El factor religioso

Las tribulaciones sirias van de mal en peor. Los graves incidentes de Yisr al-Shugur, una localidad de pasado islamista del noroeste del país, a apenas 20 kilómetros de Turquía, confirman el deterioro del conflicto que comenzó en Deraa a mediados de marzo. Las informaciones que nos llegan no están contrastadas y por lo tanto hay muchos datos que no se pueden confirmar.

El gobierno ha denunciado la muerte de 120 agentes de las fuerzas de seguridad y policías. Damasco acusa de las muertes a “bandas armadas”, sin aportar ninguna prueba en esa dirección, algo que ya ha hecho en numerosas ocasiones durante los últimos meses. Más creíbles parecen las versiones que indican que los muertos son soldados y policías amotinados porque no quieren disparar contra civiles, y que han sido ejecutados sumariamente por sus compañeros de armas.

Es importante consignar que Yisr al-Shugur es una localidad con población mixta. Hay una mayoría sunní y una minoría alawí. Además, en la región, que no está muy lejos de donde vivió San Simeón el Estilita durante 40 años sobre una columna, y la columna todavía se puede visitar, hay en los alrededores pueblos cristianos. En fin, que estamos ante un polvorín religioso. Las informaciones que hasta ahora hemos recibido desde allí son muy confusas y contradictorias, y nunca hablan desde un punto de vista religioso.

El régimen baazista ha sabido mantener a distancia -en 1982 mediante una brutal matanza- las disensiones religiosas que afloran a menudo en Oriente Próximo. Esto significa que los baazistas han neutralizado con bastante éxito la diferencia entre “ellos” y “nosotros”, un señuelo trágico y artificioso que las religiones comparten con los nacionalismos.

Recordemos lo que pasó en Iraq. Cuando el monstruo fue descabezado, resurgió con virulencia la visión religiosa, y tal vez también nacionalista, del “nosotros” contra “ellos” que causó y causa tantas desgracias en ese país. Y este es un peligro que también ronda abiertamente a Siria.

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