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El gesto de Marina Ovsyannikova ha roto la maquinaria de propaganda rusa y será un ejemplo

Su gesto de protesta antibélica en directo por televisión ha roto el silencio y desde entonces se multiplican los periodistas que han dimitido o amenazan con hacerlo, cuenta el ex presentador de la tele rusa que dejó de emitirse por la nueva ley contra la prensa.

Marina Ovsyannikova, periodista del Canal Uno de la televisión estatal rusa, fue detenida el lunes tras interrumpir una emisión de noticias en directo con un mensaje antibélico. Más tarde compareció ante un tribunal, que la sancionó con una multa de 30.000 rublos (256 euros) por infringir las leyes sobre protestas. Es probable que tenga que enfrentarse a otros cargos. Sin embargo, en cierta forma ya ha ganado una gran batalla contra la propaganda en Rusia.

Con su gesto ha roto un largo silencio. He oído que, al menos, dos importantes corresponsales, uno del mismo canal que Ovsyannikova y otro de NTV, Zhanna Agalakova y Vadim Glusker, han presentado su dimisión. Una fuente que conozco en VGTRK, el holding de medios de comunicación estatales, me ha explicado que muchos otros profesionales del principal programa de noticias están sopesando la posibilidad de dimitir y que el ambiente es tenso. Muchos afirman que si no tuvieran hipotecas, también se irían.

Otro amigo, que trabajaba en uno de los canales de televisión estatales, me dijo que “se ha cruzado una línea roja”. El momento de la pancarta se ha hecho viral en las redes sociales. El gesto de la periodista ha provocado un sentimiento nuevo para todos aquellos con puestos en empresas progubernamentales y opacas. Creo que ha sido un acontecimiento revolucionario para la televisión en Rusia, parecido a las primeras imágenes en directo de la guerra del Golfo Pérsico en 1991. La acción de Ovsyannikova probablemente pasará a los libros de historia, como la acción radical de Pussy Riot en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú en 2012.

Presentadores robots

El programa en el que protestó, Vremya, es una herencia de la antigua URSS. Es, quizás, el programa de noticias más prestigioso de la televisión rusa. Para millones de personas, ver el principal telediario de la noche, que se emite a las 21:00 horas, es un hábito diario desde hace años, incluso décadas.

En consonancia con sus orígenes soviéticos, ha sido un arma ideológica durante décadas, apuntalando al Gobierno con una cobertura estrictamente pro régimen. No es sutil. Los presentadores parecen robots, o locutores soviéticos o norcoreanos. Solo hay que ver el momento en que Ovsyannikova aparece con su llamativo gesto de protesta. La presentadora Ekaterina Andreeva ni siquiera pestañea. Su reacción no tiene sentido. No estoy seguro de que se vea a sí misma como una propagandista, sino como una persona con una misión. Esto no encajaba. Ella, junto con todos los demás, no supo cómo reaccionar.

Se ha hablado mucho de que la protesta en directo podría ser un montaje. Una disidencia controlada o, de alguna manera, permitida. En mi opinión, se trata de una suposición ridícula, enraizada a su vez en la propaganda del Kremlin, en este caso la idea de que deben controlar cualquier situación que se escape de lo común. Les beneficia que pensemos que se trata de un montaje y que ellos tienen la capacidad de controlarlo todo. Es importante para ellos que no creamos que una mujer puede ir en contra de una enorme maquinaria, que puede romper con el sistema y desafiarlo. Sin embargo, lo cierto es que lo hizo.

No paran de mentir

Solo tres segundos en antena pueden inspirar a la población y darle fuerza. Las consecuencias serán muy desagradables para la gente del Kremlin que controla los medios de comunicación en Rusia. Muchos de ellos dicen que no pasó nada, como si Ovsyannikova nunca hubiera existido. En su nueva novela, Doctor Garin, el gran escritor ruso Vladimir Sorokin retrata a Putin como un personaje que constantemente dice “no soy yo”, negándolo todo. Esa mentira es el puntal central del régimen. Nada malo es culpa suya. Y se supone que nadie debería contradecirlo. Especialmente en los canales que supuestamente controlan.

Lo cierto es que no paran de mentir. Sobre la guerra, sobre las víctimas civiles de los bombardeos en Ucrania, sobre la cifra de muertos en el Ejército ruso. Muchos rusos se han creído esas mentiras, y las han convertido en verdades. La televisión estatal ha desempeñado un papel fundamental. No obstante, la situación ha empezado a cambiar. El sistema tiene ahora una grieta, se rompió por unos segundos. Creemos que podría ser desenmascarado e incluso destruido. Gracias a Marina Ovsyannikova.

* Denis Kataev es un periodista ruso y el presentador de Aquí y Ahora en TV Rain, un canal independiente que dejó de emitir hace dos semanas, tras la aprobación de una ley que prohíbe a los medios de comunicación de Rusia informan a partir de fuentes independientes.

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