. “Nos encontramos con (…) un Estado que interviene prácticamente en todos los órdenes de la vida. A este fenómeno añadimos un sistema fiscal extraordinariamente absorbente, que apenas deja resquicios económicos para una disposición más libre de sus ingresos por parte de los ciudadanos. […] Las competencias propias y específicas del Estado en el radio de la vida social (…) se deben ceñir al mantenimiento y garantía del justo orden público”, mantiene Rouco.

Cómodos con la beneficencia
Aunque apoyen las medidas ultraliberales que han demostrado su fracaso con la crisis, -en línea con el capitalismo compasivo de Bush- en la Iglesia no hay contradicción entre apoyar políticas empobrecedoras y acudir presta a socorrer a los desfavorecidos, la existencia de necesitados forma parte de sus pilares. Para recibir su ayuda sólo se necesita pagar cierto precio en “humillación”. Mientras personaliza y culpa de la crisis económica al presidente Zapatero, en la COPE promocionan sus comedores sociales con lemas como éste que figura en su web: “La crisis es hambre. Y lágrimas a escondidas. Es humillación y es impotencia. Pero, ¿quién dice que sea malo descubrir la otra cara de la realidad? Es duro, sí. Pero también gratificante”.

Sin embargo el Gobierno, al que otras polémicas con la Iglesia parecen fortalecer, enarbola la socialdemocracia pero no puede ni reconocer el escaso margen que tiene para actuar en economía ni las limitaciones de nuestro Estado de Bienestar, ya que participó de la creencia de que los recursos de la supuesta bonanza económica servirían de parapeto.

Las empresas pueden rentabilizar la caridad…
Desde otro diario de ascendencia religiosa, La Gaceta de las Negocios, una profesora de economía celebraba este jueves la puesta en marcha del marketing de crisis, es decir, la de incluir ciertas ventajas a los consumidores que están atravesando más dificultades, como el menú anticrisis de una cadena de restaurantes. “No creo que las empresas se hayan convertido en hermanitas de la caridad, que ese papel ya lo desempeñan Cáritas, la Iglesia y otras muchas instituciones”, aseguraba la columnista, “las empresas tienen que cumplir el papel para el que se crearon que no es otro que maximizar beneficios (…) [estas campañas buscan] atraer no sólo a las personas con dificultades, sino a aquellas otras que se solidarizan con las que sufren comprando también los productos o servicios de las empresas buenas”.

… y el Gobierno no puede hacer nada
A pesar de los onerosos rescates públicos de empresas privadas, el objetivo final de este artículo era negar a los gobiernos la capacidad de actuar en economía y obviar que buena parte de la deuda naciente se debe a la actual subvención del capitalismo, relacionando el gasto público con las ayudas sociales. “Este tipo de estrategias en las que son las empresas las que se juegan los cuartos devuelven la ilusión al saber que hay manera distintas de hacer frente a la situación sin que tenga que tirarse de un aumento de gasto público con el correspondiente coste para las generaciones venideras”, concluía.

Políticos apoyando el voluntariado
Las Administraciones públicas pueden fomentar uno u otro modelo, asumir su responsabilidad o delegar la labor social, aunque esto ponga en entredicho su propia utilidad como políticos. Algunos se muestran especialmente dispuestos a la caridad. Desde la COPE y cuando la recesión empezaba a traducirse en dificultades reales para parte de la población, un locutor preguntó a Esperanza Aguirre la razón por la que “algunos políticos se empeñan” en dificultar con "burocracia" la labor de la “sociedad”, entendida ésta cómo un ámbito ajeno al Estado. La presidenta aclaró que no se trataba de su caso, que la CAM “confía plenamente en el voluntariado” y dispone de una dirección general para “reclutarlos”, “distribuirlos” y “en algunos casos” formarlos. El Ayuntamiento popular de Móstoles ha inaugurado un comedor para desempleados –previa acreditación de precariedad- a través de una institución religiosa de la localidad. El regidor, Esteban Parro, ha solicitado la ayuda de los vecinos porque a mediados de abril acaba el contrato de catering municipal con el que se puso en marcha el comedor, según recogía extensamente ABC.

¿Y la responsabilidad individual ?
Los mismos medios que cuestionaron el derecho de los inmigrantes a legalizar su situación en España y a contar por tanto con derechos laborales y prestaciones, ahora insisten en que los extranjeros abundan en los comedores sociales religiosos. El debate sobre las ayudas, ya sean estatales, eclesiales o privadas, tampoco puede ocultar otro asunto clave, el de la responsabilidad individual, aunque dificultado por la negativa de muchas de las empresas en problema a aceptar sus propios errores. El Mundo publicaba también este viernes su reportaje sobre comedores religiosos de beneficencia y la llegada de usuarios procedentes del nuevo desempleo. Lo relacionaban con el caso de un durante 20 años vendedor de pisos que ahora recurre a la venta de pañuelos acompañado de un cártel en el que denuncia que lleva 20 meses en el paro y ya no cobra subsidio, lo que resume irónicamente como “las promesas de ZP”. Ahora no tiene nada, y cuando le preguntan por lo que hizo en los tiempos de bonanza inmobiliaria responde -“no sin hilo de arrepentimiento” cuenta el diario- que “hacía lo que todos, gastaba el dinero según entraba”.

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