El laicismo y la libertad de conciencia

Por cierto que uno de los avances muy importantes de la humanidad, dentro de la evolución del pensamiento y de las libertades, es la libertad de conciencia, cuando el ser humano tiene el derecho de pensar, expresarse y adscribirse a cualquier corriente religiosa sin que ello signifique condena de ninguna naturaleza.

En Bolivia, con la última Constitución Política, se ha declarado al Estado como laico, es decir que garantiza y respeta la práctica de las religiones, sin adscribirse a ninguna de ellas en forma oficial, como sucedía en tiempos anteriores, cuando la religión católica era la oficial. La separación entre Estado e Iglesia, no es una práctica reciente en nuestra Nación, por cuanto la misma fue adoptada en los gobiernos liberales de principios del siglo pasado, sin que ello signifique anticlericalismo o ateísmo, sino, simplemente, el dejar que cada ciudadano tenga el derecho a escoger la espiritualidad que considere en su desarrollo personal. El Estado laico, proviene de la lucha de la humanidad en contra del despotismo y del fanatismo religioso que imperó durante los siglos del oscurantismo, cuando surgió el humanismo en el siglo de las Luces, tiempo en el que se acentuó la tendencia al librepensamiento, o sea al pensamiento sin dogmas ni supersticiones. Pero ese aconfesionismo estatal, también debería ir acompañado con lo que estatuye la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que garantiza la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, en una continuidad del humanismo, en la concepción que nos da la trilogía que abanderó la revolución francesa de Libertad, Fraternidad e Igualdad. Especialmente en este tiempo en el que en gran parte del occidente, por no decir en su totalidad, la democracia es un reflejo claro de ese laicismo, que no radica sólo en las confesiones religiosas, sino que también tendrían que serlo en lo que se refiere a las inclinaciones políticas de cada ciudadano, las mismas que también deberían ser respetadas, con la tolerancia necesaria por parte del poder. Lo reiteramos el laicismo de ninguna manera es un signo de anticlericalismo o de combate a las religiones, sino una apertura a la práctica de la libertad de conciencia, lo que se desvirtúa cuando alguien menciona que todos los ciudadanos deben pertenecer a determinadas religiones u organizaciones políticas, sin derecho a discrepar. El concepto de "Estado laico", opuesto al de "Estado confesional", surgió históricamente de la Separación Iglesia-Estado que tuvo lugar en Francia a finales del siglo XIX, aunque la separación entre las instituciones del estado y las iglesias u organizaciones religiosas se ha producido, en mayor o menor medida, en otros momentos y lugares, normalmente vinculada a la Ilustración y a la Revolución liberal.

Estado laico personas libres

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