El Laicismo como garantía de convivencia democrática

Recientemente leí una nota en Milenio http://www.milenio.com/node/622066, como referencia la nota señalaba que el gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, no descartó la posibilidad de implementar educación religiosa en las escuelas públicas del estado luego de que lo propusiera el arzobispado de León. Me interesa resaltar que veo con tristeza y cierto enojo que los mexicanos hemos dejado de lado el sentido de tantas luchashistóricas. Entedemos que somos una pluridalidad de idesosincracias y creencias que lejos de dividirnos nos enriquece. La sola idea de “pretender” incorporar educación religiosa resulta contraria a la esencia política y fundamental de la reforma y refleja una profunda desintegración social y de nuestra identidad nacional. Independientemente que contraviene la Constitución federal en su artículo 3ero.

Recién celebramos Bicentenario y Centenario de la Independencia y Revolución respectivamente. Tenemos una percepción que nuestra historia quedó atrás. Da la impresión que a no hay nada que escribir como proyecto histórico. Quisiera entender que la causa de ello es porque los sistemas oficiales nos han borrado la esencia fundamental, no sólo de las luchas Centenarias, sino de un proceso histórico integral. Nuestra historia Nacional del Siglo XIX se resume en cuatro hojas y con eso entienden nuestros hijos que pasó en esas fechas.

Para no apartarme del artículo, considero que si la causa a combatir es la falta de valores, más que educación religiosa, debemos retomar el sendero EFECTIVO del civismo y de la ética al ser fuentes objetivas, mientras que la moral y la religión son aspectos subjetivos muy particulares en su ejercicio y que son adoptadas por convicción y deben ser respetadas por ley. Una cosa queda clara, nunca la sociedad ha estado tan manipulada, cerrada y dispersa como ahora. El civismo ha fallado, la ética resulta tan leve y dispersa que contraría incluso el sentido común. Regresar a la manipulación eclesial sea la denominación que sea, sería una Regresión e Ingratitud Histórica inaceptable y de consecuencias que agravarían la tensa situación Social. Cito a un Guanajuatense ilustre José María Luis Mora: “De la enseñanza clerical en la cátedra libre y pública  acaba  por no hacer ni ciudadanos ni cristianos.”

No es desvío de ociosidad, ni vana alerta, pues  la sola pretensión es molesta. Es de tal magnitud la seducción facciosa, que no en balde tomamos una pequeña muestra histórica, pues mientras Felipe II prefería  perder sus estados a gobernar sobre herejes; Enrique IV ganó el trono de Francia gracias al compromiso de tolerancia del Edicto de Nantes y convirtiéndose de protestante en católico –París bien vale una misa-). Por lo que hay que recordar que  la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie, y menos en centro educativos públicos. El propio Concilio Vaticano Segundo, reconoció esa distancia sana entre las cuestiones públicas y las del alma.

El Laicismo garantiza la libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión. El laicismo es distinto del anticlericalismo en cuanto no condena la existencia de dichos valores religiosos.

La laicidad del estado no debe equivale a hostilidad o indiferencia [sic] contra la religión o contra la Iglesia. Mas bien dicha laicidad debería ser compatible con la cooperación con todas las confesiones religiosas dentro de los principios de libertad religiosa y neutralidad del Estado. Así, la base de la cooperación esta en que ejercer la religión es un derecho constitucional y beneficioso para toda la sociedad.

Quien olvida la historia está condenado a repetirla …

“La llama de la vela parpadea.

Tiembla su pequeña fuente de luz.

Aumenta la oscuridad.

Los demonios empiezan a agitarse.” Carl Sagan 

  Elgobernador Oliva y el obispo de Guanajato

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